Archivo de la categoría: LIBROS PREFERIDOS

Dos invitaciones de Mi Librería

 

A la primera pueden ir tal como estén vestidos en este momento, quizás con un short y una camiseta si pasan los días en una isla tropical como la mía. Además, es bien cerca, no necesitarán transporte, ni dinero, ni guías, ni siquiera tendrán que cruzar a la acera de enfrente. Porque los estoy invitando a la nueva sección de Mi Librería, solo tienen que subir el mouse… anjá, ahí mismo a la derecha… donde dice PARA NIÑOS… ¡eso!… vayan abriéndola en otra ventana mientras les cuento que esa nueva página es para todos los que tengan niños en casa y para los que tengan alma de niño, porque es una selección, aún incompleta, de poesías infantiles cubanas, con las cuales he trabajado y me he divertido mucho. Lo hice teniendo en cuenta la poca difusión que tienen en otros países, y como mis lectores no se pueden quedar atrás, pues que nadie les haga el cuento: ahí tienen buena poesía infantil, impriman las que más les gusten y se las regalan a sus niños de mi parte.  Ahí quedarán para siempre en esa página traviesa que se ha colado en mi blog… para cuando la necesiten.

La segunda invitación ya es más formal. Aquí sí tendrán que cambiarse de ropas, smoking está bien,  tomar un ómnibus los del lado de allá o un avión los del lado de acá. Los invito al fogón de la Dra. Jomeini, porque el pasado domingo, tuvo la gentileza de darme un espacio de su blog para escribir sobre libros y cocina. Y hasta allá llevé a Leonardo Padura, el cubano cuyos libros todos persiguen porque tienen de todo un poco… ¡y más!. Como no quiero repetirme, no les cuento nada, aquí tienen el ticket de entrada… ¡que lo disfruten!

¿La pasaron bien?

18 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA CUBANA, LITERATURA INFANTIL

La Biblioteca afectiva

 Hay libros que no aparecen en antologías, ni sus autores logran éxito publicitario, ni serán recordados por generaciones. Hay otros que son objeto de estudio, que marcan estilos y vanguardias. Pero la Biblioteca afectiva, TU biblioteca, no entiende de criterios ajenos, ni escucha recomendaciones, ni olvida aquel librito que te enseñó a leer, o aquel que colocabas en la almohada de niño y que quién sabe dónde esté hoy. La Biblioteca afectiva es estrictamente personal, solo existe en nuestra memoria.

Pienso en esto porque hace unos días, cuando Mi Librería hizo una compra en una casa particular, encontré un librito de apenas cuarenta páginas que yo conocía antes de saber leer. Cuando lo vi, se me fueron las manos hacia él y seguramente alguien rió a mis espaldas por ver con qué emoción salvaba aquel folletico insignificante de la basura.

Se llama Luis y el león, y estoy convencida de que solo yo en el mundo entero, lo recuerda con cariño. Bueno, me imagino que la autora también, Verónica Marek, que puede ser húngara o rumana y que no encontré por los recovecos de Google ni por ninguna parte.

De esa primera infancia también incluyo Cuentos y estampas, al que ya le dediqué un post y recomiendo que regresen a él, pues en los comentarios hay una oferta desde Brasil. No la dejen pasar los que tiene niños en casa.

Aprendí a leer con:

Mi monita maromera
salta de la mata al muro
mi monita maromera
come plátano maduro.

¿Dónde estará? Era un libro de texto de primer grado por allá por los años 60. Ha llovido mucho y el Ministerio de Educación no se detuvo. Bien sé que esa monita está en la Biblioteca afectiva de un montón de cincuentones actuales.

Cuando tenía alrededor de diez u once años, becada en una escuela deportiva, me gustaba visitar la biblioteca escolar. Hoy no tengo que hacer un gran esfuerzo mental para visualizar el libro que más pedía: Leyendas de Mesopotamia. Era de gran formato, profusamente ilustrado y probablemente editado en España por la década del 70. ¡Cómo viajé con ese libro en tiempo y espacio! Para mí, Mesopotamia aún existía y era el centro del mundo.

Con mi padre compartí muchas tardes experimentando con las propuestas del libro Física recreativa de Perelman. Fue una época de descubrimientos, de reguero sobre la mesa, agua, fuego y asombros. Luego compartí esta experiencia con mis hijos, y volví a meter huevos sin romperse en una botella e hicimos flotar nuevamente una aguja en la superficie del agua. De alguna manera ellos trajeron a su abuelo de vuelta.

