Archivo de la categoría: LITERATURA CUBANA

Las Muchachas de La Habana

He elegido el título con toda intención de atrapar lectores, pues hace más de un mes ando alejada de mi querido blog y necesito acercar de nuevo a mis fieles con este encabezamiento sensual y llamativo.
Pero es solo en broma, mi verdadero propósito es comentar un libro editado en el 2004, y reeditado recientemente, llamado así: Las Muchachas de La Habana no tienen temor de Dios, de la investigadora Luisa Campuzano, y a partir de él presentarles  algunas voces femeninas que prestigian la literatura cubana.
Les recomiendo el libro porque explora seria y críticamente los textos femeninos desde el siglo XVIII hasta el XXI, con la sabiduría que esta profesora universitaria, importante y reconocida intelectual, encara el tema tan controvertido de la mujer. Me gusta su enfoque, su punto de vista, Campuzano no cae en el tan manido feminismo barato, sino que nos revela a la mujer en toda su dimensión, no la que esgrime culpas, sino la que, aún a codazos, buscó el lugar merecido. Ella induce un serio acotejo de posiciones, no se lamenta, busca soluciones y hace caminos nuevos.
Escuchemos su propia voz:

…hace falta sobre todo intentar salirse de la embriaguez, del aturdimiento de la gran fiesta y repensarse, reflexionar sobre nosotras mismas, para recuperar de algún modo en nuestro pasado, en lo que de él salva y proyecta la selectiva memoria, un atisbo, una guía para el futuro.

Y no diré más, pues nada aportaré después de ella. Quiero presentarles algunos fragmentos con el fin de que conozcan a esas atrevidas muchachas de La Habana, irreverentes y audaces, que no temen a Dios, sea el año que sea.

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA
 (1814-1863 )
Novela: Sab

Bajo este cielo de fuego el esclavo casi desnudo trabaja toda la mañana sin descanso, y a la hora terrible del mediodía,  jadeando,  abrumado bajo el peso de la leña y de la caña que conduce sobre sus espaldas, y abrasado por los rayos del sol que tuesta su cutis, llega el infeliz a gozar todos los placeres que tiene para él la vida: dos horas de sueño y una escaza ración. Cuando la noche viene con sus brisas y sus sombras a consolar a la tierra abrasada, y toda la naturaleza descansa, el esclavo va a regar con su sudor y con sus lágrimas al recinto donde la noche no tiene sombras, ni la brisa frescura: porque allí el fuego de la leña ha sustituido al fuego del sol, y el infeliz negro, girando sin cesar en torno a la máquina que arranca a la caña su dulce jugo, y de las calderas de metal en las que este jugo se convierte en miel a la acción del fuego, ve pasar horas tras horas, y el sol que torna le encuentra todavía allí… ¡Ah, sí!, es un cruel espectáculo la vista de la humanidad degradada, de hombres convertidos en brutos, que llevan en su frente la marca de la esclavitud y en su alma la desesperación del infierno.

 DULCE MARÍA LOYNAZ
(1902-1997)
Novela: Jardín

Bárbara ha recogido los pedazos de algunas cartas rotas y los va clavando con alfileres sobre el peluche azul que cubre la mesa. Cortado el vuelo, quedan allí sujetos al tedio de la horas, como si fueran mariposas muertas.
Hay mariposas desteñidas, y otras repiten el color de sus hermanas; pero todas dejan adivinar la selva obscura que un día traspasaron con sus alas, aquellas alas de papel tan leves, cargadas, sin embargo, de tempestad…
Bárbara las clava al azar, y al azar va leyendo su historia torva y monótona, con párrafos cambiados y lagunas que nadie podría llenar ya nunca, por donde el corazón salta de prisa con miedo de caer o de perderse…
Y Bárbara lee en esta clara tarde de septiembre, asiste silenciosa a este lento desangrar del alma, mientras las mariposas vivas vuelan fuera.

MAYRA MONTERO
(n.1952)
Novela: Son de almendra

Anastasia murió acribillado en el Park Sheraton de Nueva York, en Séptima con 55, sobre un triste sillón de barbería, donde quedó con la cara aún embarrada de espuma, como un pastel a medio decorar. La noticia llegó por teletipo al periódico. No se suponía que me importara, porque mi trabajo, desde hacía año y medio y quién sabe por cuánto tiempo aún, era el de entrevistar artistas: cantantes, bailarinas, comediantes. Los comediantes, por lo general, son presumidos con muy mal carácter. No me gustaba lo que hacía, detestaba ese tipo de periodismo ligero, pero no había tenido alternativa cuando empecé a trabajar en el Diario de la Marina, recomendado por un amigo de mi padre. Todas las plazas que hubiera preferido estaban ya cubiertas, y sólo necesitaba algún estúpido que se sintiera feliz de averiguar qué nuevos planes calentaba la cabecita hueca de Gilda Magdalena, la más rubia de nuestras vedettes; o de qué harén se había escapado Kirna Moor, bailarina turca que arrasaba en las noches del Sans Souci; o de qué orquesta se hacía acompañar Renato Carosone, payaso italiano que cantaba la absurda canción que no paraban de poner por radio: Marcelino Pan y Vino.

ENA LUCÍA PORTELA
(n.1972)
 Novela en preparación: Los delincuentes como nosotros.
 
