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Libros de chocolate

“El chocolate hace renacer la vida,
es el disfrute total de los sentidos”.

Nos conocimos precisamente aquí, en Coppelia, la Catedral del helado, un día de esos en que uno no sabe si cuando termine la merienda va a perderse calle arriba o calle abajo. Vino hasta mi mesa, y murmurando “con permiso” se instaló en la silla de enfrente con sus bolsas, carteras, paraguas, rollos de papel y la copa de helado. Le eché una ojeada: no había que ser muy sagaz para ver de qué pata cojeaba; y habiendo chocolate, había pedido fresa.

Acaban de leer uno de los párrafos iniciales del cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz, sobre el que se hizo la emblemática película cubana Fresa y chocolate. Aquí los sabores representan las inclinaciones sexuales de los protagonistas (fresa: homosexualidad; chocolate: hombre, macho, varón a toda costa),  pero en ese contraste no solo aparecen sus diferencias externas,  es historia de prejuicios, rechazos, redescubrimientos, enfrentamientos, amistad, pasión… ya veremos cómo termina.

Lo cierto es que el CHOCOLATE, así con mayúscula (y si pudiera le pondría una corona), también tiene su espacio en la literatura, y que conste, es lo suficientemente grande para abarcar montones de libros.

El primero que me vino a la mente fue Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, del que ya les conté un día  que guardo con especial cariño porque me lo regaló mi prima Maguie  (estodevivir), a quien por cierto, no le gusta el chocolate, creo que es un defecto físico, la pobre. En el libro de la escritora mexicana, el refrán que le  da el título significa el punto exacto de estallar, ya sea de rabia o de pasión, pero bien podría simbolizar todo el ambiente sensual en que está envuelta la novela, historia mágica donde  la gastronomía juega un importante papel.

Luego pensé en un libro infantil que llevan todos los cubanos en su memoria: La Flauta de chocolate, de la querida Dora Alonso, que también conocen de un post anterior. Aquí decir chocolate es decir, alegría, divertimento, recuerdo infantil. Y son muchos los libros para niños en que el dulce sabor es protagonista, recuerden a  Roald Dahl y su exitosa novela Charlie y la fábrica de chocolate, que Tim Burton llevó muy bien a la pantalla grande.

A partir de ahí tuve que hurgar un poco más en mi memoria y recordé la película donde Juliette Binoche atrapaba a medio pueblo con sus seductoras tazas de chocolate, sus bombones… yo hubiera sido la primera en caer, lo confieso.  Ese filme tuvo su génesis en la novela  Chocolate, de Joanne Harris, donde el producto  ayuda a transformar la vida de las personas, las vuelve optimistas, alegres, es el dulce  pretexto para llegar a los demás. Y le funciona, ya lo creo.

Pensé  en América, tierra de donde partió el sabor amargo del chocolate, endulzado luego por manos españolas, difundido a Italia y Francia posteriormente, según he leido.  Los hombres que le sacan a la tierra el fruto venerado están pintados en todos sus matices, en la novela Cacao, del brasileño Jorge Amado, sí, el mismo de la famosa Gabriela, clavo y canela. Pero hay más, una novela de igual nombre Cacao, de Michele Kahn narra cómo llegó a Europa el americano chocolate, una trayectoria llena de visicitudes, contada a través de una familia de origen judío, basada en hechos reales.

Entonces empecé a buscar  por aquí y por allá (léase libreros y web) y tropecé con una avalancha de títulos, recetas, diseños, películas… y en lugar de decantar e ir a lo que me interesaba, me he pasado dos o tres días deleitándome en este dulce mundo del chocolate, tanto, que sin darme cuenta he aumentado casi cinco kilos (¿o serían los bombones del 14 de febrero?). Y por aquello de que me cuesta quedarme callada, les tengo que comentar que entre lo que más me gustó, aparte de los libros, claro está, fue el diseño del arquitecto  brasileño Oscar Niemeyer para una nueva caja de chocolates  y las recetas del Libro de oro. También descubrí las virtudes del chocolate, algo a tener en cuenta al  comenzar la próxima dieta. Hay más, pero volvamos a la literatura.

Aquí los nuevos, de los que no tenía idea alguna:

CHOCOLATE CON LLUVIA
Autor: Alice Vieira

LA TAZA DE CHOCOLATE
Autor: Héctor Palacios 

MI PLANETA DE CHOCOLATE
Autor: Manuel Cortés Blanco

CHOCOLATE CON VENENO
Autor: Desiderio Vaquerizo

BLOOD AND CHOCOLATE
En español se editó con el nombre: La Marca del lobo.
Autor: Annette Curtis Klause.

A estas alturas, solo he buscado títulos, porque si vamos a los textos que describen el delicioso elixir de los dioses (ya sé que hay unos cuantos que quieren llevarse ese título, pero para mí, no hay otro) entonces la lista sería interminable. Por solo mencionar uno, vamos a degustar la descripción de Muriel Barbery en su libro Rapsodia Gourmet:

http://fabsfood.blogspot.com/2011/01/mini-cupcakes-de-cacao-y-haba-tonka.html¡Las magdalenas al cacao Tonka o el arte del escorzo insolente! Sería insultante creer que  un postre de Marquet pudiera contentarse con arrojar en un plato unas pocas magdalenas raquíticas espolvoreadas de pepitas de chocolate. El panecillo era un mero pretexto, era un himno, un cántico ferviente a lo dulce, ornado con su capa de cacao, que se fundía en la boca y en el que, el frenesí de la masa, la fruta confitada, el azúcar glas, las crepes, el chocolate, el sambayón, las frutas rojas, los helados y los sorbetes se saboreaba una declinación progresiva de calor y frío en mi lengua experta, chasqueando con compulsiva satisfacción, danzaba la giga endiablada de los bailes de gran alborozo.