Ya en séptimo grado, tuve una enfermedad tonta que me mantuvo en cama durante más de un mes. Entonces leí mi primer “gran” libro: la trilogía de Yuri Guerman : Esta es tu causa, Mi ser querido y Respondo por todo. Entre los tres había cerca de dos mil páginas y cuando terminé debo haber sentido algo parecido a Iniesta cuando anotó el gol definitorio en el pasado Mundial de fútbol. Lo he vuelto a ver en librerías de viejos y lo sigo recomendando.

Por los años 80 tuve un novio que me regaló el libro Capítulos de literatura cubana. Estábamos en la universidad y cuando leí la dedicatoria me sentí privilegiada. Ese joven me veía inteligente, así que no lo dejé escapar y aún hoy es mi esposo. A propósito, le pregunté a Leo qué libro incorporaría en su Biblioteca afectiva y me hizo una anécdota que quiero compartir:

Siendo un niño bien travieso, en un plan de la calle, participó en una rifa y se ganó el libro Pinocho. Era la novela completa, no una versión de la maravillosa historia de Collodi. Otro niño hubiera seguido la fiesta, pero él subió corriendo las escaleras hasta su cuarto, y no salió hasta que Gepeto vio a Pinocho convertido en un niño de verdad. Él también fue otro desde entonces y hoy no le quita mérito a su nombre.

Le pregunté también a mis hijos: Eddie mencionó rápidamente La Familia Mumín, hermoso libro de la escandinava Tove Jansson, que puse tempranamente en sus manos y Diana me alcanzó el suyo, pues lo conserva con celo: La Historia interminable, de Michael Ende. Ahora no  pesa lo caro que nos costó. Lo gracioso es que ambos mencionaron un libro con el que reían mucho juntos y que no recordamos su nombre exacto, era  de un mundo de cavernosos, seres cochinos que no se bañaban y estaban llenos de fango, las aluciones escatológicas y sus dibujos asquerosos despertaron sus risas infantiles. Todavía las escucho maliciosas.

Mi bautizo de fuego lo marcó La Consagración de la Primavera, de Alejo Carpentier, que hoy por hoy, sigue siendo mi novela favorita, porque me dio la sensación de poder, de capacidad, me dio la certeza de que a partir de entonces mi apreciación por la lectura cambiaría, se haría más selectiva y exigente. Y así fue.

Se me quedan muchos, pero si estos fueron los que salieron a flote a golpe de memoria, es que son los que son.

¿Cuál es tu Biblioteca afectiva?

Busca aquellos libros que marcaron tu vida, no las grandes obras. Tal vez hoy no estén en tu librero, pero el día que vuelvas a verlo, por insignificante que a otros les parezca, le dirás irremediablemente: ¿te acuerdas?

31 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA UNIVERSAL

Saramago

Morir es,
a fin de cuentas,
lo más normal y corriente que hay en la vida,
asunto de pura rutina.
 

Intermitencias de la muerte
J. Saramago
 

 

Un día se apareció tal cual era en su  Ensayo para la Ceguera  y me quedé esperando su próximo libro con impaciencia de novia. 

Cuando llegaron Todos los nombres e Intermitencia de la muerte, el compromiso se hizo oficial y ya no hubo pretextos para nuestros encuentros. Los otros, los Evangelios, Conventos y Cercos llegaron después, aunque nacieran antes como Ricardo Reis. 

Nos identificábamos tanto que se fue consolidando la relación y lógicamente terminaría en matrimonio con La Caverna y El Viaje del elefante.  La luna de miel fue deliciosa en La Balsa de piedra

Todo fue por su culpa. 

Me asaltaba con mayúsculas para encabezar conversaciones, así, en medio de cualquier párrafo y yo acepté su propuesta novedosa, cansada de plecas y guiones…

Volvió la cabeza un poco y susurró a su vez al oído de la mujer del médico, Lo sabía, no sé si estoy segura de que lo sabía, pero lo sabía, Es un secreto, no puedes decir nada a nadie, No se preocupe, no lo haré, Tengo confianza en ti, Puede tenerla, preferiría morir a engañarla, Debes tratarme de tú, Eso no, no puedo.

Me recordaba a saltos aquel subjuntivo ocioso que nadie se molestaba en usar y lo hizo elegante en su letra sabia…

Batiendo cuanto fuese piedra o piedra pareciese… 

Me hablaba mirándome a los ojos, era testigo al narrar, pero me dio la mano y me subó al renglón, justo a su lado…

… y de repente desapareció de la vista. Hizo plof y se esfumó. Hay onomatopeyas providenciales. Imagínense que teníamos que describir el proceso de evaporación del sujeto con todos los pormenores. Serían necesarias, por menos, diez páginas. Plof

Me sorprendió con situaciones absurdas, matizadas con lo verosímil, mostraba su regusto por lo insólito, por esas posturas extremas y limítrofes que explotan el delirio humano… 

Entonces, la Península Ibérica se movió un poco más, un metro, dos metros, como probando fuerzas. Las cuerdas que servían de testigos, lanzadas de borde a borde, como hacen los bomberos en las paredes que presentan brechas y amenazan venirse abajo, se rompieron como simples cordeles, algunas más sólidas arrancaron de raíz los árboles y los postes a los que estaban atadas. 