 A veces me pregunto si este nené tan brillante –e imaginativo– no será virgen aún. Ya sé que no es asunto mío, pero de todos modos me lo pregunto. Más delgaducho que su padre, pero también más alto y con una larga melena plateada por las canas, el chama tiene su swing. Pienso que podría gustarle a cualquier muchacha, cómo no. Pero no hay más que verlo de lleno en su salsa, atornillado a una silla frente a su computadora («pega’o con Kola Loka», dice Manolín), cometiendo delitos informáticos a mansalva, riéndose por lo bajo en una onda de lo más luciferina o mascullando terribles amenazas en algún idioma que sólo él entiende, para vislumbrar el titánico esfuerzo que le costaría a cualquier muchacha, incluso a una muy bonita y arrolladoramente sexy, arrancarlo de ahí por un ratico. Porque tal parece como si la vida real, la que transcurre fuera del ciberespacio, le resultara inodora, incolora e insípida, más soporífera que el Noticiero Nacional de la TVC, que ya es decir.

   

Espero que alguna de estas muchachas los lleve de la mano hasta la librería más cercana, o quizás desde  aquí mismo, a golpe de tecla,  lleguen  hasta Amazon, Popularlibros, Casa del libro, Priceminister… qué sé yo.

16 comentarios

Archivado bajo LITERATURA CUBANA

Coctelería Cubana… para leer y probar.

Mi Daiquirí en el Floridita,
mi Mojito en la Bodeguita.

Ernest Hemingway

A petición de fiestaenlacocina, hago este post.

Y por puro deleite, además, porque Mi Librería no puede obviar tanta bibliografía alcohólica que por ahí se pasea, ni vamos a dejar de compartir esos cocteles cubanos que hoy gozan de fama internacional y que tan oportunos resultan para amenizar la tarde.

El ron cubano es una carta de triunfo, lo confirman su aceptación y su prestigio, especialmente su líder indiscutible, el Havana Club. Con él se preparan deliciosos cocteles que estimulan la cordialidad humana, como diría el experto Fernando G. Campoamor en su librito Coctelería cubana: 100 recetas con ron.

Del mismo autor hay otro libro muy interesante: El Hijo alegre de la caña de azúcar: biografía del ron, del que hacía mucho tiempo quería conversar. En él hay mucha historia, pues la existencia del ron depende, como todos sabemos, del azúcar y esa, blanca o negra, cruda o refinada, libre o esclava, ha marcado esta Isla desde los tiempos de la colonia y fue centro de la economía por siglos, por tanto,  influyó decisivamente en la vida cultural del cubano.

Tantas anécdotas hay detrás de cada coctel, tantos personajes y remembranzas, que tuvo la literatura que sacarla del bar y ocuparse de su permanencia. No hay libro de cocina cubana que no dedique un capítulo entero a la coctelería. Son libros buscados, añorados, conservados con celo de coleccionistas.

Bueno sería que no se dejaran engañar con mezclas falsas, por eso hoy, los que visiten Mi Librería, se irán con las recetas originales de los mejores diez cocteles cubanos.

DAIQUIRÍ
(el preferido de Hemingway, lean su historia aquí)

En la batidora:
1/2 cdta. de azúcar
1/4 onza de jugo de limón
gotas de marrasquino
1 1/2 onzas de ron blanco
hielo frapé
Batir bien y servir en una copa de champán.


CUBA LIBRE

En un vaso de jaibol (de 8 onzas):
1 1/2 onzas de ron blanco
Colocar cubos de hielo.
Completar con refresco de cola
Añadir gotas de limón
Revolver.


MOJITO

En un vaso de jaibol:
1/2 cdta. de azúcar
1/4 onza de jugo de limón
Diluir bien con un poquito de agua de soda.
Añadir hojas de yerbabuena y machacar el tallo (sin dañar las hojas)
para que suelte el jugo.
Cubos de hielo.
Agregar 1 1/2 onas de ron blanco.
Llenar el vaso con agua de soda y revolver.
Adornar con hojas de yerbabuena.


PRESIDENTE

En la coctelera:
1/2 onza de vermouth rojo
1 1/2 onza de ron blanco
gotas de granadina
Trozos de hielo.
Retorcer sobre la copa una cáscara de naranja para que suelte el aceite.
Adornar con la cáscar y una cereza.


RON COLLINS

En un vaso alto de jaibol:
1/2 cdta. de azúcar
1/4 onza de jugo de limón
Diluir bien.
1 1/2 onza de ron blanco
Llenar el vaso con agua de soda y revolver.
Adornar con una rodaja de limón y una cereza.

 

MARY PICKFORD

 En la coctelera:
1 1/2 onza de jugo de piña
1 1/2 onza de ron blanco
1 cdta. de marrasquino
Trozos de hielo
Batir a mano y servir colado en una copa de coctel.
Adornar con una rodaja de piña.

 

ISLA DE PINOS

En la coctelera:
Cubos de hielo
1 1/2 onzas de ron blanco
3 onzas de jugo de toronja
Revolver y servir colado
en una copa de coctel.

 

MULATA

En la batidora:
1/4 onza de jugo de limón
1 1/2 onzas de ron AÑEJO
1/2 onza de crema de cacao.
Una buena cantidad de hielo frappé.
Batir bien y servir
en una copa de champán.