Ustedes alégrense de que yo no sé escribir como ella, de lo contrario, esta entrada hubiera sido infinita. En fin, que le debía unas letras al chocolate, porque me ha hecho pasar ratos deliciosos, porque me endulza el alma y me apasiona , porque me calma,  porque me salva. Es así, no puedo dejarlo pasar.

¡Ah! ¿Que cómo termina Fresa y chocolate? Mi Librería recomienda  que vean la película  si no tienen el libro, pero bueno, para los más ansiosos, ahí va:

Y quise cerrar el capítulo agradeciéndole a Diego, de algún modo, todo lo que había hecho por mí, y lo hice viniendo al Coppelia y pidiendo un helado como éste. Porque había chocolate, pero pedí fresa. 

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Coctelería Cubana… para leer y probar.

Mi Daiquirí en el Floridita,
mi Mojito en la Bodeguita.

Ernest Hemingway

A petición de fiestaenlacocina, hago este post.

Y por puro deleite, además, porque Mi Librería no puede obviar tanta bibliografía alcohólica que por ahí se pasea, ni vamos a dejar de compartir esos cocteles cubanos que hoy gozan de fama internacional y que tan oportunos resultan para amenizar la tarde.

El ron cubano es una carta de triunfo, lo confirman su aceptación y su prestigio, especialmente su líder indiscutible, el Havana Club. Con él se preparan deliciosos cocteles que estimulan la cordialidad humana, como diría el experto Fernando G. Campoamor en su librito Coctelería cubana: 100 recetas con ron.

Del mismo autor hay otro libro muy interesante: El Hijo alegre de la caña de azúcar: biografía del ron, del que hacía mucho tiempo quería conversar. En él hay mucha historia, pues la existencia del ron depende, como todos sabemos, del azúcar y esa, blanca o negra, cruda o refinada, libre o esclava, ha marcado esta Isla desde los tiempos de la colonia y fue centro de la economía por siglos, por tanto,  influyó decisivamente en la vida cultural del cubano.

Tantas anécdotas hay detrás de cada coctel, tantos personajes y remembranzas, que tuvo la literatura que sacarla del bar y ocuparse de su permanencia. No hay libro de cocina cubana que no dedique un capítulo entero a la coctelería. Son libros buscados, añorados, conservados con celo de coleccionistas.

Bueno sería que no se dejaran engañar con mezclas falsas, por eso hoy, los que visiten Mi Librería, se irán con las recetas originales de los mejores diez cocteles cubanos.

DAIQUIRÍ
(el preferido de Hemingway, lean su historia aquí)

En la batidora:
1/2 cdta. de azúcar
1/4 onza de jugo de limón
gotas de marrasquino
1 1/2 onzas de ron blanco
hielo frapé
Batir bien y servir en una copa de champán.


CUBA LIBRE

En un vaso de jaibol (de 8 onzas):
1 1/2 onzas de ron blanco
Colocar cubos de hielo.
Completar con refresco de cola
Añadir gotas de limón
Revolver.


MOJITO

En un vaso de jaibol:
1/2 cdta. de azúcar
1/4 onza de jugo de limón
Diluir bien con un poquito de agua de soda.
Añadir hojas de yerbabuena y machacar el tallo (sin dañar las hojas)
para que suelte el jugo.
Cubos de hielo.
Agregar 1 1/2 onas de ron blanco.
Llenar el vaso con agua de soda y revolver.
Adornar con hojas de yerbabuena.


PRESIDENTE

En la coctelera:
1/2 onza de vermouth rojo
1 1/2 onza de ron blanco
gotas de granadina
Trozos de hielo.
Retorcer sobre la copa una cáscara de naranja para que suelte el aceite.
Adornar con la cáscar y una cereza.


RON COLLINS

En un vaso alto de jaibol:
1/2 cdta. de azúcar
1/4 onza de jugo de limón
Diluir bien.
1 1/2 onza de ron blanco
Llenar el vaso con agua de soda y revolver.
Adornar con una rodaja de limón y una cereza.

 

MARY PICKFORD

 En la coctelera:
1 1/2 onza de jugo de piña
1 1/2 onza de ron blanco
1 cdta. de marrasquino
Trozos de hielo
Batir a mano y servir colado en una copa de coctel.
Adornar con una rodaja de piña.

 

ISLA DE PINOS

En la coctelera:
Cubos de hielo
1 1/2 onzas de ron blanco
3 onzas de jugo de toronja
Revolver y servir colado
en una copa de coctel.

 

MULATA

En la batidora:
1/4 onza de jugo de limón
1 1/2 onzas de ron AÑEJO
1/2 onza de crema de cacao.
Una buena cantidad de hielo frappé.
Batir bien y servir
en una copa de champán.

 

SAOCO

En un vaso alto de jaibol o
preferiblemente en el envase
natural del coco:

2 onzas de ron blanco
4 onzas de agua de coco
Cubos de hielo
Revolver y servir con absorvente.


CUBANITO

En un vaso de 10 onzas:
1 ½ onza de ron Havana Club Añejo Blanco
½ onza de jugo de limón
5 onzas de jugo de tomate
1 cucharadita de salsa inglesa
Hielo
Salsa picante
Sal
Adornar con una rodaja de limón

Sean cuidadosos con las medidas, porque como dice Campoamor:  en ese punto no cabe creatividad sin el peligro de malograr el sabor y el cuerpo de la bebida que se eligió, por ejemplo, si en lugar de agregar marrasquino al Mary Pickford, le añadimos granadina, lo que tenemos es un Havana Special… ¡y aquí es donde el libro se hace imprescindible!

