Archivo mensual: agosto 2009

Los cuentos de La Edad de Oro.

José MartíSienten a sus niños
frente a la PC
porque para ellos es este post…
y para todos los que tengan
alma de niño
en algún rincón de sus vidas.

Portada original de la revista La Edad de Oro, reproducida luego en muchas ediciones del libro.Había una vez un hombre llamado José Martí. Él era periodista, pero no uno cualquiera: Martí era un periodista excepcional. Por eso aceptó la propuesta de escribir íntegramente una revista mensual  para los niños de América: La Edad de Oro.

“Entro en esta empresa con mucha fe, y como cosa seria y útil a la que la humildad de la forma no quita cierta importancia de pensamiento”.

A pesar de su consagración a ella, de La Edad de Oro solo se publicaron cuatro números. Eso fue en New York, en 1889. Diez años después de  caer en combate José Martí en tierras cubanas, es que se edita La Edad de Oro en un solo volumen, como un libro.

No hay cubano que no haya leído este libro hermoso. Sus poesías, cuentos, historias, leyendas, biografías… tocados todos por la pluma genial del Maestro, son lectura apasionante.

Hoy solo hablaré de los cuentos, que son seis: Meñique, El Camarón encantado, Los Dos ruiseñores, que son adaptaciones en los que aflora el inconfundible estilo martiano y los otros tres,  fruto de su imaginación: Nené traviesa, Bebé y el Señor Don Pomposo y La Muñeca negra.

Para que los busquen, para que los conozcan,  para que los disfruten, para que los incorporen a sus vidas,  Mi Librería les regala un pedacito de estos  últimos preciosos cuentos:

Ilustración original del cuento Nené Traviesa. NENE TRAVIESA (fragmento)
Esa noche que hablaron de las estrellas trajo el papá de Nené un libro muy grande: ¡oh, cómo pesaba el libro: Nené lo quiso cargar, y se cayó con el libro encima, no se le veía más que la cabecita rubia de un lado y los zapaticos negros del otro. Su papá vino corriendo y la sacó de debajo del libro, y se rió mucho de Nené, que  no tenía seis años todavía y quería cargar un libro de cien años.

La Muñeca negra, de José MartíLA MUÑECA NEGRA(fragm.)
Hoy el padre no trabajó mucho, porque tuvo que ir a una tienda: ¿a qué iría el padre a una tienda?: y dicen que por la puerta de atrás entró una caja grande: ¿qué vendrá en la caja? ¡a saber lo que vendrá!: mañana hace ocho años que nació Piedad… Piedad no sabía, no sabía.

La Edad de OroBEBE Y EL SEÑOR DON POMPOSO(fragm)
Bebé levanta la cabecita poco a poco. Raúl está dormido… Bebé se escurre de la cama, va al tocador en la punta de los pies, levanta el sable despacio, para que no haga ruido…y ¿qué hace, qué hace Bebé? ¡va riéndose, va riéndose el pícaro! Hasta que llega a la cama de Raúl y le pone el sable dorado en la almohada.

Recuerden bien: cuando tengan el libro, léanlo despacio, con calma, saboreando cada palabra.

“porque con los cuentos se ha de hacer lo que decía Chichá, la niña bonita de Guatemala:

- ¿Chichá, por qué te comes esa aceituna tan despacito?

- Porque me gusta mucho.”

Creo que a cualquier educador le gustaría tener un marcador como este.

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El Conde de Montecristo… ¿existió?

¿Qué es la historia?
Pues un clavo en el que cuelgo mis cuadros.
A. Dumas

Leí  El Conde de Montecristo  cuando era adolescente. Bueno, como casi todo el mundo lector. Desde ese día, esta novela de Alejandro Dumas estuvo en el podio de mis libros favoritos, cosa que la televisión y el cine  se encargaron de consolidar.

Me atrapó con su telaraña de personajes y conflictos, con el misterio del castillo de If, con la soñada isla de Montecristo y aunque muy dentro de mí sabía que la venganza no es la mejor de las opciones, terminé seducida a los pies de Edmundo Dantés.

Ni sospechaba que todo aquel maravilloso mundo narrativo había tenido su génesis  en hechos reales.

En 1807 vivía en París un joven zapatero llamado Francisco Picaud. Este pobre diablo, bien parecido e industrioso, estaba a punto de casarse… Así comienza la historia real, una crónica policial, escrita por un tal Jaobo Peuchet en sus Memorias sacadas de los archivos de la policía de París. Dumas extrajo de ahí un capítulo llamado El Brillante de la venganza… y lo que hizo con él,  quedó en la historia de la literatura universal.

Castillo de If, prisión de Edmundo Dantés

Francisco Picaud fue víctima de una broma de sus amigos durante unos carnavales, lo que le impidió la boda y lo hizo ir a la cárcel, donde estuvo durante siete años. Allí un prelado italiano, moribundo legó sus bienes y en particular un tesoro escondido en Milán, que Picaud logra encontrar a su salida. Un tal Antonio Allud, de Nines, le cuenta toda la broma de antaño a cambio de un brillante y empieza la venganza. Transformándose físicamente el antiguo zapatero mata a sus ex amigos. Solo al final, el mismo Allud, arrepentido lo asesina  y huye a Inglaterra. En 1828, gravemente enfermo, llama a un cura y detalla lo sucedido, permitiéndole comunicar estos hechos a la justicia, después de su muerte. Y ahí la encontró Dumas.