Me llenó la cabeza de utopías y metáforas, pero nunca perdió el fino e ingenioso sentido del humor que tanto me cautiva… 

Y a Venecia, qué le podrá ocurrir, Mira, amigo, la más fácil de las cosas difíciles en el mundo sería salvar Venecia, bastaba cerrar la laguna, ligar las islas entre sí para que el mar no pueda entrar a sus anchas, si los italianos no fueran capaces de hacer el trabajo solos, que llamen a los holandeses, que es gente para poner a Venecia en seco en un decir amén… 

Me regaló la minuciosidd del detalle, que apuntaló con sinónimos para no perderme y me puso a copiar sentencias para que luego las usara a mi antojo… 

Se calla siempre cuando la voluntad es firme… 

Me sedujo.
Me conquistó.
Y yo supe corresponderle con mi fidelidad de lectora empedernida. 

A veces, tan distraída voy mientras lo espero, que no escucho bien a mi alrededor, como el nombre de no sé qué famoso escritor que menciona un periodista en la TV, creo que acaba de fallecer, dice. Parece que era bueno, porque todos llevan tristes hasta la memoria. 

Suerte que mi Saramago es eterno. 


13 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA UNIVERSAL

BIBs: mucho más que belleza.

Propuesta para futuros envíos de BIBs

Ya sabemos que BIBs es ese club de amigos que una vez decidió llamarse Blogueros de Incontestable Belleza,  para dar esa carga de humor que siempre buscamos en los post, aunque de libros se traten, y que logramos en los comentarios, tan ricos y divertidos. Creo que la idea definitiva del nombre fue de Homolibris, no sé. Hoy me doy cuenta que no es solo una broma: los miembros de BIBs  están cargados de belleza.

En la reunión que tuvieron en marzo, en Madrid,  decidieron hacer un envío de libros al otro lado del océano y fue elegida Mi Librería, privilegiadamente elegida por ellos. Me siento en las nubes y no sé qué escribir. Solo maldigo a los señores del correo de Cuba que tuvieron el atrevimiento de abrir el paquete y sustraer (será mejor decir robar) un exquisito pañuelo y el marcapáginas que identifica a BIBs. Como me dice Loquemeahorro en un correo: está claro que solo las cosas “sin valor” como los libros van a llegar. Llegaron los libros y una cartica manuscrita por un Guisante Verde. Nada mejor. Así que no voy a llorar, ya podré ir a buscarlos yo misma… ¿por qué no?

Por ahora, ¡a leer! , con la alegría de saber que un día, esos amigos míos decidieron ponerme una sonrisa en la cara… ¡y lo consiguieron!

Regalo de los Blogueros de incontestable Belleza

¡¡¡MIL GRACIAS!!!

13 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS

“Loslibrosdeteresa” en Mi Librería.

   El amor junta los cetros con los cayados;
la grandeza con la bajeza;
hace posible lo imposible;
iguala diferentes estados
y viene a ser poderoso
como la muerte.

Cita de El Quijote.

No, no, Teresa está tranquila sentada en su preciosa  Ciudad Real,  pero su hermana Ana, tan parecida físicamente a ella, ha decidido dar una vueltecita por la Isla de Cuba, y ha tenido la gentileza de “desembarcar” unos minutos en Mi Librería, y para colmo de bienes llegó con las manos llenas… ¡de libros!

Muñoz Molina   ya lo conocía por sus novelas, que esporádicamente aparecen  por acá, pero sólo he leído Plenilunio, una obra que quizás no tenga tanto éxito como El Jinete polaco, pero que a mí me encantó por la manera profunda en que involucra el pensamiento de los personajes en el desarrollo de la acción y por la estructura de la obra, con reiterados flashback,  pero no solamente de pasajes ocurridos sino de conflictos emocionales. Me gustó, sin más. Así que me alegró mucho esta nueva propuesta de Teresa.

A  Paul Auster  estaba cansada de verlo en blogs amigos, todos hablan de él, y yo en la luna de Valencia, de la que ahora descenderé lentamente. Estoy muy entusiasmada con este libro: Brookling Follies. 