 Les dejo de tarea para la casa la deliciosa Piña colada, el Habana Libre y el espectacular Bellomonte.

¡Salud!

 

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Islas de papel.

Nos seduce la idea de pisar tierra de nadie, alejarnos del escenario que nos acoje por años, mundano y continental, y entregarnos a la fascinación que nos ofrece una isla paradisíaca,convertidos en conquistadores y a la vez conquistados por sus tintes desbordantes, sus misterios por descubrir, sus aventuras fabulosas detrás de cada recoveco.
Será que el hombre sueña con lo extraordinario y cree que la soledad de la isla se lo ofrece. Rodeada de mar, puede ser un día prisión y libertad, soledad y plenitud, silencio y alborozo, peligro y paz. Y, como mujer inconstante, es quizás en esa ambivalencia donde radica su encanto.
Yo vivo en una isla grande, la mayor de las Antillas, y siento esa peculiar insularidad que nos condena a la nostalgia cuando pisamos el continente. Pretendemos los isleños ser diferentes por esa condición de desarraigo en tierra firme, pero para bien de los otros, amanecemos siempre con la risa limpia que nos arranca el mar, rodeando nuestro día de su optimismo azul y persistente.
La literatura universal no se ha privado del misterio y las posibilidades creativas que ofrecen las islas, y como no le bastó al hombre lo que la naturaleza le regaló generosamente, tuvo que inventar las suyas propias, acomodándolas a su gusto. Naveguemos hoy por el inmenso mar de letras que inundan nuestras bibliotecas y hagamos escala en algunas islas imaginarias inmortalizadas en la geografía de los libros.

NUBLAR

Esta isla es fruto del ingenio de Michael Crichton, la puso a 120 millas de Costa Rica y en ella colocó nada más y nada menos que su conocido Parque Jurásico.
El clima tropical, las selvas densas, dos ríos atravesándola, todo bien combinado para el buen vivir de unos dinosaurios que el cine se encargó de inmortalizar. Hay otros títulos de este autor que me gustan más, pero como hemos dicho otras veces, cada libro tiene su lector… y a mí me gusta la isla.

SAREK

Creada por Maurice Leblanc, para su novela La Isla de los treinta ataúdes.  Los hechos ocurren en 1917, en una supuesta isla cercana a las costas de Bretaña.  La joven protagonista recibe la noticia de que su marido, de quién no sabe hace catorce años (esto me intriga mucho más), ha muerto misteriosamente en la isla. Ella va y allí se queda para siempre. Para quien guste del suspense, las profecías y el misterio bien dosificado, no renuncie a esta visita a la isla Sarek, donde el terror supersticioso de sus habitantes pueden convencernos de que realmente existió, aunque algunos piensan que realmente Leblanc fantaseó invirtiendo la real isla Sark.

NÚMENOR

Isla ficticia de J.R.Tolkien, aparece en El Señor de los anillos, donde es considerada el más importante reino de los hombres de Arda. La isla de Númenor fue formada bruscamente como una estrella de cinco-puntas.  En el centro de la isla estaba la montaña Meneltarma (el pilar del cielo). La ciudad de los reyes era Armenelos en el sudoeste al pie de las colinas. Según consultas hechas, Númeror es destruída y tragada por el mar: la isla había alcanzado tal grandeza que sus reyes se volvieron vanidosos y provocaron guerras que terminaron en su desaparición.

CASPAK

Es la antecesora de Nublar. Sí,  ya existía una isla semejante en la trilogía La Tierra olvidada por el tiempo, de Edgar Rice Burroughs, solo que en esta, los animales que la habitan son originales, los viajeros pueden observar los extraños procesos de evolución que se dan en la isla, y encontrar especies en distinto grado de evolución, según el lugar donde estuvieran. Solo voy a refrescar la memoria para los que fruncieron el ceño con el nombre del autor… ¿recuerdan a Tarzán?

La lista es infinita, mencionaré algunos, pero estoy segura que ustedes la ampliarán con creces:

LA ISLA DEL DOCTOR MOREAU,  H. G. Wells.

LA ISLA DE LA FELICIDAD, H.C. Andersen.

LA ISLA DEL TESORO, Robert Louis Stevenson.

LA ISLA DE ARTURO, Elsa Morante.

ALTRURIA, de William Dean Howells, en Un viajero de Altruria.

ATLANTIDA, de Platón, en Critias.

BALNIBAMI, LAPUTA y GLUBDUBDRIB, de Jonathan Swift, en Los Viajes de Gulliver.

ANTANGIL, de Joachim de Moulin.

BARATARIA, de Cervantes, en El Quijote.

BENSALEM, de Francis Bacon.

LA ISLA DE LOS BIENAVENTURADOS, de Luciano Samosata, en Historia verdadera.

LA ISLA DEL FIN DEL MUNDO, de Edgar Allan Poe.

LA ISLA DE LOS INMORTALES, de Jorge Luis Borges.

ICARIA, de Etienne Cabet.

Las islas han sido útiles a los escritores. En ellas han recreado grutas y montañas, animales monstruosos, nativos, árboles gigantes, frutas exóticas, playas de éxtasis, volcanes y tesoros. Todo el sentimiento humano en perfiladas islas rodeadas de un mar inaccesible, condición muy oportuna para que el lector ingenuo y soñador se lance a buscarlas y…

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CRUCIGRAMA LITERARIO:¡Post # 100! (Actualizado)

 

Casi sin darme cuenta, Mi Librería llega hoy a la primera centena de entradas. Más de 70 000 visitantes han pasado por aquí, a conocer un pedacito de mi Habana y de la literatura que se hace en esta isla. Estoy feliz por haber llegado y más aún por todo lo que me queda por andar. Por eso les traje un regalo: un crucigrama literario hecho por mí, con mil defectos, ya verán, pero fue una empresa tan difícil que tuve que adicionarle todo mi cariño para compensar. Descarguen el pdf  y arriésguense a llenarlo, muchas respuestas están en este mismo blog… luego me cuentan.


