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Cinco propuestas de Rosa Montero

En los momentos de crisis,
sólo la imaginación
es más importante que el conocimiento.
Albert Einstein

La controvertida Rosa MonteroSi algún día tengo delante de mí a la novelista Rosa Montero, seguramente no le diría nada, porque cuando uno admira a una persona, cuando se ha ilusionado en decirle que le gustó esto o aquello, fruto de su talento creador o de lo que fuere, basta que se dé el momento soñado para que el cerebro no funcione como debe y deje salir una tontería, y ahí mismo aparece el ridículo del que siempre estaremos arrepentidos. Así que, si algún día tengo delante de mí a Rosa Montero, decididamente,  me quedaré callada.

Uno de los libros que llevé en mi huída intempestiva, fue  La Loca de la casa, de Rosa Montero. (Ya saben, de los que bibliobulímica me envió) Y ahora mismo no podría definir si hubo algo que me hizo tanto bien como lanzarme  de cabeza en su lectura, y aunque al leerlo me di cuenta de la verdadera dimensión de mi ignorancia, lo tomo como punto de partida (uf, siempre estoy empezando) y hago la recomendación desde Mi Librería.

 Pero como sé que hay listas infinitas en los bibliopropósitos de mis amigos,  se me ocurrió un acercamiento al libro a partir de las obras de otros autores que la escritora comenta. Yo  solo levanto mi mano a favor de lo que atinadamente presenta Rosa Montero.

Carson McCullers. El Corazón es un cazador solitarioLa conmovedora y trágica Carson McCullers, autora de El Corazón es un cazador solitario, escribió en sus diarios:
Mi vida ha seguido la pauta que siempre ha seguido: trabajo y amor.

Me parece que ella también debía de contabilizar los días en libros y amantes, una coincidencia que no me extraña nada, porque la pasión y el oficio literario tienen muchos puntos en común.

 

 

Decididamente, no me gustó esta novela, pero es mejor que ustedes saquen sus propias conclusiones.Y el estupendo escritor español José Ovejero llevaba un tiempo bloqueado y sin poder sacar adelante una novela en la que había trabajado durante años cuando, en mitad de un rutinario viaje en avión, y con la intención de salir del atolladero, se dijo a sí mismo: Relájate y escribe cualquier cosa. E inmediatamente se le ocurrió la siguiente frase: 2001 ha sido un mal año para Miki. No tenía ni idea de quién era Miki ni de por qué había sido un mal año, pero ese pequeño problema de contenido no le amilanó en absoluto. Así nació una novela que se redactó así misma a toda velocidad en solo seis meses y que se tituló, como es natural, Un mal año para Miki.A veces tengo la sensación de que el autor es una especie de medium. 

Esta parece ser una buena propuesta para este milenio.Me gusta mucho Italo Calvino; me gusta su prosa limpia, me gustan sus novelas fantásticas, me gustan sus ensayos literarios de Seis propuestas para el próximo milenio. Pero hace poco leí un curiosos libro suyo, Ermitaño en París, que reúne textos diversos, fundamentalmente autobiográficos, y que hizo que Calvino me resultara en ocasiones un tanto cargante.

 

"Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie" Dice Tancredi y abrazó al tío conmovido"...El Gatopardo es la primera y última novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, que con anterioridad no había hecho otra cosa que escribir cartas. A los cincuenta y ocho años redactó su única novela, y durante dos años la trató de publicar infructuosamente. Se la rechazaron en Einaudi y en Mondadori, porque lo que se llevaba por entonces era la llamada literatura comprometida, o sea, el realismo socialista, y la bellísima obra de Lampedusa no tenía nada que ver con eso, por fortuna para nosostros sus lectores. Al cabo Feltrinelli la sacó en 1957, pero el pobre príncipe murió pocos meses antes, sin saber siquiera si le iban a publicar.

Un título para los guisantes verdes.Un autor amnésico es el maravillosos Conrad de El Corazón en las tinieblas, una novela que, pese a reproducir casi punto por punto una experiencia real del escritor, no tiene nada que ver con lo rememorativo y lo autobiográfico: cuando Conrad habla de la selva no está describiendo la selva del Congo Belga, sino La Selva como categoría absoluta, y ni siquiera eso, porque esa jungla enigmática y horriblemente ubérrima representa la oscuridad del mundo, la irracionalidad, el mal fascinante, la locura.