 

SAOCO

En un vaso alto de jaibol o
preferiblemente en el envase
natural del coco:

2 onzas de ron blanco
4 onzas de agua de coco
Cubos de hielo
Revolver y servir con absorvente.


CUBANITO

En un vaso de 10 onzas:
1 ½ onza de ron Havana Club Añejo Blanco
½ onza de jugo de limón
5 onzas de jugo de tomate
1 cucharadita de salsa inglesa
Hielo
Salsa picante
Sal
Adornar con una rodaja de limón

Sean cuidadosos con las medidas, porque como dice Campoamor:  en ese punto no cabe creatividad sin el peligro de malograr el sabor y el cuerpo de la bebida que se eligió, por ejemplo, si en lugar de agregar marrasquino al Mary Pickford, le añadimos granadina, lo que tenemos es un Havana Special… ¡y aquí es donde el libro se hace imprescindible!

 Les dejo de tarea para la casa la deliciosa Piña colada, el Habana Libre y el espectacular Bellomonte.

¡Salud!

 

29 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LITERATURA CUBANA, LITERATURA UNIVERSAL

CRUCIGRAMA LITERARIO:¡Post # 100! (Actualizado)

 

Casi sin darme cuenta, Mi Librería llega hoy a la primera centena de entradas. Más de 70 000 visitantes han pasado por aquí, a conocer un pedacito de mi Habana y de la literatura que se hace en esta isla. Estoy feliz por haber llegado y más aún por todo lo que me queda por andar. Por eso les traje un regalo: un crucigrama literario hecho por mí, con mil defectos, ya verán, pero fue una empresa tan difícil que tuve que adicionarle todo mi cariño para compensar. Descarguen el pdf  y arriésguense a llenarlo, muchas respuestas están en este mismo blog… luego me cuentan.


DESCARGAR CRUCIGRAMA


 Ahora, gracias a la colaboración de Diana, pueden rellenarlo aquí mismo, y solo cliqueando sobre las casillas numeradas se pueden leer las preguntas… ¡Así de fácil!

 

26 comentarios

Archivado bajo LITERATURA CUBANA, LITERATURA UNIVERSAL

Dos invitaciones de Mi Librería

 

A la primera pueden ir tal como estén vestidos en este momento, quizás con un short y una camiseta si pasan los días en una isla tropical como la mía. Además, es bien cerca, no necesitarán transporte, ni dinero, ni guías, ni siquiera tendrán que cruzar a la acera de enfrente. Porque los estoy invitando a la nueva sección de Mi Librería, solo tienen que subir el mouse… anjá, ahí mismo a la derecha… donde dice PARA NIÑOS… ¡eso!… vayan abriéndola en otra ventana mientras les cuento que esa nueva página es para todos los que tengan niños en casa y para los que tengan alma de niño, porque es una selección, aún incompleta, de poesías infantiles cubanas, con las cuales he trabajado y me he divertido mucho. Lo hice teniendo en cuenta la poca difusión que tienen en otros países, y como mis lectores no se pueden quedar atrás, pues que nadie les haga el cuento: ahí tienen buena poesía infantil, impriman las que más les gusten y se las regalan a sus niños de mi parte.  Ahí quedarán para siempre en esa página traviesa que se ha colado en mi blog… para cuando la necesiten.

La segunda invitación ya es más formal. Aquí sí tendrán que cambiarse de ropas, smoking está bien,  tomar un ómnibus los del lado de allá o un avión los del lado de acá. Los invito al fogón de la Dra. Jomeini, porque el pasado domingo, tuvo la gentileza de darme un espacio de su blog para escribir sobre libros y cocina. Y hasta allá llevé a Leonardo Padura, el cubano cuyos libros todos persiguen porque tienen de todo un poco… ¡y más!. Como no quiero repetirme, no les cuento nada, aquí tienen el ticket de entrada… ¡que lo disfruten!

¿La pasaron bien?

18 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA CUBANA, LITERATURA INFANTIL

Arte para los ojos.

Yo usaba espejuelos. Hace casi veinte años tomé la sabia decisión de operarme  y me puse en manos de unos capacitados doctores que extirparon de mis ojos la indeseable miopía  que amenazaba con avanzar.

Siempre he admirado a los cirujanos, esas personas que aprenden a lidiar con sangre, huesos, ojos… y los manipulan con habilidad, con destreza, casi como jugando, para enderezar, acotejar y componer lo mejor posible lo que la naturaleza o un accidente ha trastocado. Son elegidos, digo yo, porque ante tanto interior expuesto como en bandeja, no todo el mundo permanece de pie.

En esos quijotes del cuerpo he pensado hoy, cuando ha caído en Mi Librería el primer libro de Oftalmología editado en Cuba: Monografía oftalmológica, o descripción de todas las enfermedades que pueden padecer los órganos de la visión. Una joya, sin dudas.

Fue escrito por el Dr. José M. González Morillas, español que ejercía su profesión en La Habana , en la Sala de Santa Lucía del Hospital Militar a mediados del siglo XIX. El libro, editado en dos tomos, fue publicado en 1848 y tiene el valor añadido de ser el primero que vio la luz sobre este tema en castellano. Es el resultado de su experiencia, sus observaciones, deducciones, y todo lo que pudo hacer ante los miles de enfermos que atendió en esos años. Incluye además grabados y dibujos anatómicos, de ojos e instrumentos para mí espeluznantes, para los estudiantes de la época, útiles. La Oftalmología era casi desconocida en Cuba, y los avances europeos quedaban distantes, difíciles de acceder,  de ahí que la obra del Dr. González Morillas constituyó la base de estudios posteriores, resultado de su esfuerzo por trasmitir sus conocimientos.