DESCARGAR CRUCIGRAMA


 Ahora, gracias a la colaboración de Diana, pueden rellenarlo aquí mismo, y solo cliqueando sobre las casillas numeradas se pueden leer las preguntas… ¡Así de fácil!

 

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El cine en las novelas… y no al revés.

Que la literatura ha sido del cine inspiración, génesis, punto de partida, no es decir nada nuevo.  Lo corrobora el hecho de que todas las grandes obras que la humanidad ha escrito se han llevado a la pantalla grande con más o menos acierto, desde El Quijote hasta Harry Potter, desde Lo que el viento se llevó,  hasta la cubana El Siglo de las luces. El cine siempre quiso ponerle rostro a la palabra para hacerla tangible.

Aún sin venir de una novela, el filme antes de ser tal, ya es literatura, y aunque algunos no reconozcan el guion como un género, no es menos cierto que se han publicado muchos y pueden leerse como una obra teatral y disfrutarse aún sin haber visto la película. Para mí, lo es.

 Sin embargo, quiero ver esa relación a la inversa: el cine como punto de referencia para ubicar y enriquecer una época, para dar determinado ambiente a la novela o para mostrar gustos de los personajes que después delinearán su personalidad.

El cine sobrevivió a guerras, presenció descubrimientos, compartió la historia junto a los libros. Como fenómeno social que llega a la mayoría, el cine aparece en la literatura, a veces de forma imperceptible, complementándola, enriqueciéndola. La literatura siempre quiso ponerle palabra a la imagen para hacerla imperecedera.

Hay mucho para escoger en Mi Librería, siempre me quedo con deseos de decir más. Pero una muestra breve nos traerá otras imágenes, nos pondrá a recordar textos y ese ejercicio de la memoria es bien gratificante.

Yo solo pongo el punto de partida… y aprovecho para ilustrar con lobby cards, que me encantan.

En el cine Imperio exhibían Ben-Hur. Las puertas de la sala aún no se abrían y ya se amontonaba un gentío enorme. La parte alta del frontis del cine se veía cubierta casi por completo de un gigantesco cartel de propaganda con una espectacular carrera de carros romanos pintada a todo color. La escena estaba copiada casi perfectamente del afiche oficial de la superproducción. Aquellos enormes carteles de afiches de películas coloreados con latex siempre lo habían maravillado. ¿Quién sería el Miguel Ángel que pintaba aquellas obras de arte?

Himno del ángel parado en una pata.
Hernán Rivera Letelier.

Los cines estrenaban Acattone, La Dolce vita, El Caso Morgan, Rashomón y, en uno o dos pases del Cine Club Universitario, Persona, de Bergman. Aquella fue la oportunidad que Dios  dio a los humanos de reconciliarnos, pero no lo supimos comprender y algunos se pusieron a tirar bombas…
Una vez, le pregunté cuál había sido la vergüenza más grande que hubiera pasado…  Me contó que fue en La Quimera del oro, cuando Charlot se enamora de la muchacha y esta, cumpliendo su promesa, lo visita en la cabaña con sus amigas, y cuando se marchan, Charlot queda tan feliz que empieza a dar brincos, así como es él, y rompe almohadones y baila mientras las plumas caen por todas partes y se le pegan a la cara y el traje…pero he aquí que la muchacha, ya lejos, se ha dado cuenta de que ha olvidado el guante en la cabaña y decide regresar por él. ¡Ay, Dios santo, va a descubrir a Charlot en su ridícula ceremonia!

En el cielo con diamantes
Senel Paz.

Ahora bien, esto le pasa al hombre que cuando niño fue por última vez a la matinée del teatro de barrio saboreando hasta la indigestión helados de gustos discernibles, mientras ve una de Gregory Peck que se le ha acabado el agua y un coyote acarajado-feazo- le va mordisqueando un cordel que le mana del estómago.

Cuento: Pajarraco

… me puse tan profundamente triste, tan avergonzado. con las manos cruzadas sobre los pantaloncillos, que la miré a los ojos y le sonreí, como si alguno de esos huevones de Hollywood estuviera filmándonos para el Cinemascope. Pero la verdad es que ni ella ni yo dábamos más que para un rotativo de barrio, ni siquiera para hora veinte minutos de rollo, acaso a lo más para una sinopsis entre medio de una de John Wayne con Robert Mitchum y una de Mel Ferrer con Audrey Hepburn, no dábamos ni para una calcomanía, ni para una nota al margen de una novela…aunque Dios que está en todas partes (como dicen los que lo han visto) hubiese captado de pura buena gente este pedazo, el tipo que le hace en el laboratorio el montaje habría cortado los pedacitos de nuestra escena y se los habría regalado a los niños que necesitan un trozo de celuloide para mirar qué bonitos son los eclipses.