Almudena Grandes  también la conocía, pero no había leído nada de nada. Cierta vez tuve en mis manos Malena es un nombre de tango  pero de ahí no pasó.  Ahora, empaquetado como regalo muy preciado, como un delicado presente,  Teresa me obsequia El Corazón helado. Ya voy por la página trescientos y tanto, pero tiene más de mil, de manera que demoraré unos días más para saber el final. Lo que sí ya sé es por qué ella le dió un carácter especial, envolviéndolo aparte, insinuando un tesoro… ¡y es que lo es! Estoy tan atrapada en sus páginas que tuve que obligarme a hacer un alto para escribir esta reseña. No sé por qué me ha parecido que esta mujer tiene a sus espaldas la tradicional narrativa de Pérez Galdós, abarcadora y genial,  con un lenguaje singular, innovador y sorprendente. Lleva la trama con maestría…  y no digo más, ya tendré que hacer un post aparte para ella cuando termine.

Gracias Teresa, una vez más. Gracias, Ana. Les dejo una fotografía en Mi Librería. Aquí juntos: Leo, AD, Ana y su esposo.  Un nuevo encuentro de amigos, resultado feliz de este año de intercambios que nos ha unido en ese maravilloso Club de blogueros de incontestable belleza… ¿qué me dicen?

16 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA UNIVERSAL

Vamos a conversar…

 La lectura hace al hombre completo;
la conversación, ágil;
el escribir, preciso.
Francis Bacon.

Leyendo un ensayo de José Lezama Lima, he caído de lleno en un tema escabroso, pero muy interesante: la conversación.

Y la traigo a Mi Librería porque precisamente aquí, en el quehacer diario, el público que busca un libro idóneo para su tiempo libre, se enfrasca siempre en un diálogo, a veces inteligente y enjundioso, a veces torpe y receptivo, y a veces -y estas son las malas noticias- me acribillan con conversaciones tan ajenas como enfermedades de parientes desconocidos, idilios desenfrenados entre Mengano y Fulana,  o conflictos ideológicos interpersonales que nada me importan y que me hacen poner el marcador al libro de turno con cara de pocos amigos. Muchos confunden el arte de conversar con la capacidad de hablar.

Y no es que no me guste conversar, todo lo contrario, que lo diga Balovega, que el mismo día que llegó a La Habana estuvimos en un intercambio verbal hasta el amanecer, sin agotamientos, sin momentos de calma, sino disfrutando ambas como quien saca todo el zumo de una naranja deliciosa, porque sabíamos que el tiempo no nos daría una segunda oportunidad.

Cuenta Lezama Lima, que Oscar Wilde  era un buen conversador, “relataba y su memoria guardaba cada una de sus sentencias para escoger, para rechazar”. Si existe alguna relación entre la oralidad y lo que luego se cuece en el papel, entonces debió haber sido un genial compañero de cafés. También elogia a Goethe, con su “majestuosa y misteriosa bondad para colocar su omnisciencia, su morfología de lo orgánico, a la altura y al alcance de la mano”. Lezama mismo era un hombre que aglutinaba amigos por su palabra culta y envolvente, dicen los que lo conocieron, que no dejaron de visitarlo para disfrutar de su labia hasta el último día que pisó la tierra. 

Una buena conversación es  asunto serio, que debiera apuntalarse hoy para que no decaiga su gracia, ni su espacio. He leído montones de libros en que poetas, pintores, intelectuales en fin, coinciden en un café para disfrutar de una  sabrosa conversación, que salpìcaba sabiduría a los que se acercaban y veo con tristeza que languidece la tradición con el apresuramiento de estos días y la avalancha virtual que nos ocupa sin consideración alguna.

La habilidad de una buena conversación es como un traje, con él nos presentamos tal como somos:  elegantes, elocuentes, más o menos cultos, receptivos, pacientes, o quizás tontos y mentecatos. Debiera ejercitarse más , darle nuevas oportunidades sería provechoso.

Un hombre con imaginación es siempre un buen conversador y domina, casi inconscientemente,  las técnicas implícitas de la charla: saber escuchar, poder de síntesis, evitar críticas de ausentes, tocar el tema que verdaderamente interesa a tu interlocutor. Luego la creatividad hará la diferencia y en eso hay que reconocer que los buenos lectores llevan ventaja.

Aprovecharé para presentarles al CUENTERO MAYOR: Onelio Jorge Cardoso, y ya verán por qué en  Cuba se le llama así a este hombre singular. Tuve el privilegio de conocerlo cuando era estudiante. Aquel día visitó mi escuela y lo escuché hablar. En un receso se acercó a mi grupo y me pasó el brazo por los hombros y caminamos por un largo pasillo. Él hablaba como escribía: jugando con deliciosas imágenes que convertía en palabras ingeniosas, para luego amasarlas en una conversación tal, que dejaba al oyente atontado, boquiabierto e inevitablemente mudo.