Creo que me compliqué demasiado, no puedo seguir. Por La Loca de la casa desfilan nombres tan conocidos como Nabokov, Faulkner, Eluard, Grass, Joyce, Kafka, Cervantes, Salgari, Zola, Tolstoi, Hemingway, Rimbaud, Wilde,  Sthendal, Proust, etc, etc, etc…

Acérquense, porque además de mostrarnos un universo literario con sus pro y sus contra, lleno de anécdotas bien aderezadas con su sentido irónico, Rosa Montero nos engatuza con una experiencia personal con triple final, que pudo haber sido de cualquier manera… o quizás no fue de ninguna.

Solo su genial imaginación,  esa loca de la casa, logra que lleguemos al final con una sonrisa, esa que ya nos habíamos puesto desde la primera página:

Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida
con un cómputo de novios y de libros…

Tener imaginación es garantía de una vida más plena

El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo. Bécquer

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La elegancia de… Muriel Barbery

¿Dónde se encuentra la belleza?
¿En las grandes cosas que, como las demás,
 están condenadas a morir,
o bien en las pequeñas que, sin pretensiones,
saben engastar en el instante una gema de infinitud?.


En Mi Librería hay muy pocas reseñas de libros. Opté desde un principio por la promoción de la literatura, buscando sus aristas interesantes, para que el visitante pudiera escoger, aceptar, establecer una relación con los libros en general y redescubrir conmigo la belleza y sencillez de la palabra escrita.

Pero hoy hago una excepción. He leído La Elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Y no puedo quedarme callada después de haber disfrutado tanto su lectura.

Dice la sinopsis de la contraportada:

En el número 7 de la calle Grenelle, un inmueble burgués de París, nada es lo que parece. Dos de sus habitantes esconden un secreto. Renée, la portera, lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común. Paloma tiene doce años y oculta una extraordinaria inteligencia. Ambas llevan una vida solitaria, mientras se esfuerzan por sobrevivir y vencer la desesperanza. La llegada de un hombre misterioso al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas.
Juntas, Renée y Paloma descubrirán la belleza de las pequeñas cosas. Invocarán la magia de los placeres efímeros e inventarán un mundo mejor. La Elegancia del erizo es un pequeño tesoro que nos revela cómo alcanzar la felicidad gracias a la amistad, el amor y el arte. Mientras pasamos las páginas con una sonrisa, las voces de Renée y Paloma tejen, con un lenguaje melodioso, un cautivador himno a la vida.
Las protagonistas. El libro ya ha sido llevado al cine.

Y yo no sé bien qué más decir: que hacía tiempo no encontraba una lectura con la que me identificara, un libro distinto a todos, con la carga de humor que necesito y la palabra sabia que me sorprende. Para algunos será raro, o sencillamente no será de su agrado, para otros será fabuloso,  pero lo cierto es que no es un libro que pueda pasar inadvertido fácilmente.

De cómo la autora logra acercarnos a la belleza de lo cotidiano, cómo su erudición se arriesga en una descripción frágil, por lo aparentemente insignificante, es algo que no sé. Ejemplos hay un montón, solo elijo uno simpático para demostrar que el humor no está reñido con la buena letra:

Recomendación de Mi Librería

Recomendación de Mi Librería

Tengo una gran simpatía por Neptune. Sí, nos apreciamos mucho, sin duda por la gracia de la complicidad que nace de que los sentimientos de uno son inmediatamente accesibles al otro. Neptune siente que le tengo cariño; sus distintos deseos me son a mí transparentes. Lo sabroso de todo este asunto reside en el hecho de que él se obstina en ser un perro cuando su ama querría hacer de él un caballero. Cuando sale al patio, tirando, tirando a más no poder de su correa de cuero amarillo, mira con codicia los charcos de agua enfangada que se pasan todo el día ahí tan tranquilos. En cuanto su dueña tira con un golpe seco de su yugo, Neptune baja el trasero a ras del suelo y, sin más ceremonia, se pone a lamerse los atributos. Cuando ve a Athéna, la ridícula whippet de los Meurisse, saca la lengua como un sátiro lúbrico y jadea de manera anticipada, con la cabeza llena de fantasías. Lo más gracioso que tienen los cockers es que, cuando están de buen humor, tienen unos andares como si se balancearan; es como si llevaran unos muellecitos fijados a las patas que, al andar, los impulsara hacia arriba, pero suavemente, sin brusquedad. Al andar así, se les agitan también las patas y las orejas, como el balanceo de un navío, y el cocker, barquito amable que cabalga sobre tierra firme, aporta a estos pagos urbanos un toque marítimo que me encanta.
Cartel del filme

Yo le suplico al destino
que me dé la oportunidad
de mirar más allá de mí misma.
Paloma

Gracias a Ale,  bibliobulímica, que lo puso en mis manos.