Cuento:Basketball
Ambos de Antonio Skármeta

El cartel mal hecho de la entrada anuncia para la segunda tanda a Bette Davis en Jezabel la tempestuosa.Berta paga los cinco centavos de la entrada (solo son cinco centavos, hoy es Día de Damas), y se deja guiar por una muchacha aburrida que porta linterna…a ella nunca le han hecho gracia las películas que hacen gracia. Prefiere un buen drama de Joan Crawford, Olivia de Havilland o Lana Turner. Eso por no hablar de Vivian Leigh en Lo que el viento se llevó. Pero falta un poco para disfrutar a Bette Davis en Jezabel. Antes, el espectador está obligado a consumir una de esas estúpidas películas de relleno.
Entonces, la cara del Flaco ocupa completamente la pantalla manchada y amarilla. Un instante, un fugaz instante en que mira al público de la sala, se rasca la cabeza y sonríe. La brevedad de la sonrisa no impide que la señorita Berta experimente un estremecimiento…Algo en esa sonrisa la perturba, la conmueve hasta las lágrimas. Por eso, sucede lo que sucede, por eso se pone de pie y grita, grita sin importarles que todos se vuelvan indignados, silben, la manden a callar. No le importa. La tiene sin cuidado que la acomodadora aburrida intente sacarla a la fuerza del cine. Lo único que Berta quiere es detener la imagen sonriente de Stan Laurel, aquel relámpago (efímero como cualquier revelación) que por un segundo la hace tener la certidumbre de que está salvada
.

Tuyo es el reino
Abilio Estévez

 

THE END

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La Biblioteca afectiva

 Hay libros que no aparecen en antologías, ni sus autores logran éxito publicitario, ni serán recordados por generaciones. Hay otros que son objeto de estudio, que marcan estilos y vanguardias. Pero la Biblioteca afectiva, TU biblioteca, no entiende de criterios ajenos, ni escucha recomendaciones, ni olvida aquel librito que te enseñó a leer, o aquel que colocabas en la almohada de niño y que quién sabe dónde esté hoy. La Biblioteca afectiva es estrictamente personal, solo existe en nuestra memoria.

Pienso en esto porque hace unos días, cuando Mi Librería hizo una compra en una casa particular, encontré un librito de apenas cuarenta páginas que yo conocía antes de saber leer. Cuando lo vi, se me fueron las manos hacia él y seguramente alguien rió a mis espaldas por ver con qué emoción salvaba aquel folletico insignificante de la basura.

Se llama Luis y el león, y estoy convencida de que solo yo en el mundo entero, lo recuerda con cariño. Bueno, me imagino que la autora también, Verónica Marek, que puede ser húngara o rumana y que no encontré por los recovecos de Google ni por ninguna parte.

De esa primera infancia también incluyo Cuentos y estampas, al que ya le dediqué un post y recomiendo que regresen a él, pues en los comentarios hay una oferta desde Brasil. No la dejen pasar los que tiene niños en casa.

Aprendí a leer con:

Mi monita maromera
salta de la mata al muro
mi monita maromera
come plátano maduro.

¿Dónde estará? Era un libro de texto de primer grado por allá por los años 60. Ha llovido mucho y el Ministerio de Educación no se detuvo. Bien sé que esa monita está en la Biblioteca afectiva de un montón de cincuentones actuales.

Cuando tenía alrededor de diez u once años, becada en una escuela deportiva, me gustaba visitar la biblioteca escolar. Hoy no tengo que hacer un gran esfuerzo mental para visualizar el libro que más pedía: Leyendas de Mesopotamia. Era de gran formato, profusamente ilustrado y probablemente editado en España por la década del 70. ¡Cómo viajé con ese libro en tiempo y espacio! Para mí, Mesopotamia aún existía y era el centro del mundo.

Con mi padre compartí muchas tardes experimentando con las propuestas del libro Física recreativa de Perelman. Fue una época de descubrimientos, de reguero sobre la mesa, agua, fuego y asombros. Luego compartí esta experiencia con mis hijos, y volví a meter huevos sin romperse en una botella e hicimos flotar nuevamente una aguja en la superficie del agua. De alguna manera ellos trajeron a su abuelo de vuelta.

Ya en séptimo grado, tuve una enfermedad tonta que me mantuvo en cama durante más de un mes. Entonces leí mi primer “gran” libro: la trilogía de Yuri Guerman : Esta es tu causa, Mi ser querido y Respondo por todo. Entre los tres había cerca de dos mil páginas y cuando terminé debo haber sentido algo parecido a Iniesta cuando anotó el gol definitorio en el pasado Mundial de fútbol. Lo he vuelto a ver en librerías de viejos y lo sigo recomendando.

Por los años 80 tuve un novio que me regaló el libro Capítulos de literatura cubana. Estábamos en la universidad y cuando leí la dedicatoria me sentí privilegiada. Ese joven me veía inteligente, así que no lo dejé escapar y aún hoy es mi esposo. A propósito, le pregunté a Leo qué libro incorporaría en su Biblioteca afectiva y me hizo una anécdota que quiero compartir:

Siendo un niño bien travieso, en un plan de la calle, participó en una rifa y se ganó el libro Pinocho. Era la novela completa, no una versión de la maravillosa historia de Collodi. Otro niño hubiera seguido la fiesta, pero él subió corriendo las escaleras hasta su cuarto, y no salió hasta que Gepeto vio a Pinocho convertido en un niño de verdad. Él también fue otro desde entonces y hoy no le quita mérito a su nombre.

Le pregunté también a mis hijos: Eddie mencionó rápidamente La Familia Mumín, hermoso libro de la escandinava Tove Jansson, que puse tempranamente en sus manos y Diana me alcanzó el suyo, pues lo conserva con celo: La Historia interminable, de Michael Ende. Ahora no  pesa lo caro que nos costó. Lo gracioso es que ambos mencionaron un libro con el que reían mucho juntos y que no recordamos su nombre exacto, era  de un mundo de cavernosos, seres cochinos que no se bañaban y estaban llenos de fango, las aluciones escatológicas y sus dibujos asquerosos despertaron sus risas infantiles. Todavía las escucho maliciosas.

Mi bautizo de fuego lo marcó La Consagración de la Primavera, de Alejo Carpentier, que hoy por hoy, sigue siendo mi novela favorita, porque me dio la sensación de poder, de capacidad, me dio la certeza de que a partir de entonces mi apreciación por la lectura cambiaría, se haría más selectiva y exigente. Y así fue.

