Desde la cocina:mermelada de guayaba.

Es más dulce que la pera
y como ella perfumada:
pálida y suave por fuera,
por dentro dulcirrosada.

Poesía infantil
del libro Paloma del viento libre.
Adolfo Menéndez Alberdi

Guardo con mucho celo la edición que la Editorial Planeta Mexicana le hizo, en 1990, a la novela de Laura Esquivel, Como agua para chocolate, porque en su portadilla tiene una dedicatoria que mi prima Maggie me escribió a finales del siglo XX. La novela es divertida e ingeniosa, y aunque no logre atrapar a todos los lectores, al menos tuvo garantizados a los que adoramos el arte culinario.

Otra que incursionó en ese género fue la reconocida Isabel Allende, que lanzó su Afrodita, libro lleno de cuentos, poemas y recetas afrodisíacas, entre unas cuantas divagaciones personales, como para decirnos que ella sabía de todo un poco. Y aunque me sigo quedando con La Casa de los espíritus, no está de más releer alguna  receta que nos deleitara con la buena letra de la chilena.

Hay una habanera, médico de profesión, pero tan hija de escritores que terminó “cazando ratones”, llamada  Laidi Fernández de Juan   y escribe unos cuentos para recordar. En uno de ellos, Ciudad inmunda, nos regala como quien no quiere la cosa, un montón de recetas, confirmando una vez más que se puede hacer buena literatura al calor de una cocina.

De todo esto ha pasado un año, y sé que debe estar al sonar el teléfono. Para hoy, te he preparado tocinillo del cielo. Primero hice la masa de harina (bien tamizada con el colador y bien a la medida) y le eché tres gotas de limón. Luego la emborraché con esencia de anís. Al mismo tiempo preparé flan de mantecado en la olla de teflón…Cuando la masa estuvo lista, la separé en dos capas y le introduje el flan dentro. Cuando me llames para que te desee feliz cumpleaños… me iré comiendo tajada a tajada este tocinillo del cielo, igual a como hice hace dos años cuando devoré entero el arroz con leche y canela y como el cumpleaños pasado, en que le tocó el turno al flan de calabazas con vino seco que hice, como siempre, en tu honor.

Traigo el tema a Mi Librería porque en el blog de  fiesta en la cocina  causó un poco de intriga cuando mencioné a la dulce y olorosa guayaba en unas deliciosas empanaditas.

Ya Gabriel García Márquez, había tomado la tropical fruta para el título de un libro singular, El Olor de la guayaba. No lo he leido, así que los dejo opinar. Y  he visto que los mexicanos la usan mucho, pero no creo que nadie como  los cubanos le saquen el máximo a esta fruta   que se destaca fundamentalmente por su olor delicioso y fortísimo, característica que le ha servido para ganarse el epíteto de “chismosa”.

Pues bien, como Mi Librería no quiere quedarse atrás en eso de cocinar letras, se nos ocurrió presentarles esta cubanísima receta… a mi manera. Así, si no pueden hacerla en sus casas, al menos se llevan el sabor de una lectura amena.

MERMELADA DE GUAYABA:

Todas llegan orgullosas con su coronita negra, creyéndose dueñas y señoras del campo. Para que no te seduzcan y caigas en la tentación de la mordida salvaje, lo primero que hay que hacer es darles un buen baño para bajarles los humos y despojarlas de ese atributo falso que se agenciaron sin derecho, pues ya lo tenía la piña de antemano.
Luego se necesitan dos pellizcos de algodón para nuestros oídos: las guayabas emiten un finísimo chillido cuando se les parte a la mitad y si lo escuchas pudiera ser fatal, te pondrías a pensar en cómo se separan para siempre y en la remota posibilidad de volverse a encontrar cuando, en el próximo paso, las revuelvas durante una hora en una gran cazuela con agua a fuego mediano. Parece cruel, pero no hay alternativas.
Cuando han perdido toda su vanidad, las guayabas usan un mecanismo infalible para perdurar: el olor. A estas alturas del proceso, todos tus vecinos en diez kilómetros a la redonda saben lo que estás preparando en este preciso instante. Y vendrán, claro que vendrán, en eso no transigen, incluso cuando destapes el último frasco de conserva el olor seguirá flotando en el barrio dos o tres semanas.
Entra en escena la batidora, que tiene la delicada misión de convertir a las pseudorreinas en pulpa colorada y espesa. Pero es generosa la batidora mía, le apena acabar con las semillas por miedo a abolir la multiplicación de la especie. Entonces me obliga a usar un colador y una cuchara de madera (dicen que son alérgicas al metal) para apartar las semillitas, tan embarradas con los restos de sus progenitoras, que puedo hacer un refresco con ellas, pero ahora no, porque voy a verter la pulpa de nuevo en la cazuela y debo agregarle la misma cantidad de azúcar, medida que recomiendo calcular a ojo de buen cubero, medidor reconocido internacionalmente y que nunca falla.
Y mientras pasa el tiempo, la pulpa se vuelve pura sangre, y se endulza, y se espesa, y se envanece, y vuelve a sonreirnos desde el fondo de la cazuela con hermosas burbujas de fuego, desparramando olor y sabrosura por sus bordes, para decirnos que ya está lista y para dejarnos, después de tanto esfuerzo, una vez más… rendidos a sus pies.

 

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27 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LITERATURA UNIVERSAL

27 Respuestas a “Desde la cocina:mermelada de guayaba.

  1. R.

    PAM: -Greene te enseñó también algunas cosas. Lo hemos hablado alguna vez.

    GGM: -Sí, Graham Greene me enseñó nada menos que a descifrar el trópico. A uno le cuesta mucho trabajo separar los elementos esenciales para hacer una síntesis poética en un ambiente que conoce demasiado, porque sabe tanto que no sabe por dónde empezar, y tiene tanto que decir que al final no sabe nada. Ese era mi problema con el trópico. Yo había leído con mucho interés a Cristóbal Colón, a Pigafetta y a los cronistas de Indias, que tenían una visión original, y había leído a Salgari y a Conrad y a los tropicalistas latinoamericanos de principios del siglo que tenían los espejuelos del modernismo, y a muchos otros, y encontraba una distancia muy grande entre su visión y la realidad. Algunos incurrían en enumeraciones que paradójicamente cuanto más se alargaban más limitaban su visión. Otros, ya lo sabemos, sucumbían a la hecatombe retórica. Graham Greene resolvió ese problema literario de un modo muy certero: con unos pocos elementos dispersos, pero unidos por una coherencia subjetiva muy sutil y real. Con ese método se puede reducir todo el enigma del trópico a la fragancia de una guayaba podrida.

    El olor de la guayaba (1982)
    Gabriel García Márquez
    Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza

  2. ¡¡¡Qué ricoooo!!! Lástima que en Buenos Aires no hay guayabas. Me dieron muchas ganas de probarlas (y de olerlas!).

  3. adelita137

    Lo siento R. pero no me gustó la metáfora de GGM.

    Libros: tal vez, algún día, te llegues a casa y la pruebes, quién sabe, eh?

    AD

  4. Querida Adela:
    Me pregunto por qué razón no puedo poner el enlace de tu blog en mis tejados. No sé qué pasa que no lo reconoce.

  5. adelita137

    No importa, lo bueno es que vuelvo a verte por aquí, hacía tiempo estábamos un poco “desconectadas” y eso que valoro mucho la literatura que haces, así que ahora mismo voy corriendo para tu blog a leerlo completo. Ya se acerca la feria del libro de la Habana, ¿no vienes? Recuerdo que el año pasado encontré un libro tuyo, fabuloso, que aún conservo en espera de que algún día la autora me lo autografíe, jeje. ¿Será?