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Los cuentos de La Edad de Oro.

José MartíSienten a sus niños
frente a la PC
porque para ellos es este post…
y para todos los que tengan
alma de niño
en algún rincón de sus vidas.

Portada original de la revista La Edad de Oro, reproducida luego en muchas ediciones del libro.Había una vez un hombre llamado José Martí. Él era periodista, pero no uno cualquiera: Martí era un periodista excepcional. Por eso aceptó la propuesta de escribir íntegramente una revista mensual  para los niños de América: La Edad de Oro.

“Entro en esta empresa con mucha fe, y como cosa seria y útil a la que la humildad de la forma no quita cierta importancia de pensamiento”.

A pesar de su consagración a ella, de La Edad de Oro solo se publicaron cuatro números. Eso fue en New York, en 1889. Diez años después de  caer en combate José Martí en tierras cubanas, es que se edita La Edad de Oro en un solo volumen, como un libro.

No hay cubano que no haya leído este libro hermoso. Sus poesías, cuentos, historias, leyendas, biografías… tocados todos por la pluma genial del Maestro, son lectura apasionante.

Hoy solo hablaré de los cuentos, que son seis: Meñique, El Camarón encantado, Los Dos ruiseñores, que son adaptaciones en los que aflora el inconfundible estilo martiano y los otros tres,  fruto de su imaginación: Nené traviesa, Bebé y el Señor Don Pomposo y La Muñeca negra.

Para que los busquen, para que los conozcan,  para que los disfruten, para que los incorporen a sus vidas,  Mi Librería les regala un pedacito de estos  últimos preciosos cuentos:

Ilustración original del cuento Nené Traviesa. NENE TRAVIESA (fragmento)
Esa noche que hablaron de las estrellas trajo el papá de Nené un libro muy grande: ¡oh, cómo pesaba el libro: Nené lo quiso cargar, y se cayó con el libro encima, no se le veía más que la cabecita rubia de un lado y los zapaticos negros del otro. Su papá vino corriendo y la sacó de debajo del libro, y se rió mucho de Nené, que  no tenía seis años todavía y quería cargar un libro de cien años.

La Muñeca negra, de José MartíLA MUÑECA NEGRA(fragm.)
Hoy el padre no trabajó mucho, porque tuvo que ir a una tienda: ¿a qué iría el padre a una tienda?: y dicen que por la puerta de atrás entró una caja grande: ¿qué vendrá en la caja? ¡a saber lo que vendrá!: mañana hace ocho años que nació Piedad… Piedad no sabía, no sabía.

La Edad de OroBEBE Y EL SEÑOR DON POMPOSO(fragm)
Bebé levanta la cabecita poco a poco. Raúl está dormido… Bebé se escurre de la cama, va al tocador en la punta de los pies, levanta el sable despacio, para que no haga ruido…y ¿qué hace, qué hace Bebé? ¡va riéndose, va riéndose el pícaro! Hasta que llega a la cama de Raúl y le pone el sable dorado en la almohada.

Recuerden bien: cuando tengan el libro, léanlo despacio, con calma, saboreando cada palabra.

“porque con los cuentos se ha de hacer lo que decía Chichá, la niña bonita de Guatemala:

– ¿Chichá, por qué te comes esa aceituna tan despacito?

– Porque me gusta mucho.”

Creo que a cualquier educador le gustaría tener un marcador como este.

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El Conde de Montecristo… ¿existió?

¿Qué es la historia?
Pues un clavo en el que cuelgo mis cuadros.
A. Dumas

Leí  El Conde de Montecristo  cuando era adolescente. Bueno, como casi todo el mundo lector. Desde ese día, esta novela de Alejandro Dumas estuvo en el podio de mis libros favoritos, cosa que la televisión y el cine  se encargaron de consolidar.

