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Libros de chocolate

“El chocolate hace renacer la vida,
es el disfrute total de los sentidos”.

Nos conocimos precisamente aquí, en Coppelia, la Catedral del helado, un día de esos en que uno no sabe si cuando termine la merienda va a perderse calle arriba o calle abajo. Vino hasta mi mesa, y murmurando “con permiso” se instaló en la silla de enfrente con sus bolsas, carteras, paraguas, rollos de papel y la copa de helado. Le eché una ojeada: no había que ser muy sagaz para ver de qué pata cojeaba; y habiendo chocolate, había pedido fresa.

Acaban de leer uno de los párrafos iniciales del cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz, sobre el que se hizo la emblemática película cubana Fresa y chocolate. Aquí los sabores representan las inclinaciones sexuales de los protagonistas (fresa: homosexualidad; chocolate: hombre, macho, varón a toda costa),  pero en ese contraste no solo aparecen sus diferencias externas,  es historia de prejuicios, rechazos, redescubrimientos, enfrentamientos, amistad, pasión… ya veremos cómo termina.

Lo cierto es que el CHOCOLATE, así con mayúscula (y si pudiera le pondría una corona), también tiene su espacio en la literatura, y que conste, es lo suficientemente grande para abarcar montones de libros.

El primero que me vino a la mente fue Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, del que ya les conté un día  que guardo con especial cariño porque me lo regaló mi prima Maguie  (estodevivir), a quien por cierto, no le gusta el chocolate, creo que es un defecto físico, la pobre. En el libro de la escritora mexicana, el refrán que le  da el título significa el punto exacto de estallar, ya sea de rabia o de pasión, pero bien podría simbolizar todo el ambiente sensual en que está envuelta la novela, historia mágica donde  la gastronomía juega un importante papel.

Luego pensé en un libro infantil que llevan todos los cubanos en su memoria: La Flauta de chocolate, de la querida Dora Alonso, que también conocen de un post anterior. Aquí decir chocolate es decir, alegría, divertimento, recuerdo infantil. Y son muchos los libros para niños en que el dulce sabor es protagonista, recuerden a  Roald Dahl y su exitosa novela Charlie y la fábrica de chocolate, que Tim Burton llevó muy bien a la pantalla grande.

A partir de ahí tuve que hurgar un poco más en mi memoria y recordé la película donde Juliette Binoche atrapaba a medio pueblo con sus seductoras tazas de chocolate, sus bombones… yo hubiera sido la primera en caer, lo confieso.  Ese filme tuvo su génesis en la novela  Chocolate, de Joanne Harris, donde el producto  ayuda a transformar la vida de las personas, las vuelve optimistas, alegres, es el dulce  pretexto para llegar a los demás. Y le funciona, ya lo creo.

Pensé  en América, tierra de donde partió el sabor amargo del chocolate, endulzado luego por manos españolas, difundido a Italia y Francia posteriormente, según he leido.  Los hombres que le sacan a la tierra el fruto venerado están pintados en todos sus matices, en la novela Cacao, del brasileño Jorge Amado, sí, el mismo de la famosa Gabriela, clavo y canela. Pero hay más, una novela de igual nombre Cacao, de Michele Kahn narra cómo llegó a Europa el americano chocolate, una trayectoria llena de visicitudes, contada a través de una familia de origen judío, basada en hechos reales.

Entonces empecé a buscar  por aquí y por allá (léase libreros y web) y tropecé con una avalancha de títulos, recetas, diseños, películas… y en lugar de decantar e ir a lo que me interesaba, me he pasado dos o tres días deleitándome en este dulce mundo del chocolate, tanto, que sin darme cuenta he aumentado casi cinco kilos (¿o serían los bombones del 14 de febrero?). Y por aquello de que me cuesta quedarme callada, les tengo que comentar que entre lo que más me gustó, aparte de los libros, claro está, fue el diseño del arquitecto  brasileño Oscar Niemeyer para una nueva caja de chocolates  y las recetas del Libro de oro. También descubrí las virtudes del chocolate, algo a tener en cuenta al  comenzar la próxima dieta. Hay más, pero volvamos a la literatura.

Aquí los nuevos, de los que no tenía idea alguna:

CHOCOLATE CON LLUVIA
Autor: Alice Vieira

LA TAZA DE CHOCOLATE
Autor: Héctor Palacios 

MI PLANETA DE CHOCOLATE
Autor: Manuel Cortés Blanco

CHOCOLATE CON VENENO
Autor: Desiderio Vaquerizo

BLOOD AND CHOCOLATE
En español se editó con el nombre: La Marca del lobo.
Autor: Annette Curtis Klause.

A estas alturas, solo he buscado títulos, porque si vamos a los textos que describen el delicioso elixir de los dioses (ya sé que hay unos cuantos que quieren llevarse ese título, pero para mí, no hay otro) entonces la lista sería interminable. Por solo mencionar uno, vamos a degustar la descripción de Muriel Barbery en su libro Rapsodia Gourmet:

http://fabsfood.blogspot.com/2011/01/mini-cupcakes-de-cacao-y-haba-tonka.html¡Las magdalenas al cacao Tonka o el arte del escorzo insolente! Sería insultante creer que  un postre de Marquet pudiera contentarse con arrojar en un plato unas pocas magdalenas raquíticas espolvoreadas de pepitas de chocolate. El panecillo era un mero pretexto, era un himno, un cántico ferviente a lo dulce, ornado con su capa de cacao, que se fundía en la boca y en el que, el frenesí de la masa, la fruta confitada, el azúcar glas, las crepes, el chocolate, el sambayón, las frutas rojas, los helados y los sorbetes se saboreaba una declinación progresiva de calor y frío en mi lengua experta, chasqueando con compulsiva satisfacción, danzaba la giga endiablada de los bailes de gran alborozo.

Ustedes alégrense de que yo no sé escribir como ella, de lo contrario, esta entrada hubiera sido infinita. En fin, que le debía unas letras al chocolate, porque me ha hecho pasar ratos deliciosos, porque me endulza el alma y me apasiona , porque me calma,  porque me salva. Es así, no puedo dejarlo pasar.

¡Ah! ¿Que cómo termina Fresa y chocolate? Mi Librería recomienda  que vean la película  si no tienen el libro, pero bueno, para los más ansiosos, ahí va:

Y quise cerrar el capítulo agradeciéndole a Diego, de algún modo, todo lo que había hecho por mí, y lo hice viniendo al Coppelia y pidiendo un helado como éste. Porque había chocolate, pero pedí fresa. 

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