Se me quedan muchos, pero si estos fueron los que salieron a flote a golpe de memoria, es que son los que son.

¿Cuál es tu Biblioteca afectiva?

Busca aquellos libros que marcaron tu vida, no las grandes obras. Tal vez hoy no estén en tu librero, pero el día que vuelvas a verlo, por insignificante que a otros les parezca, le dirás irremediablemente: ¿te acuerdas?

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Saramago

Morir es,
a fin de cuentas,
lo más normal y corriente que hay en la vida,
asunto de pura rutina.
 

Intermitencias de la muerte
J. Saramago
 

 

Un día se apareció tal cual era en su  Ensayo para la Ceguera  y me quedé esperando su próximo libro con impaciencia de novia. 

Cuando llegaron Todos los nombres e Intermitencia de la muerte, el compromiso se hizo oficial y ya no hubo pretextos para nuestros encuentros. Los otros, los Evangelios, Conventos y Cercos llegaron después, aunque nacieran antes como Ricardo Reis. 

Nos identificábamos tanto que se fue consolidando la relación y lógicamente terminaría en matrimonio con La Caverna y El Viaje del elefante.  La luna de miel fue deliciosa en La Balsa de piedra

Todo fue por su culpa. 

Me asaltaba con mayúsculas para encabezar conversaciones, así, en medio de cualquier párrafo y yo acepté su propuesta novedosa, cansada de plecas y guiones…

Volvió la cabeza un poco y susurró a su vez al oído de la mujer del médico, Lo sabía, no sé si estoy segura de que lo sabía, pero lo sabía, Es un secreto, no puedes decir nada a nadie, No se preocupe, no lo haré, Tengo confianza en ti, Puede tenerla, preferiría morir a engañarla, Debes tratarme de tú, Eso no, no puedo.

Me recordaba a saltos aquel subjuntivo ocioso que nadie se molestaba en usar y lo hizo elegante en su letra sabia…

Batiendo cuanto fuese piedra o piedra pareciese… 

Me hablaba mirándome a los ojos, era testigo al narrar, pero me dio la mano y me subó al renglón, justo a su lado…

… y de repente desapareció de la vista. Hizo plof y se esfumó. Hay onomatopeyas providenciales. Imagínense que teníamos que describir el proceso de evaporación del sujeto con todos los pormenores. Serían necesarias, por menos, diez páginas. Plof

Me sorprendió con situaciones absurdas, matizadas con lo verosímil, mostraba su regusto por lo insólito, por esas posturas extremas y limítrofes que explotan el delirio humano… 

Entonces, la Península Ibérica se movió un poco más, un metro, dos metros, como probando fuerzas. Las cuerdas que servían de testigos, lanzadas de borde a borde, como hacen los bomberos en las paredes que presentan brechas y amenazan venirse abajo, se rompieron como simples cordeles, algunas más sólidas arrancaron de raíz los árboles y los postes a los que estaban atadas. 

Me llenó la cabeza de utopías y metáforas, pero nunca perdió el fino e ingenioso sentido del humor que tanto me cautiva… 

Y a Venecia, qué le podrá ocurrir, Mira, amigo, la más fácil de las cosas difíciles en el mundo sería salvar Venecia, bastaba cerrar la laguna, ligar las islas entre sí para que el mar no pueda entrar a sus anchas, si los italianos no fueran capaces de hacer el trabajo solos, que llamen a los holandeses, que es gente para poner a Venecia en seco en un decir amén… 

Me regaló la minuciosidd del detalle, que apuntaló con sinónimos para no perderme y me puso a copiar sentencias para que luego las usara a mi antojo… 

Se calla siempre cuando la voluntad es firme… 

Me sedujo.
Me conquistó.
Y yo supe corresponderle con mi fidelidad de lectora empedernida. 

A veces, tan distraída voy mientras lo espero, que no escucho bien a mi alrededor, como el nombre de no sé qué famoso escritor que menciona un periodista en la TV, creo que acaba de fallecer, dice. Parece que era bueno, porque todos llevan tristes hasta la memoria. 

Suerte que mi Saramago es eterno. 


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Enigmas matemáticos en Los Viajes de Gulliver.

Estaba yo rompiéndome la cabeza con un juego de lógica, Machinarium,  cuando me quedé atascada en un problema matemático tan sencillo que me avergüenza decirles cuál, pero tampoco viene al caso. Lo que interesa es que buscando respuestas encontré en Mi Librería un libro de 1975, impreso en la desaparecida URSS, por la editorial Mir, que en aquellos años traía magníficas propuestas.

El libro en cuestión se llama
Problemas y experimentos recreativos, de  Ya. I. Perelman. Todavía andan por ahí algunos títulos  de este autor o de otros, pero que seguían la misma línea científico atractiva: Física recreativa, Química recreativa, Psicología recreativa (de mis preferidos), Álgebra, Geología, Astronomía y algo más.

Cuando empecé a leer  olvidé lo que buscaba y me perdí dos días entre números, pero el capítulo que más disfruté fue el dedicado a los problemas matemáticos en Los Viajes de Gulliver, esa novela fabulosa de Jonathan Swift, que fue escrita inicialmente para adultos (hay un interesante análisis sobre esto por aquíy por circunstancias de la vida se convirtió en un clásico de la literatura infantil, con millones de versiones en todos los idiomas, todos los países y todos los tiempos.

¿Recuerdan los viajes al país de los gigantes y a Liliput, el de los enanos? Pues todo estaba ingeniosamente pensado y medido por el autor. Los liliputienses tenían las dimensiones 12 veces menores que las normales y los gigantes, 12 veces mayores. ¿Por qué el número 12? Porque esa era la relación del pie a la pulgada en el sistema métrico inglés, de donde era oriundo Swift. Esa diferencia, que aparentemente pudiera parecer poca, resultó extraordinaria. Vamos a  descubrir solo dos enigmas del libro. Si se quedan con la intriga, pues qué bien, vayan a la página de Perelman, ahí están todos.