¿No me creen? Lean cómo comienza su cuento emblemático, ese que le dio nombre entre nosotros, El Cuentero, y luego díganme si no van a ir corriendo a ver cómo sigue la historia.

 

Una vez hubo un hombre por Mantua o por Sibanicú que le nombraban Juan Candela y que era de pico fino para contar cosas.

Fue antes de la restricción de la zafra, que se juntaban por esos campos gente de Vueltarriba con gente de Vueltabajo. Yo recuerdo bien a Candela. Era alto, saliente en las cejas espesas, aplanado largo hacia arriba hasta darse con el pelo oscuro. Tenía los ojos negros y movidos, la boca fácil y la cabeza llena de ríos, de montañas y de hombres.

Por entonces nos juntábamos en el barracón y se ponía un farol en medio de todos. Allí venían: Soriano, Miguel, Marcelino y otros que no me acuerdo. Luego en cuanto Juan empezaba a hablar uno se ponía bobo escuchándolo. No había pájaro en el monte ni sonido en la guitarra que Juan no se sacara del pecho. Uno se movía, se daba golpes en las piernas espantándose los bichos, pero seguía ahí, con los ojos fijos en la cara de Juan, mientras él se ayudaba con todo el cuerpo y refería con voz distinta de la suya cuando hablaban los otros personajes del cuento. Allí, con vales para la tienda, y el cuerpo doblado con el sol a cuestas durante todo el día, uno llevaba metido dentro el oído para las cosas que pudieron haber sido y no fueron.

Pero, eso sí, a Juan nunca se le pudo contradecir, porque cerraba los cuentos con una mirada de imposición en redondo y uno se quedaba viendo cómo el hombre tenía algo fuerte metido en el cuerpo suyo. Preciso, certero, Juan sacaba la palabra del saco de palabras suyas y la ataba en el aire con un gesto y aquello cautivaba, adormecía [...]

Si te gustó, no dejes de leer otros como El Caballo de coral ,  Francisca y la muerte , La rueda de la fortuna.

Otro día hablaremos del silencio, pero ahora los dejo, que un buen conversador debe saber callar a tiempo.

22 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA CUBANA, LITERATURA UNIVERSAL

Una segunda lectura a Cien años de soledad.

Soy escritor por timidez.
Mi verdadera vocación es la del presdigitador,
pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco,
que he tenido que refugiarme
en la soledad de la literatura.
G.G. Márquez 

De la primera vez que leí Cien años de soledad, me quedó un manojo de nombres en la cabeza que a duras penas podía identificar. Recordaba un par de escenas: el coronel Aureliano Buendía dirigiéndose al pelotón de fusilamiento con los brazos en alto por el dolor inmenso que le provocaban los golondrinos que padecía, incluso hubiera jurado que este Aureliano había muerto ahí mismo. La segunda imagen era cuando Remedios, la bella  se bañaba y un forastero intruso levantó la teja del techo para admirar su desnudez. Ella le advirtió, sin el menor sobresalto, que se iba a caer, como en efecto ocurrió más tarde. Juraba también que me había gustado la novela. Pero nada más.
¿Por qué la memoria le juega a uno esa mala pasada?

Como dice lahistoriaenmislibros,  a algunas personas puede parecerle una novela tediosa y excesivamente larga. Pero eso será para algunos.

Recomendación de Mi LibreríaAcabo de disfrutar una segunda lectura de Cien años de soledad y en cada página me tropecé con tanta buena letra, con tanta magia y con tanta fuerza raigal que terminé garabateando el libro de arriba a abajo.

Por eso hoy Mi Librería invita, como deben haberlo hecho mil veces en este inmenso mar informático, a una segunda lectura de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, pero esta vez, les propongo que hagan una pausa en las mejores escenas, que aprecien la audacia del lenguaje, la sabiduría con que el autor mezcla realidad y ficción, sin que lo absurdo o hiperbólico nos parezca fuera de lugar.

Dijo García Márquez que cuando escribía Cien años de soledad estaba tan feliz que soñaba estar inventando la literatura. Confieso que no me gusta su persona, después de haberlo escuchado en entrevistas me resulta…¡qué importa eso! Lo cierto es que no solo soñó con inventar una literatura, sino que lo logró. Su novela, convertida hoy en todo un clásico universal, es excepcional, única e irrepetible. No por gusto llevó al colombiano a  un premio Nobel.

Quisiera convencer a quienes no pudieron disfrutarla a plenitud, a aquellos que en una primera lectura abandonaron asustados con una propuesta diferente. Por eso, traigo algunos fragmentos que son, sencillamente, para no olvidar.