Por supuesto, no lo he leído completo, solo de ver esos ojos picados al mejor estilo Buñuel  o descubrir el procedimiento para quitar un glaucoma por aquí o un tumor por allá me da escalofríos. Pero la primera parte del libro sí estaba a mi alcance, y me llamó mucho la atención la denominación de ARTE a esta ciencia difícil y misteriosa que es la Oftalmología. Algo capté además de la anatomía y fisiología del ojo, pero cuando entró en las patologías y la terapéutica quirúrgica, tuve que abandonar sin remedio.

Tal vez, para los doctores que me operaron, el libro Monografía oftalmológica esté obsoleto. Pero nadie le quitará su indiscutible valor bibliográfico e histórico, su osadía… y yo lo veo desde este siglo XXI con verdadera alegría, especialmente porque pienso que algo tuvo que ver para que yo un día lanzara desde mi balcón mis horribles espejuelos de miope.

8 comentarios

Archivado bajo LIBROS ANTIGUOS, LITERATURA CUBANA

Tras el humo de un tabaco.

En la pasada Feria del Libro  de La Habana compré Caminos de humo, una antología de cuentos cubanos con aromas de tabaco, donde aparecen veinticuatro relatos cuyos protagonistas, o uno de los personajes, o quizás el leimotiv de todos, es ese habano virtuoso que se distingue por su estimulante presencia, por su despliegue de placer y erotismo, por su cubanísima hidalguía. Si consideramos la proverbial frase: Cuba es la tierra del mejor tabaco del mundo, entonces este librito se vuelve indispensable para lectores empedernidos, fumadores o no,  por puro privilegio natural.

Ya guardaba con celo en mi librero
El Bello habano, escrito por Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura y visitante de Mi Librería, uno de los mejores “conversadores” que conozco.  Es un libro anecdótico, que engarza leyenda y literatura, humor e historia, con la hábil pluma de un maestro. El prólogo  es de un conocido de todos: Vázquez Montalbán. (Si alguien del Club de IB quiere un ejemplar, que levante la mano).

Tabaco y literatura andan juntos desde siempre en el proceso creativo.  Compruébenlo, solo les daré algunos nombres y cuando piensen en ellos, no dejen de colocar entre sus labios un puro y envolver su imagen en la transparencia azulosa de una bocanada: Hemingway, Cortázar, Stevenson, Twain, Whitman, Flaubert, Sartre, Faulkner, Joyce, Lezama, Valery, Mallarmé, Camus… etc, etc, etc.

Mientras preparaba esta entrada,   encontré dos anécdotas simpáticas que no me privaré de cortar y pegar: una de Juan Carlos Onetti, el novelista uruguayo  y otra del filósofo ruso Mijaíl Bajtin.

Onetti siempre contó que había comenzado a escribir por causa del tabaco. A principio de los años 30, recién casado, se trasladó a Buenos Aires, donde estaba prohibida la venta de cigarrillos durante el fin de semana, de modo que los fumadores acopiaban los viernes tabaco para tres días. A él se le olvidó comprar y la desesperación se tradujo en un cuento de apenas cuarenta páginas que escribió en una tarde, sentado ante la máquina de escribir para desahogarse. Era la primera versión de El Pozo, que se publicaría nueve años después. Fue lo único en su vida que escribió sin fumar.

Mijaíl Bajtin fue condenado por Stalin a un exilio forzoso en un lugar donde no había estancos, se vio obligado a fumarse un ensayo sobre Goethe, en el que trabajo por diez años. Mecanografiado en papel cebolla, se confió de tener otro manuscrito guardado en la capital rusa,  el mismo que desapareció patéticamente tras un bombardeo. Literalmente, una obra que se esfumó para siempre. 

A veces humorísticamente, en ocasiones con remilgos y quejas, muchas por detractores, el tabaco aparece en la literatura universal. Cigarro, cigarrillo, puro, breva, tabaco, habano…  la elegante hoja enrollada se defiende en los libros como gato bocarriba.  Escogí a los defensores acérrimos para ilustrar mi comentario, a los que no pueden vivir sin él, a los que alguna vez, le dieron la oportunidad de inmortalizarlo en sus obras.

Por tema de mi conferencia de hoy he elegido el que sigue: «Sobre el daño que el tabaco causa a la Humanidad». Yo soy fumador…, pero como mi mujer me manda hablar de lo dañino del tabaco…, ¡qué remedio me queda!… ¡Si hay que hablar del tabaco…, hablaré del tabaco!… A mí me da igual!… Eso sí…, les ruego, señores, que escuchen esta conferencia con la debida seriedad… Aquel a quien una conferencia científica asuste o desagrade…, puede no escucharla y retirarse… (Se estira el chaleco.) Solicito también una atención especial por parte de los señores médicos…, ya que estos pueden sacar gran provecho de mi conferencia…, dado que el tabaco, a pesar de su carácter perjudicial, es empleado también en medicina. Si, por ejemplo, metiéramos una mosca en una tabaquera…, moriría, seguramente, víctima de un desequilibrio de sus nervios…

Sobre el daño que hace el tabaco
Antón Chéjov.