EN LILIPUT

Le será entregada diariamente una ración de comestibles y bebidas suficiente para alimentar 1728 súbditos de Liliput…
Trescientos cocineros me preparaban la comida. Alrededor de mi casa montaron barracas, donde hacían los guisos y vivían los cocineros con sus familias. Cuando llegaba la hora de comer, cogía yo con la mano veinte servidores y los ponía sobre la mesa, y unos cien me servían desde el suelo: unos servían las viandas, los demás traían los barriles de vino y de otras bebidas, valiéndose de pértigas, que llevaban entre dos, sobre los hombros. A medida que iba haciendo falta, los que estaban arriba subían todo a la mesa sirviéndose de cuerdas y poleas.

Dice Perelman: ¨El cálculo es correcto. No hay que olvidar que los liliputienses, aunque pequeños, eran completamente semejantes a personas ordinarias y las partes de su cuerpo tenían las proporciones normales.Por lo tanto, no eran doce veces más bajos, sino también 12 veces más estrechos y 12 veces más delgados que Gulliver. Por esta razón, el volumen de su cuerpo no era 12 veces menor que el cuerpo de Gulliver, sino 12 x 12 x 12, es decir 1728 veces menor. Y, claro está, para mantener la vida de un cuerpo así hace falta una cantidad de alimentos respectivamente mayor. He aquí por lo que los liliputienses calcularon que a Gulliver le hacía falta una ración suficiente para alimentara 1728 liliputienses.
Ahora se comprende por qué se necesitaban tantos cocineros. Para preparar 1728 comidas se precisan, por lo menos 300 cocineros, considerando que un cocinero liliputiense puede guisar media docena de comidas liliputienses. Está claro que también se necesitaba una gran cantidad de gente para elevar esa carga hasta la mesa de Gulliver, cuya altura, como es fácil de calcular, era comparable con la de una casa de tres pisos liliputienses.¨

EN EL PAIS DE LOS GIGANTES:

Me dieron permiso para coger de la biblioteca libros que leer, pero para que yo pudiera leerlos hubo que hacer todo un dispositivo. Un carpintero me hizo una escalera de madera que podía trasladarse de un sitio a otro…tenía 25 pies de altura y la longitud de cada peldaño alcanzaba 50 pies. Cuando quería leer, colocaban mi escalera a unos diez pies de la pared, con los peldaños vueltos hacia ésta, y en el suelo ponían el libro abierto, apoyándolo en la pared. Yo me subía al escalón más alto y empezaba a leer el renglón superior, recorriendo de izquierda a derecha y viceversa 8 ó 10 pasos, según fuera la longitud de los renglones. A medida que avanzaba la lectura y que los renglones se iban  encontrando más abajo del nivel de mis ojos, descendía yo al segundo peldaño, después al tercero y así sucesivamente.
Cuando terminaba de leer una página, volvía a encaramarme en lo más alto y comenzaba la página nueva del mismo modo que antes. Las hojas las pasaba con las dos manos, lo que no era difícil, porque el papel en que imprimieron sus libros no es más grueso que nuestro cartón, y su mayor infolio no tiene más de 18-20 pies de largo.

¿Guarda proporción todo esto? Veamos la respuesta exacta que aparece en el libro de Perelman:

 ¨Si se parte de las dimensiones de un libro moderno de formato ordinario (de 25 cm de largo y 12 de ancho), lo que dice Gulliver nos parece algo exagerado. Para leer un libro de menos de 3 m. de altura y 1 y medio de ancho no hace falta una escalera ni es necesario andar hacia la derecha y hacia la izquierda 8 ó 10 pasos, pero en los tiempos de Swift, es decir, a principios del siglo XVIII, el formato ordinario de los libros (infolio) era mucho mayor que el de ahora. El infolio, por ejemplo de Aritmética de Magnitski, que salió a la luz en la época de Pedro I, tenía 30 centímetros de alto y 20 cm.de ancho. Aumentando estas dimensiones 12 veces obtenemos unas medidas imponentes para los libros de los gigantes, a saber: 360 cm (casi 4 m) de alto, y 240 cm (2,4 m) de ancho. Leer un libro de 4 m sin escalera es imposible. Pero incluso este modesto infolio debía pesar en el país de los gigantes 1728 veces más que en el nuestro, es decir, cerca de 3 t. Calculando que tuviera 500 hojas, obtenemos que cada hoja de un libro de los gigantes pesaría unos 6 kg, lo que, para los dedos de la mano, resulta bastante oneroso¨.

Yo quería seguir, el tema me resultaba atractivo y creo que hasta para los que no somos muy “matemáticos”…pero miré hacia arriba y vi que el post se hacía tan largo como los infolios del país de los gigantes. Así que pongo el punto final, después de haber empezado en un juego entretenido y luego perderme en los mares del mundo con Gulliver… ¡ese infinito andar por los libros!

Les dejo un enlace por si quieren saber la posibilidad real de que esta isla pueda existir. Más ciencia… para variar: Alquimia y ciencias

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“Loslibrosdeteresa” en Mi Librería.

   El amor junta los cetros con los cayados;
la grandeza con la bajeza;
hace posible lo imposible;
iguala diferentes estados
y viene a ser poderoso
como la muerte.

Cita de El Quijote.