Alejandro DumasTal como estaba, El Brillante de la venganza era pura tontería. Sin embargo, no era menos cierto que en el interior de la ostra había una perla. Perla informe, perla en bruto, perla sin ningún valor y que esperaba por su lapidario.”
A.Dumas.

Son muchos los puntos de contacto entre la historia real y la extensa novela del francés, pero de aquellas, nadie tuvo el más mínimo recuerdo de su existencia.

Pero cuando Alejandro Dumas puso su mano sobre la perla, le incorporó su imaginación fantástica y empezó a crear magistralmente las miles de situaciones e intrigas que se entretejen en la novela y la convierten en una obra inmortal.

En el prólogo de la edición cubana no se habla nada de esto,  por eso creo que muchos por acá pensarán que todo salió de la poderosa imaginación del autor. De todas formas, nada le quita el mérito a este  maestro de la aventura y el suspense, solo él hizo que llegara a la posteridad. 

Fernando Mondego, Mercedes de Morcef, Villefort, el abate Faría, Danglars, Edmundo Dantés… todos existieron en la vida real con otros nombres, pero nunca fueron tan maravillosos como cuando Alejandro Dumas los convirtió en letra impresa y elevó sus vidas alrededor de la fantástica novela El Conde de Montecristo.

Edmundo Dantés y el abate Faría.

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De Madrid a La Habana

Imágenes de Balovega, Yoel Almaguer y AD.  en Mi Librería

Un agosto para mi historia.

Ha llegado Balovega a Mi Librería, ya nos conocíamos por este mundo bloguero y  ahora la vida nos pone en el mismo camino.

Ella había estado en Cuba varias veces:  está casada con ese otro bloguero que se llama Yoel  Almaguer y que es diseñador gráfico, por eso tiene una página tan especial.

Como esperábamos, no hemos parado de hablar. He ido a verla recién llegada, nos hemos sentado en una cafetería… ¡y he regresado a mi casa a las 5 de la madrugada!.  Al otro día, ellos vinieron por aquí y he podido tomar algunas fotografías para compartir en mi blog. 

 Estábamos alegres del encuentro, de la afinidad, de la nueva amistad y eso es lo que pretendo transmitir, recordando una frase célebre de Juvenal:

Nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo

Estoy tan feliz, que imagino poco a poco poder conocer a todos los que se han acercado a Mi Librería y se han convertido en amigos. Aquí no solo encontrarán libros, también hay cariño, buen humor, mucha conversación y una tacita de café…

¿Quién es el próximo?

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¿A dónde me lleva ese olor?

Llegaré a París mañana por la noche.
No te laves.
Carta de Napoleón a Josefina.
 
Foto de Melia Milita

Cada vez que entro en un gimnasio me asalta su olor característico. No sé describirlo, pero sé a donde me lleva en la memoria: a las horas de entrenamiento que sudé en ellos cuando era niña.

El olor transporta a momentos vividos en el pasado. A todos nos ha ocurrido esta experiencia. El olfato es el más subjetivo y enigmático de los sentidos: misterioso y excitante, puede sorprendernos donde menos se espera… y entonces, es capaz de abrir una ventana que creíamos cerrada para siempre.

Nunca imaginé que este fenómeno guardara una relación directa con la literatura. Pues sí, la hay. Los psicólogos decidieron llamar a este atributo fisiológico del olfato EFECTO PROUST, en honor a este reconocido escritor francés, Marcel Proust, que recreó una situación olfativa en una de las más conocidas novelas de la literatura contemporánea: En busca del tiempo perdido.

En busca del tiempo perdido. Marcel Proust En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba…la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo… así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té. 

Muchos olores son atrapados en la memoria : a libros viejos, a tierra mojada, a madera, a mar, a pan caliente, a piel de bebé. Sin embargo, no es frecuente encontrar descripciones de olores en la literatura. Creo que es un sentido que tiende a sugerirse, queda para la imaginación del lector, imperceptiblemente le ponemos olor a las situaciones. 

El olor es un sentido para la novela, digo yo. El cuento, en su afán de síntesis, apenas lo sugiere. Creo que quienes más caso le hacen son los poetas. ¿Quién no se ha leído a estas alturas El Perfume de Patrick Süskind?  Otra estremecedora novela que recurre muchísimo a descripciones olfativas es Los Desnudos y los muertos, de Norman Mailer.  

Recomendación de Mi Librería

Recomendación de Mi Librería

Andaban afanosamente unos pocos metros y se paraban. En la oscuridad, ni la distancia ni el tiempo tenían sentido. Ya no tenían calor; se estremecían y temblaban en la noche húmeda y todo a su alrededor  estaba empapado y hecho papilla; hedían pero no ya con olores animales; sus ropas estaban endurecidas con la basura del barro de la selva, y un olor frío, pútrido y húmedo, algo entre hojas marchitas y excrementos, les llenaba las narices. Sólo sabían que debían continuar avanzando, y marcaban el tiempo con las contracciones de la náusea. 

 

 A diferencia de los animales, los hombres confiamos más en lo que leemos, en lo que vemos, en lo que tocamos y no en los aromas que nos rodean. Pero sabemos del efecto seductor de los olores, de su carácter personal, inconfundible, tan exclusivo como las huellas dactilares. Entonces, ¿valdría la pena prestarle más atención? 

Y mañana, cuando les falte el canto de la alondra,
o el perfume de la rosa
se acordarán que hubo una flor
y que hubo un pájaro.

Poema CXIV
Dulce María Loynaz

Película El perfume

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