  6. Hola mi niña… uff.. que rica, este verano pasado, una prima nos hizo mermelada de guayaba y nos la envaso para que nos la pudiéramos traer a Madrid, nos ha durado unos cuanto meses, y estaba deliciosa.

    No tenía idea de como se hacía, pero si por estos lares la encuentro, no dudes que la haré en cuanto pueda.

    Besotes miles para ti y los tuyos, cuídense mucho… y feliz semana

  7. ¡Qué cosa más rica! En todos los aspectos, porque si me han gustado las fotos, el texto me ha encantado, de verdad.
    Yo digo cosas como que hay que domesticar las verduras cuando se ponen al fuego, pero no soy capaz de tanta poesía.

    Precioso, de verdad.

  8. Aquí en mi tierra hay muchas guayabas, pero ¿lo crees que a mi ni el olor de ellas me gusta? mi suegra vive a dos casas y mis hijos van y comen guayabas allá (en casa no hay por lo que te digo del olor) y llegan y bueno ¡los mando a bañar!
    Es un perfume demasiado fuerte para mí. Pero dice mi charro negro que mi problema es que tengo el olfato de un sabueso…demasiado desarrollado para mi propio bien. (Y tiene razón)
    Aquí en méxico hacen un postre que se llama guayabate, y ese si me lo puedo comer ;)

  9. Tu mermelada se ve exquisita, le voy a pasar la receta a mi suegra inmediatamente, porque a todos los demás, les encantan las guayabas (hijos y charro negro incluído)

  10. salamandra

    Para mi la mejor receta de mermelada de guayaba la tiene mi hermana Nena, la querida tia Adela, la mama de Ade, que ha endulzado la vida de su familia y de la mia con sus recetas maravillosas de cuanta fruta se le pone delante.
    Para ella todo nuestro AMOR.
    Kiki

  11. adelita137

    Balo: si probaste la mermelada pues bien sabes de qué estoy hablando, jeje. A mí me gusta comerla con queso amarillo… uf, que no me oigan los franceses…

    Loque: son ellas las que inspiran, no pude resistirme.

    Ale: No puedo creer que no te guste el olor de la guayaba… ¿estaremos hablando de la misma, la misma especie, la misma raza, la misma marca, la mismísima guayaba? Tu charro negro tiene razón y por lo que veo… ¡paciencia también! jaja.

    Kiki: acabas de descubrirme ante el mundo, seguramente todos pensaron que la hacedora de mermelada era yo misma, cuando en realidad no soy más que una ayudante-consumidora. ¡Qué barbaridad!

    ¿Será que Azote no ha visto que puse pseudoreinas con una sola R? ¿La dejo así hasta que me descubra?…

  12. No me gusta demasiado Isabel Allende, pero me encantó Afrodita. Y “Como agua para chocolate” es una novela mágica. Por otro lado, como buena descendiente de cubanos, adoro las guayabas (que mis padres tienen plantadas en el jardín) y, la verdad, las devoramos tan rápidamente que no creo que me den para hacer mermelada, pero tiene muy buena pinta la receta. Un besito.

  13. Isi

    Estoy alucinada con el texto de la receta, que dan ganas de ponerse a hacerlo ahora mismo… si se diera el caso de haber guayabas aquí, claro. Aunque Ale me ha asustado un poco con eso del olor; no me lo puedo ni imaginar.

  14. Un texto delicioso, Ade. Una receta con mucha magia, se me hace agua la boca leyendo y nunca en mi vida vi ni probé una guayaba :D
    Espero probarla algún día.
    Un abrazo.