No comprendo eso- dijo Hans Castorp-No comprendo que se pueda vivir sin fumar. Es privarse, sin duda alguna, de la mejor parte de la existencia y, en todo caso, de un placer muy considerable.Cuando me despierto, ya me alegra el pensar que podré fumar durante el día y cuando como tengo el mismo pensamiento. Sí, puedo decir que como para poder luego fumar y creo que no exagero mucho.Un día sin tabaco sería el colmo del aburrimiento, sería un día absolutamente vacío e insípido y si por la mañana tuviese que decirme:”hoy no podré fumar” creo que no tendría el valor para levantarme. Te juro que me quedaría en la cama. Mira, cuando se tiene un cigarro que tira bien -naturalmente, no ha de haber ningún agujero ni debe tirar mal, esto es una cosa completamente desagradable- , cuando se tiene un buen cigarro, uno se halla al abrigo de todo.

La montaña mágica,
Thomas Mann

Ocurrió que un día no pude ya comprar ni cigarrillos franceses… y tuve que cometer un acto vil: vender mis libros. Eran apenas doscientos o algo así, pero eran los que más quería, aquellos que arrastraba durante años por países, trenes y pensiones y que habían sobrevivido a todos los avatares de mi vida vagabunda. Yo había ido dejando por todo sitio abrigos, paraguas, zapatos y relojes, pero de estos libros nunca había querido desprenderme. Sus páginas anotadas, subrayadas o manchadas conservaban las huellas de mi aprendizaje literario y, en cierta forma, de mi itinerario espiritual. Todo consistió en comenzar. Un día me dije: “Este Valéry vale quizás un cartón de rubios americanos”, en lo que me equivoqué, pues el bouquiniste que lo aceptó me pagó apenas con qué comprar un par de cajetillas. Luego me deshice de mis Balzac, que se convertían automáticamente en sendos paquetes de Lucky. Mis poetas surrealistas me decepcionaron, pues no daban más que para un Players británico. Un Ciro Alegría dedicado, en el que puse muchas esperanzas, fue solo recibido porque le añadí de paso el teatro de Chejov. A Flaubert lo fui soltando a poquitos, lo que me permitió fumar durante una semana los primitivos Gauloises. Pero mi peor humillación fue cuando me animé a vender lo último que me quedaba: diez ejemplares de mi libro Los gallinazos sin plumas, que un buen amigo había tenido el coraje de editar en Lima. Cuando el librero vio la tosca edición en español, y de autor desconocido, estuvo a punto de tirármela por la cabeza. “Aquí no recibimos esto. Vaya a Gilbert, donde compran libros al peso”. Fue lo que hice. Volví al hotel con un paquete de Gitanes. Sentado en mi cama encendí un pitillo y quedé mirando mi estante vacío. Mis libros se habían hecho literalmente humo.

Solo para fumadores
Julio Ramón Ribeyro.

Fumarse un habano, mejor dos, tres, una rueda completa. Encender el próximo con aquel a punto de apagarse. Pasar días y días -esas jornadas en que nada hacemos, en que poco podemos hacer- inhalando el humo de una legión de habanos. Esa podría ser una manera de alcanzar el nirvana, colocarse en resonancia con todo aquello que se espera de un habanero que se aburre y comienza a pensar en fumárselo todo, desde las hojas secas de los árboles hasta su propio cuerpo. Comenzar con los dedos de las manos, las propias, las ajenas, todas hasta alcanzar la transformación en un ser humano en extinción fumándose su propio ser en medio de la Nada. En medio de una ciudad de humo, con personas de humo orgullosas del habano.

Un Cuento de humo.
(Del libro: Caminos de humo)
Ernesto Pérez Chang

12 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LITERATURA CUBANA, LITERATURA UNIVERSAL

Vamos a conversar…

 La lectura hace al hombre completo;
la conversación, ágil;
el escribir, preciso.
Francis Bacon.

Leyendo un ensayo de José Lezama Lima, he caído de lleno en un tema escabroso, pero muy interesante: la conversación.

Y la traigo a Mi Librería porque precisamente aquí, en el quehacer diario, el público que busca un libro idóneo para su tiempo libre, se enfrasca siempre en un diálogo, a veces inteligente y enjundioso, a veces torpe y receptivo, y a veces -y estas son las malas noticias- me acribillan con conversaciones tan ajenas como enfermedades de parientes desconocidos, idilios desenfrenados entre Mengano y Fulana,  o conflictos ideológicos interpersonales que nada me importan y que me hacen poner el marcador al libro de turno con cara de pocos amigos. Muchos confunden el arte de conversar con la capacidad de hablar.

Y no es que no me guste conversar, todo lo contrario, que lo diga Balovega, que el mismo día que llegó a La Habana estuvimos en un intercambio verbal hasta el amanecer, sin agotamientos, sin momentos de calma, sino disfrutando ambas como quien saca todo el zumo de una naranja deliciosa, porque sabíamos que el tiempo no nos daría una segunda oportunidad.