No, no, Teresa está tranquila sentada en su preciosa  Ciudad Real,  pero su hermana Ana, tan parecida físicamente a ella, ha decidido dar una vueltecita por la Isla de Cuba, y ha tenido la gentileza de “desembarcar” unos minutos en Mi Librería, y para colmo de bienes llegó con las manos llenas… ¡de libros!

Muñoz Molina   ya lo conocía por sus novelas, que esporádicamente aparecen  por acá, pero sólo he leído Plenilunio, una obra que quizás no tenga tanto éxito como El Jinete polaco, pero que a mí me encantó por la manera profunda en que involucra el pensamiento de los personajes en el desarrollo de la acción y por la estructura de la obra, con reiterados flashback,  pero no solamente de pasajes ocurridos sino de conflictos emocionales. Me gustó, sin más. Así que me alegró mucho esta nueva propuesta de Teresa.

A  Paul Auster  estaba cansada de verlo en blogs amigos, todos hablan de él, y yo en la luna de Valencia, de la que ahora descenderé lentamente. Estoy muy entusiasmada con este libro: Brookling Follies. 

Almudena Grandes  también la conocía, pero no había leído nada de nada. Cierta vez tuve en mis manos Malena es un nombre de tango  pero de ahí no pasó.  Ahora, empaquetado como regalo muy preciado, como un delicado presente,  Teresa me obsequia El Corazón helado. Ya voy por la página trescientos y tanto, pero tiene más de mil, de manera que demoraré unos días más para saber el final. Lo que sí ya sé es por qué ella le dió un carácter especial, envolviéndolo aparte, insinuando un tesoro… ¡y es que lo es! Estoy tan atrapada en sus páginas que tuve que obligarme a hacer un alto para escribir esta reseña. No sé por qué me ha parecido que esta mujer tiene a sus espaldas la tradicional narrativa de Pérez Galdós, abarcadora y genial,  con un lenguaje singular, innovador y sorprendente. Lleva la trama con maestría…  y no digo más, ya tendré que hacer un post aparte para ella cuando termine.

Gracias Teresa, una vez más. Gracias, Ana. Les dejo una fotografía en Mi Librería. Aquí juntos: Leo, AD, Ana y su esposo.  Un nuevo encuentro de amigos, resultado feliz de este año de intercambios que nos ha unido en ese maravilloso Club de blogueros de incontestable belleza… ¿qué me dicen?

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Autógrafos, dedicatorias…como piezas raras.

Dedico esta edición a mis enemigos,
que tanto me han ayudado en mi carrera.
Camilo José Cela 
La familia de Pascual Duarte

 Sé que muchas personas como Eva y Fenixidio conservarán para siempre esos libros que generosamente sus autores les dedicaron. Esas palabras breves estampadas en la portadilla atraparon minutos de intercambio con el autor, que ya les había regalado su talento con una literatura seguramente inolvidable.

Dedicado por el escritor Manuel Talens, en su libro Hijas de Eva, a Alberto Korda, reconocido fotógrafo cubano, ya fallecido.

Hay dedicatorias muy originales, y no me refiero a las impresas, que esas ya son parte del cuerpo de la obra, sino a las manuscritas,  las de puño y letra, las “para mí”, esas que inician con un nombre y solo uno. Les ilustro con una curiosa: la que el autor Manuel Talens le dedicara a Alberto Korda. Si aún con las referencias no le ven nada de interesante, piensen si no es raro que haya llegado hasta Mi Librería.

Siempre van acompañadas de las firmas. Tal como pintores cotizados, los autógrafos de algunos escritores se han vuelto piezas de coleccionistas y sus precios pueden remontarse a cifras inimaginables, como aquella de James Joyce, en una primera edición de Ulysses, que en una subasta newyorquina se remontó a la elegante cifra de 460 000 euros, en 2002.

Sueño con adquirir una firma de Hemingway, de Whitman, de Neruda, de Cortázar, de Lorca o Pérez Galdós…lástima que no pueda pensar en retenerlas como el tesoro que son, sino en el aporte que darían a la economía familiar.

Si tienes este ejemplar y además autografiado...

Busco, como todo librero, esos nombres famosos demandados en todas las épocas y he llegado a tener dedicatorias de escritores cubanos importantes como Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Lezama Lima, Eliseo Diego. Y los he vendido, con dolor de mi alma y alivio para mi bolsillo.

Cierta vez, en un lote por el que confieso no había pagado mucho, encontré en un libro, aparentemente insignificante, la firma de Fidel Castro. El resto de la historia ya la saben.

En otra ocasión tuve casualmente dos ejemplares del mismo libro de Dulce María Loynaz, con la curiosidad añadida que tenían veinte años de diferencia. Sus ochenta y tantos habían transformado ya en tembloroso el trazo, pero sus palabras seguían firmes e ingeniosas, lúcidas como su mente de mujer excepcional. Cuánto siento no haber guardado al menos una foto de testigo.

Eduardo Galeano dedicando uno de sus libros. Si hubiera sido a mi...

Por Mi Librería han pasado cientos de dedicatorias más personales, íntimas, algunas tan sentidas y amorosas que no me imagino cómo el destinatario tuvo el valor de desprenderse de ella. Entonces he pensado que la vida tuvo que torcerle los caminos a esas dos personas y trocó lo que en un momento pudo haber sido afecto o admiración. Quién sabe si el libro me fue vendido después de  un robo, una traición, una muerte.

Es que el autógrafo da al libro un valor añadido, una prueba de singularidad, lo convierte en pieza rara. Los libreros lo persiguen, los coleccionistas lo atesoran, los buenos lectores lo conservan con celo, los malos lo abandonan con indiferencia. Pero la historia de los libros les ha dado su espacio y su valor, como sello distintivo de un instante atrapado en el tiempo con letras irrepetibles.

Firmado por el editor de Le Livre d´Oro de Victor Hugo, París, 1883.

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