- ¿Te sientes mal?-le preguntó.
Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.
– Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor.
 Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerines y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

Aquella noche interminable, mientras el coronel Gerineldo Márquez evocaba sus tardes muertas en el costurero de Amaranta, el coronel Aureliano Buendía rasguñó durante muchas horas, tratando de romperla, la dura cáscara de su soledad. Sus únicos instantes felices, desde la tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo, habían transcurrido en el taller de platería, donde se le iba el tiempo armando pescaditos de oro. Había tenido que promover 32 guerras, y había tenido que violar todos sus pactos con la muerte y revolcarse como un cerdo en el muladar de la gloria, para descubrir con casi cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad.

Entonces empezó el viento, tibio, incipiente, lleno de voces del pasado, de murmullos de geranios antiguos, de suspiros de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces. No lo advirtió porque en aquel momento estaba descubriendo los primeros indicios de su ser, en un abuelo concupiscente que se dejaba arrastrar por la frivolidad a través de un páramo alucinado, en busca de una mujer hermosa a quien no haría feliz. Aureliano lo reconoció, persiguió los caminos ocultos de su descendencia, y encontró el instante de su propia concepción entre los alacranes y las mariposas amarillas de un baño crepuscular, donde un menestral saciaba su lujuria con una mujer que se le entregaba por rebeldía. Estaba tan absorto, que no sintió tampoco la segunda arremetida del viento, cuya potencia ciclónica arrancó de los quicios las puertas y las ventanas, descuajó el techo de la galería oriental y desarraigó los cimientos

18 comentarios

Archivado bajo LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA UNIVERSAL

Cinco propuestas de Rosa Montero

En los momentos de crisis,
sólo la imaginación
es más importante que el conocimiento.
Albert Einstein

La controvertida Rosa MonteroSi algún día tengo delante de mí a la novelista Rosa Montero, seguramente no le diría nada, porque cuando uno admira a una persona, cuando se ha ilusionado en decirle que le gustó esto o aquello, fruto de su talento creador o de lo que fuere, basta que se dé el momento soñado para que el cerebro no funcione como debe y deje salir una tontería, y ahí mismo aparece el ridículo del que siempre estaremos arrepentidos. Así que, si algún día tengo delante de mí a Rosa Montero, decididamente,  me quedaré callada.

Uno de los libros que llevé en mi huída intempestiva, fue  La Loca de la casa, de Rosa Montero. (Ya saben, de los que bibliobulímica me envió) Y ahora mismo no podría definir si hubo algo que me hizo tanto bien como lanzarme  de cabeza en su lectura, y aunque al leerlo me di cuenta de la verdadera dimensión de mi ignorancia, lo tomo como punto de partida (uf, siempre estoy empezando) y hago la recomendación desde Mi Librería.

 Pero como sé que hay listas infinitas en los bibliopropósitos de mis amigos,  se me ocurrió un acercamiento al libro a partir de las obras de otros autores que la escritora comenta. Yo  solo levanto mi mano a favor de lo que atinadamente presenta Rosa Montero.

Carson McCullers. El Corazón es un cazador solitarioLa conmovedora y trágica Carson McCullers, autora de El Corazón es un cazador solitario, escribió en sus diarios:
Mi vida ha seguido la pauta que siempre ha seguido: trabajo y amor.

Me parece que ella también debía de contabilizar los días en libros y amantes, una coincidencia que no me extraña nada, porque la pasión y el oficio literario tienen muchos puntos en común.

 

 

Decididamente, no me gustó esta novela, pero es mejor que ustedes saquen sus propias conclusiones.Y el estupendo escritor español José Ovejero llevaba un tiempo bloqueado y sin poder sacar adelante una novela en la que había trabajado durante años cuando, en mitad de un rutinario viaje en avión, y con la intención de salir del atolladero, se dijo a sí mismo: Relájate y escribe cualquier cosa. E inmediatamente se le ocurrió la siguiente frase: 2001 ha sido un mal año para Miki. No tenía ni idea de quién era Miki ni de por qué había sido un mal año, pero ese pequeño problema de contenido no le amilanó en absoluto. Así nació una novela que se redactó así misma a toda velocidad en solo seis meses y que se tituló, como es natural, Un mal año para Miki.A veces tengo la sensación de que el autor es una especie de medium. 

Esta parece ser una buena propuesta para este milenio.Me gusta mucho Italo Calvino; me gusta su prosa limpia, me gustan sus novelas fantásticas, me gustan sus ensayos literarios de Seis propuestas para el próximo milenio. Pero hace poco leí un curiosos libro suyo, Ermitaño en París, que reúne textos diversos, fundamentalmente autobiográficos, y que hizo que Calvino me resultara en ocasiones un tanto cargante.