  15. Hola Ade
    qué cuidada entrada nos ofreces, me encanta lo de cocinar letras , algunos de los libros que mencionas como el de Esquivel, Allende los recuerdo con gula…
    Acabo de descubrir que yo tampoco he leído “El Olor de la guayaba”, y presumía de leer todo de Gabo… también los ensayos o entrevistas, como este título, gracias ;-)
    Olor, sabores, colores, texturas, esto es un post para los 5 sentidos, si señor, y nos encanta hacer mermelada, los guisantes a buscar guayaba ya!
    Como me gusta haber aprendido que la llaman “chismosa”
    un abrazo ;-)

  16. En Madrid se pueden comprar guayabas (creo), hombre yo entiendo que no es cuestión de llevarse 2 kilos en la maleta, pero a lo mejor para probarlas…

  17. adelita137

    Dra. Jomeini: ¿que eres descendiente de cubanos?¿cómo es eso? necesito saber más…al fin alguien que conoce las guayabas y que las tienes en casa! Vas a tener que invitar a los otros.

    Isi: No le hagas caso a Ale, creo que es la única persona del mundo que no le gusta el olor de la guayaba ¡y tenía que ser mi amiga! Ya ves que la DraJomeini tiene guayabas en su casa… pues a visitarla

    Martin: Lo tuyo si fue una sorpresa, no sé por qué me imaginaba que estando “del lado de acá” ya eras conocedor de la guayaba… cuando vengas a mi casa (que es cuando quieras) las probarás, ok?

    Maribel: Estoy segura que en algún lugar vas a encontrarlas… me alegro que te haya gustado la entrada.

    Loque: pues da la dirección, que cuando las prueben sí se van a llevar los dos kilos, jje.

  18. Isi: la guayaba no tiene un olor feo, es sólo un olor que para mi olfato (que está superdesarrollado) es agresivo. Pero no porque huela feo sino porque es extremadamente dulzón. Lo mismo me pasa con los perfumes que son dulces…a mi me dan dolor de cabeza.

    Ade: tienes razón. Mi charro negro es un hombre muy paciente sino ¿cómo podría conmigo? ;) ya les he pasado la receta de la mermelada a mis suegras y a varias amigas. Te contaré lo que me digan de ella. Aquí es muy común también Ade, el agua fresca de guayaba ¿la has probado? (hacemos agua fresca de todas las frutas, y algunas las mezclamos con perejil, con verdolagas, y otras hojas verdes)

  19. Mi abuelo era cubano. Sí, sí. Pero es que los canarios somos muchos descendientes de cubanos o venezolanos, así que aquí la guayaba es algo corriente (lo que no quita lo extraordinario de su sabor)

  20. adelita137

    Tu abuelo cubano y mi abuela canaria, jeje. Cuidadito no indaguemos mucho que va y somos primas lejanas, dí tú.

  21. jajajajaja, el mundo es muy chiquitito…

  22. Eva

    Pues por aquí… guayabas pocas, la verdad. ;(

  23. ma. del rosario asantoyo

    me encantó la forma de explicar la receta, pareciera de un apasionado en verdad de la cocina y supongo que a sí es….

  24. adelita137

    Gracias… y sí, me encanta la cocina, debería dedicarle más tiempo. Gracias por llegar a mi “casa”.
    AD.

  25. Pingback: Libros de chocolate |

  26. Laura Avila

    Hola:me encanta la poesia y buscando recetas para hacer mermelada de guayaba me encontre con este blog y quede super encantada de ver como describes paso a paso y da manera sutil y detallada tu receta.En casa de mis padres siempre hubo arboles de guayabas tan solo con salir de la puerta de la cocina al patio las podias encontrar tan deliciosas ellas llamandote con su caracteristico olor como diciendote ven que aqui estoy ,pero curiosamente jamas las hicimos mermelada,solo que ahora me encuentro muy lejos de ellos y son muy dificil de encontrar y por eso las pocas que puedo conseguir quiero hacer que me duren mas y de que manera:haciendolas mermelada. .

  27. Me diverti mucho con los comentarios, acerca de las guayabas y también me gusto la receta aunque no se cantidades, vaya no las vi en hora buena.

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