Cuenta Lezama Lima, que Oscar Wilde  era un buen conversador, “relataba y su memoria guardaba cada una de sus sentencias para escoger, para rechazar”. Si existe alguna relación entre la oralidad y lo que luego se cuece en el papel, entonces debió haber sido un genial compañero de cafés. También elogia a Goethe, con su “majestuosa y misteriosa bondad para colocar su omnisciencia, su morfología de lo orgánico, a la altura y al alcance de la mano”. Lezama mismo era un hombre que aglutinaba amigos por su palabra culta y envolvente, dicen los que lo conocieron, que no dejaron de visitarlo para disfrutar de su labia hasta el último día que pisó la tierra. 

Una buena conversación es  asunto serio, que debiera apuntalarse hoy para que no decaiga su gracia, ni su espacio. He leído montones de libros en que poetas, pintores, intelectuales en fin, coinciden en un café para disfrutar de una  sabrosa conversación, que salpìcaba sabiduría a los que se acercaban y veo con tristeza que languidece la tradición con el apresuramiento de estos días y la avalancha virtual que nos ocupa sin consideración alguna.

La habilidad de una buena conversación es como un traje, con él nos presentamos tal como somos:  elegantes, elocuentes, más o menos cultos, receptivos, pacientes, o quizás tontos y mentecatos. Debiera ejercitarse más , darle nuevas oportunidades sería provechoso.

Un hombre con imaginación es siempre un buen conversador y domina, casi inconscientemente,  las técnicas implícitas de la charla: saber escuchar, poder de síntesis, evitar críticas de ausentes, tocar el tema que verdaderamente interesa a tu interlocutor. Luego la creatividad hará la diferencia y en eso hay que reconocer que los buenos lectores llevan ventaja.

Aprovecharé para presentarles al CUENTERO MAYOR: Onelio Jorge Cardoso, y ya verán por qué en  Cuba se le llama así a este hombre singular. Tuve el privilegio de conocerlo cuando era estudiante. Aquel día visitó mi escuela y lo escuché hablar. En un receso se acercó a mi grupo y me pasó el brazo por los hombros y caminamos por un largo pasillo. Él hablaba como escribía: jugando con deliciosas imágenes que convertía en palabras ingeniosas, para luego amasarlas en una conversación tal, que dejaba al oyente atontado, boquiabierto e inevitablemente mudo.

¿No me creen? Lean cómo comienza su cuento emblemático, ese que le dio nombre entre nosotros, El Cuentero, y luego díganme si no van a ir corriendo a ver cómo sigue la historia.

 

Una vez hubo un hombre por Mantua o por Sibanicú que le nombraban Juan Candela y que era de pico fino para contar cosas.

Fue antes de la restricción de la zafra, que se juntaban por esos campos gente de Vueltarriba con gente de Vueltabajo. Yo recuerdo bien a Candela. Era alto, saliente en las cejas espesas, aplanado largo hacia arriba hasta darse con el pelo oscuro. Tenía los ojos negros y movidos, la boca fácil y la cabeza llena de ríos, de montañas y de hombres.

Por entonces nos juntábamos en el barracón y se ponía un farol en medio de todos. Allí venían: Soriano, Miguel, Marcelino y otros que no me acuerdo. Luego en cuanto Juan empezaba a hablar uno se ponía bobo escuchándolo. No había pájaro en el monte ni sonido en la guitarra que Juan no se sacara del pecho. Uno se movía, se daba golpes en las piernas espantándose los bichos, pero seguía ahí, con los ojos fijos en la cara de Juan, mientras él se ayudaba con todo el cuerpo y refería con voz distinta de la suya cuando hablaban los otros personajes del cuento. Allí, con vales para la tienda, y el cuerpo doblado con el sol a cuestas durante todo el día, uno llevaba metido dentro el oído para las cosas que pudieron haber sido y no fueron.

Pero, eso sí, a Juan nunca se le pudo contradecir, porque cerraba los cuentos con una mirada de imposición en redondo y uno se quedaba viendo cómo el hombre tenía algo fuerte metido en el cuerpo suyo. Preciso, certero, Juan sacaba la palabra del saco de palabras suyas y la ataba en el aire con un gesto y aquello cautivaba, adormecía [...]

Si te gustó, no dejes de leer otros como El Caballo de coral ,  Francisca y la muerte , La rueda de la fortuna.

Otro día hablaremos del silencio, pero ahora los dejo, que un buen conversador debe saber callar a tiempo.

22 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LIBROS PREFERIDOS, LITERATURA CUBANA, LITERATURA UNIVERSAL

Cinco poemas de amor: Nicolás Guillén

Esto es solo un acercamiento a la poesía cubana por el día de los enamorados. Es tan abarcador este mundo que solo me atreví a mostrar la lírica de nuestro Poeta Nacional  Nicolás Guillén, para que cada uno elija, para que cada uno sueñe a su manera, para que nadie carezca hoy (¡ni nunca!)  de una frase y no exista un pretexto para dejar de susurrarle a la persona amada unas hermosas palabras de amor.

A VECES

A veces tengo ganas de ser cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!

A veces tengo ganas de ser niño
para llorar acurrucado en su seno.

A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir,
bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor
rompiéndome el pecho,
una flor, y decir:
Esta flor, para usted.

CANCIÓN.

¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera!
(yo, muriendo.)

Y de qué modo sutil
me derramó en la camisa
todas las flores de abril.

¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera la primavera?
(No soy tanto.)

En cambio, ¡qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!

¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera!
(Yo, muriendo.)

MARIPOSA.