 

"Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie" Dice Tancredi y abrazó al tío conmovido"...El Gatopardo es la primera y última novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, que con anterioridad no había hecho otra cosa que escribir cartas. A los cincuenta y ocho años redactó su única novela, y durante dos años la trató de publicar infructuosamente. Se la rechazaron en Einaudi y en Mondadori, porque lo que se llevaba por entonces era la llamada literatura comprometida, o sea, el realismo socialista, y la bellísima obra de Lampedusa no tenía nada que ver con eso, por fortuna para nosostros sus lectores. Al cabo Feltrinelli la sacó en 1957, pero el pobre príncipe murió pocos meses antes, sin saber siquiera si le iban a publicar.

Un título para los guisantes verdes.Un autor amnésico es el maravillosos Conrad de El Corazón en las tinieblas, una novela que, pese a reproducir casi punto por punto una experiencia real del escritor, no tiene nada que ver con lo rememorativo y lo autobiográfico: cuando Conrad habla de la selva no está describiendo la selva del Congo Belga, sino La Selva como categoría absoluta, y ni siquiera eso, porque esa jungla enigmática y horriblemente ubérrima representa la oscuridad del mundo, la irracionalidad, el mal fascinante, la locura.

Creo que me compliqué demasiado, no puedo seguir. Por La Loca de la casa desfilan nombres tan conocidos como Nabokov, Faulkner, Eluard, Grass, Joyce, Kafka, Cervantes, Salgari, Zola, Tolstoi, Hemingway, Rimbaud, Wilde,  Sthendal, Proust, etc, etc, etc…

Acérquense, porque además de mostrarnos un universo literario con sus pro y sus contra, lleno de anécdotas bien aderezadas con su sentido irónico, Rosa Montero nos engatuza con una experiencia personal con triple final, que pudo haber sido de cualquier manera… o quizás no fue de ninguna.

Solo su genial imaginación,  esa loca de la casa, logra que lleguemos al final con una sonrisa, esa que ya nos habíamos puesto desde la primera página:

Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida
con un cómputo de novios y de libros…

Tener imaginación es garantía de una vida más plena

El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo. Bécquer

12 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA UNIVERSAL

La elegancia de… Muriel Barbery

¿Dónde se encuentra la belleza?
¿En las grandes cosas que, como las demás,
 están condenadas a morir,
o bien en las pequeñas que, sin pretensiones,
saben engastar en el instante una gema de infinitud?.


En Mi Librería hay muy pocas reseñas de libros. Opté desde un principio por la promoción de la literatura, buscando sus aristas interesantes, para que el visitante pudiera escoger, aceptar, establecer una relación con los libros en general y redescubrir conmigo la belleza y sencillez de la palabra escrita.

Pero hoy hago una excepción. He leído La Elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Y no puedo quedarme callada después de haber disfrutado tanto su lectura.

Dice la sinopsis de la contraportada:

En el número 7 de la calle Grenelle, un inmueble burgués de París, nada es lo que parece. Dos de sus habitantes esconden un secreto. Renée, la portera, lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común. Paloma tiene doce años y oculta una extraordinaria inteligencia. Ambas llevan una vida solitaria, mientras se esfuerzan por sobrevivir y vencer la desesperanza. La llegada de un hombre misterioso al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas.
Juntas, Renée y Paloma descubrirán la belleza de las pequeñas cosas. Invocarán la magia de los placeres efímeros e inventarán un mundo mejor. La Elegancia del erizo es un pequeño tesoro que nos revela cómo alcanzar la felicidad gracias a la amistad, el amor y el arte. Mientras pasamos las páginas con una sonrisa, las voces de Renée y Paloma tejen, con un lenguaje melodioso, un cautivador himno a la vida.
Las protagonistas. El libro ya ha sido llevado al cine.

Y yo no sé bien qué más decir: que hacía tiempo no encontraba una lectura con la que me identificara, un libro distinto a todos, con la carga de humor que necesito y la palabra sabia que me sorprende. Para algunos será raro, o sencillamente no será de su agrado, para otros será fabuloso,  pero lo cierto es que no es un libro que pueda pasar inadvertido fácilmente.

De cómo la autora logra acercarnos a la belleza de lo cotidiano, cómo su erudición se arriesga en una descripción frágil, por lo aparentemente insignificante, es algo que no sé. Ejemplos hay un montón, solo elijo uno simpático para demostrar que el humor no está reñido con la buena letra:

Recomendación de Mi Librería

Recomendación de Mi Librería

Tengo una gran simpatía por Neptune. Sí, nos apreciamos mucho, sin duda por la gracia de la complicidad que nace de que los sentimientos de uno son inmediatamente accesibles al otro. Neptune siente que le tengo cariño; sus distintos deseos me son a mí transparentes. Lo sabroso de todo este asunto reside en el hecho de que él se obstina en ser un perro cuando su ama querría hacer de él un caballero. Cuando sale al patio, tirando, tirando a más no poder de su correa de cuero amarillo, mira con codicia los charcos de agua enfangada que se pasan todo el día ahí tan tranquilos. En cuanto su dueña tira con un golpe seco de su yugo, Neptune baja el trasero a ras del suelo y, sin más ceremonia, se pone a lamerse los atributos. Cuando ve a Athéna, la ridícula whippet de los Meurisse, saca la lengua como un sátiro lúbrico y jadea de manera anticipada, con la cabeza llena de fantasías. Lo más gracioso que tienen los cockers es que, cuando están de buen humor, tienen unos andares como si se balancearan; es como si llevaran unos muellecitos fijados a las patas que, al andar, los impulsara hacia arriba, pero suavemente, sin brusquedad. Al andar así, se les agitan también las patas y las orejas, como el balanceo de un navío, y el cocker, barquito amable que cabalga sobre tierra firme, aporta a estos pagos urbanos un toque marítimo que me encanta.
Cartel del filme

Yo le suplico al destino
que me dé la oportunidad
de mirar más allá de mí misma.
Paloma

Gracias a Ale,  bibliobulímica, que lo puso en mis manos.

13 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA UNIVERSAL

Los cuentos de La Edad de Oro.

José MartíSienten a sus niños
frente a la PC
porque para ellos es este post…
y para todos los que tengan
alma de niño
en algún rincón de sus vidas.

Portada original de la revista La Edad de Oro, reproducida luego en muchas ediciones del libro.Había una vez un hombre llamado José Martí. Él era periodista, pero no uno cualquiera: Martí era un periodista excepcional. Por eso aceptó la propuesta de escribir íntegramente una revista mensual  para los niños de América: La Edad de Oro.

“Entro en esta empresa con mucha fe, y como cosa seria y útil a la que la humildad de la forma no quita cierta importancia de pensamiento”.

A pesar de su consagración a ella, de La Edad de Oro solo se publicaron cuatro números. Eso fue en New York, en 1889. Diez años después de  caer en combate José Martí en tierras cubanas, es que se edita La Edad de Oro en un solo volumen, como un libro.

No hay cubano que no haya leído este libro hermoso. Sus poesías, cuentos, historias, leyendas, biografías… tocados todos por la pluma genial del Maestro, son lectura apasionante.

Hoy solo hablaré de los cuentos, que son seis: Meñique, El Camarón encantado, Los Dos ruiseñores, que son adaptaciones en los que aflora el inconfundible estilo martiano y los otros tres,  fruto de su imaginación: Nené traviesa, Bebé y el Señor Don Pomposo y La Muñeca negra.

Para que los busquen, para que los conozcan,  para que los disfruten, para que los incorporen a sus vidas,  Mi Librería les regala un pedacito de estos  últimos preciosos cuentos:

Ilustración original del cuento Nené Traviesa. NENE TRAVIESA (fragmento)
Esa noche que hablaron de las estrellas trajo el papá de Nené un libro muy grande: ¡oh, cómo pesaba el libro: Nené lo quiso cargar, y se cayó con el libro encima, no se le veía más que la cabecita rubia de un lado y los zapaticos negros del otro. Su papá vino corriendo y la sacó de debajo del libro, y se rió mucho de Nené, que  no tenía seis años todavía y quería cargar un libro de cien años.

La Muñeca negra, de José MartíLA MUÑECA NEGRA(fragm.)
Hoy el padre no trabajó mucho, porque tuvo que ir a una tienda: ¿a qué iría el padre a una tienda?: y dicen que por la puerta de atrás entró una caja grande: ¿qué vendrá en la caja? ¡a saber lo que vendrá!: mañana hace ocho años que nació Piedad… Piedad no sabía, no sabía.

La Edad de OroBEBE Y EL SEÑOR DON POMPOSO(fragm)
Bebé levanta la cabecita poco a poco. Raúl está dormido… Bebé se escurre de la cama, va al tocador en la punta de los pies, levanta el sable despacio, para que no haga ruido…y ¿qué hace, qué hace Bebé? ¡va riéndose, va riéndose el pícaro! Hasta que llega a la cama de Raúl y le pone el sable dorado en la almohada.

Recuerden bien: cuando tengan el libro, léanlo despacio, con calma, saboreando cada palabra.

“porque con los cuentos se ha de hacer lo que decía Chichá, la niña bonita de Guatemala:

- ¿Chichá, por qué te comes esa aceituna tan despacito?

- Porque me gusta mucho.”

Creo que a cualquier educador le gustaría tener un marcador como este.

21 comentarios

Archivado bajo LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA CUBANA, LITERATURA INFANTIL