Quisiera hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara sobre tu cuerpo cálido
de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…

Quisiera hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

CERCA.

Cerca de ti, ¿por qué tan lejos verte?
¿Por qué noche decir, si es mediodía?
Si arde mi piel, ¿por qué la tuya es fría?
si digo vida yo, ¿por qué tú muerte?

Ay, ¿por qué este tenerte sin tenerte?
Este llanto ¿por qué, no la alegría?
¿Por qué de mi camino te desvía
quién me vence tal vez sin ser más fuerte?

Silencio. Nadie a mi dolor responde.
Tus labios callan y tu voz se esconde.
¿A quien decir lo que mi pecho siente?

A ti, François Villón, poeta triste,
lejana sombra que también supiste
lo que es morir de sed junto a la fuente.

CÓMO NO SER ROMÁNTICO Y SIGLO XIX

Cómo no ser romántico y siglo XIX,
no me da pena,
cómo no ser Musset
viéndola esta tarde
tendida casi exangüe,
hablando desde lejos,
lejos de allá del fondo de ella misma,
de cosas leves, suaves, tristes.

Los shorts bien shorts
permiten ver sus detenidos muslos
casi poderosos,
pero su enferma blusa pulmonar
convaleciente
tanto como su cuello-fino-Modigliani,
tanto como su piel-margarita-trigo-claro,
Margarita de nuevo ( así preciso ),
en la chaise-longue ocasional tendida
ocasional junto al teléfono,
me devuelven un busto transparente
( Nada, no más un poco de cansancio ).

Es sábado en la calle, pero en vano.
Ay, cómo amarla de manera
que no se me quebrara
de tan espuma tan soneto y madrigal,
me voy no quiero verla,
de tan Musset y siglo XIX
cómo no ser romántico.

15 comentarios

Archivado bajo LITERATURA CUBANA

Recorrido teatral en Mi Librería

¿Se lee teatro?
Hice un repaso por los libros más vendidos en Mi Librería de este género literario y lo más solicitado recayó, como esperaba, en las obras que forman parte del sistema de enseñanza y en segundo lugar, en obras clásicas cubanas que con frecuencia están en el repertorio de los grupos aficionados.

De las primeras, la más demandada fue Romeo y Julieta, la tragedia de Shakespeare, ya una vez les conté una anécdota humorística con esta obra.  Muchos se asombran de su brevedad, entonces yo aprovecho y descargo toda una conferencia para terminar recomendando  esa alocada fantasía de amor que es Sueño de una noche de verano, de la que recuerdo siempre su grata versión cinematográfica, protagonizada por Michelle Pfeifer y Kevin Kline. Muchos la criticaron, pero yo, que no sé nada de cine, la disfruté bastante.


De España: La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, donde aparece mi querida tocaya  Adela, que me pone a conversar sobre su rebeldía,  su afán de ir contra las reglas, ella me gusta, aún con su trágico final. Lorca tiene una historia en Cuba que algún día contaré. Le siguen Fuenteovejuna, de Lope de Vega y La Vida es sueño, de Calderón de la Barca. Por cierto, un día me sorprendí releyendo esta última con un lápiz en la mano y terminé destacando citas muy interesantes y enamorándome del texto. ¿No la has leído aún? Inténtalo, te llevará poco tiempo.

Otra muy pedida fue Casa de muñecas, de Henry Ibsen, que se editó aquí en una antología llamada Teatro realista escandinavo y que incluía obras  tan buenas como La Señorita Julia, del sueco August Strindberg. Estos teatros que tratan el tema de los conflictos cotidianos, aparentemente inadvertidos, se leen como novelas. Creo que a esos que saltan sus lecturas de diálogo en diálogo deben gustarle mucho. Pero son mucho más, son un acercamiento a la pìel misma del dilema moderno de la mujer, no se pueden pasar por alto.

De América, solo recuerdo haber vendido Un Tranvía llamado deseo,  de  Tennessee Williams  y sé que solo lo buscaron los muchachos que cursan estudios universitarios de Teatrología o Historia del arte. Claro que pienso en  Marlon Brando ¿cómo olvidarlo?.  Me gustó mucho su autobiografía Brando por Brando.

También ellos solicitaron a los antiguos: SófoclesEsquilo y Eurípides  fundamentalmente. Menos mal.

En fin, solo clásicos. Nadie se aventura con algún autor desconocido, como ocurre con la novela y la poesía. El teatro latinoamericano parece que no existe… ¿o sí?

De lo cubano, También predomina lo ya establecido y madurado: Requiem por Yarini, de Carlos Felipe, que narra la historia de un chulo del barrio de San Isidro por los años cincuenta; María Antonia, de Eugenio Hernández, que toca elementos de la religión afrocubana y la emblemática Santa Camila de la Habana Vieja de  Brene, con los conflictos de los años 59 y 60, y que ha sido representada en todos los tiempos y tiene varias versiones para la televisión.

Las comedias costumbristas de Héctor Quintero  son las más representadas por nuestros grupos de aficionados: Contigo pan y cebolla y Sábado corto, simpáticas y agudas, siempre bien recibidas. Una de las últimas películas cubanas está basada en una obra de este autor: El Premio flaco, ya la verán por ahí. No faltó tampoco  Virgilio Piñera, Son sus obras muy complejas, verdaderos retos para grupos de teatro profesionales, excelentes joyitas.

Y esta es la parte en que alguien me pregunta: ¿y tú, lees teatro?. Y no me queda más remedio que responder sinceramente: no. Confieso que no es porque no me guste el género, sino porque ¡no me cae nada en las manos!

Por eso dejo en el aire la inquietud: ¿no se lee teatro porque no se escribe? ¿o se escribe y no se publica? ¿no gusta el género? ¿o está hecho solo para verlo y no para leerlo? ¿es un libro técnico?

¡Tanto teatro infantil que leímos y dramatizamos en nuestra infancia!… ¿a dónde fue a parar? ¿sólo al teatro, de vez en cuando?

 

14 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LITERATURA CUBANA, LITERATURA UNIVERSAL

Pasión por el béisbol.

Era un tipo extraño,
no jugaba pelota ni nada…

El Nido de la serpiente.
Pedro Juan Gutiérrez.

El béisbol es un enigma. Nadie sabe lo que va a ocurrir cuando un pitcher esconde la pelota en su espalda, aguzando la mirada hacia el receptor, captando señas misteriosas, para luego traerla hasta su pecho, como adorándola antes de ser lanzada. En ese instante de intercambios codificados, la respiración de miles de aficionados se detiene, y por unos segundos, todos están pensando exactamente lo mismo: ¿qué pasará?

El béisbol… o la pelota, como decimos en esta Isla, está visceralmente relacionado con la tradición y la cultura cubana. Es una mezcla sin límites definidos y va dejando su huella por donde quiera que pasa. En la poesía: Aedas en el estadio, (compilación); en las canciones: Soñar en azul, Dúo Buena Fe; en las novelas: El Navegante dormido, de Abilio Estévez ; en los cuentos: Escribas en el estadio (compilación); en obras de teatro: Llévame a la pelota, de Ignacio Gutiérrez;  en un montón de guías y libros sobre la historia de este deporte: Con las bases llenas, de Félix Julio Alfonso; en  películas: En 3 y 2; en documentales: Fuera de liga de Ian Padrón… y en el lenguaje.

El vocabulario beisbolero mantiene una relación constante con el lenguaje en general. Puede que unos pìensen que empobrece el idioma, que promueve la entrada de extranjerismos, en fin, lo cierto es que su impronta en el argot criollo lo hace original, rico y divertido. Pongamos algunos ejemplos de los más usados:

COGER FUERA DE BASE:
Cuando un jugador es sorprendido adelantando mucho y puesto out.
Se usa: cuando una persona es sorprendida en algo indebido.

CAER DE FLY:
El fly ocurre cuando la pelota es atrapada por la defensa, sin haber tocado el suelo, es decir, de aire.
Se usa: cuando una persona aparece de imprevisto, sin avisar.

TOCAR LA BOLA:
Es una jugada para adelantar jugadores en base, un sacrificio, aunque con ella no salga  un gran batazo. Se puede llegar a primera.
Se usa: cuando algo ha salido bien por alguna maniobra sencilla.

SER CUARTO BATE:
Se refiere al jugador más potente del equipo, al que da más jonrones.
Se usa: con una persona que come mucho, también con alguien que haga algo muy bien.

DAR CURVAS:
La curva es un tipo de lanzamiento, difícil y esquivo.
Se usa: para evadir un tema, decir mentiras.

EN 3 Y 2:
Es el conteo máximo permitido a un bateador, después de eso, o se embasa o se poncha.
Se usa: para decir que se está en el límite de las posibilidades.

EMBASARSE:
Llegar a una base es el objetivo de cada bateador, ya sea por hit, toque de bola, error, base por bolas, o deadball.
Se usa: para una persona que ha llegado a una casa sin invitación, sobretodo por largo tiempo.

QUIETO EN BASE:
Es cuando el corredor tiene que mantenerse tranquilo porque es muy vigilado por el pitcher y el catcher, no puede robar bases.
Se usa: cuando hay que permanecer tranquilo por X circunstancias.

HACERLE SWING, O NO:
Swing es el movimieto del bateador para darle a la pelota.
Se usa: cuando te gusta o no una cosa

NO LA VIO PASAR:
Frase que significa que el pelotero no le tiró a una bola buena y por tanto fue strike.
Se usa: cuando se deja pasar una oportunidad.

etc, etc, etc…

En Cuba no hay aficionados al béisbol: todos somos expertos. O eso nos creemos. Si el tema es la pelota será difícil conversar, siempre se termina en una apasionada discusión.

Es un deporte en que las posibilidades son infinitas, inesperadas, por eso hay mil estadísticas que llevar: quién dio más jonrones, más hits, quién se ponchó más, qué equipo es el más ganador, quién impulsó más carreras, qué lanzador tiene mejor promedio, quién robó más bases… y así hasta nunca acabar.

Mi Librería también tiene su equipo preferido: Industriales, su color: azul, su pelotero: Javier Méndez., número 17.

Como todos, grito de alegría cuando ganamos y culpo al manager cuando perdemos. Por eso, hoy saldo mi deuda con esta pasión. Y es que, como se dice por ahí, lo único mejor que el béisbol…

¡es hablar de béisbol! 

Recomiendo: la canción Soñar en azul, del dúo Buena Fe

y el documental Fuera de liga, de Ian Padrón en Youtube

12 comentarios

Archivado bajo COMENTARIOS, LITERATURA CUBANA