Me atrapó con su telaraña de personajes y conflictos, con el misterio del castillo de If, con la soñada isla de Montecristo y aunque muy dentro de mí sabía que la venganza no es la mejor de las opciones, terminé seducida a los pies de Edmundo Dantés.

Ni sospechaba que todo aquel maravilloso mundo narrativo había tenido su génesis  en hechos reales.

En 1807 vivía en París un joven zapatero llamado Francisco Picaud. Este pobre diablo, bien parecido e industrioso, estaba a punto de casarse… Así comienza la historia real, una crónica policial, escrita por un tal Jaobo Peuchet en sus Memorias sacadas de los archivos de la policía de París. Dumas extrajo de ahí un capítulo llamado El Brillante de la venganza… y lo que hizo con él,  quedó en la historia de la literatura universal.

Castillo de If, prisión de Edmundo Dantés

Francisco Picaud fue víctima de una broma de sus amigos durante unos carnavales, lo que le impidió la boda y lo hizo ir a la cárcel, donde estuvo durante siete años. Allí un prelado italiano, moribundo legó sus bienes y en particular un tesoro escondido en Milán, que Picaud logra encontrar a su salida. Un tal Antonio Allud, de Nines, le cuenta toda la broma de antaño a cambio de un brillante y empieza la venganza. Transformándose físicamente el antiguo zapatero mata a sus ex amigos. Solo al final, el mismo Allud, arrepentido lo asesina  y huye a Inglaterra. En 1828, gravemente enfermo, llama a un cura y detalla lo sucedido, permitiéndole comunicar estos hechos a la justicia, después de su muerte. Y ahí la encontró Dumas.

Alejandro DumasTal como estaba, El Brillante de la venganza era pura tontería. Sin embargo, no era menos cierto que en el interior de la ostra había una perla. Perla informe, perla en bruto, perla sin ningún valor y que esperaba por su lapidario.”
A.Dumas.

Son muchos los puntos de contacto entre la historia real y la extensa novela del francés, pero de aquellas, nadie tuvo el más mínimo recuerdo de su existencia.

Pero cuando Alejandro Dumas puso su mano sobre la perla, le incorporó su imaginación fantástica y empezó a crear magistralmente las miles de situaciones e intrigas que se entretejen en la novela y la convierten en una obra inmortal.

En el prólogo de la edición cubana no se habla nada de esto,  por eso creo que muchos por acá pensarán que todo salió de la poderosa imaginación del autor. De todas formas, nada le quita el mérito a este  maestro de la aventura y el suspense, solo él hizo que llegara a la posteridad. 

Fernando Mondego, Mercedes de Morcef, Villefort, el abate Faría, Danglars, Edmundo Dantés… todos existieron en la vida real con otros nombres, pero nunca fueron tan maravillosos como cuando Alejandro Dumas los convirtió en letra impresa y elevó sus vidas alrededor de la fantástica novela El Conde de Montecristo.

Edmundo Dantés y el abate Faría.

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Reinvindicación del choteo

Quizás alguien no conozca cuál es el sentido que esta palabra tuvo en Cuba hace unas décadas atrás. Decía Jorge Mañach en su ensayo Indagación al choteo:

… es la mofa franca, desplegada, nada aguda generalmente, como que no tiene hechura de dardo, sino más bien de polvillo de molida guasa, que se arroja a la cara de la víctima.
El negrito, el gallego, el borracho, la mulata, personajes tipos del criollismo

Yo ni intentaré decirlo mejor. Él escribió esto en 1928, pero aún en el 2009, el cubano sigue con esa gracia nativa que tal vez el clima o las circunstancias o qué sé yo, hayan influido tanto como para incorporarla a su idiosincrasia.Y seguimos hasta hoy con la manía de reirnos de cualquier situación seria, de tirarlo todo a relajo. Si no, miren cómo  estodevivir  llevó a la risa una experiencia de llanto.

Hoy nadie le llama así, nadie recuerda las tan usadas “trompetillas” a los politiqueros de turno. Los jóvenes de hoy prefieren “dar chucho”, “dar cuero” o algunas formas de usar el tan traído y llevado verbo joder,  y aunque no sepan decir qué significa el choteo, siguen burlándose de la radio, la televisión, la prensa, los artistas, los guajiros, los problemas del vecino, de sí mismos y hasta de la madre que los parió…  aunque pequemos de irreverentes, todos soltamos la carcajada.

El cubano es así, no tiene remedio. Y esto le ha servido de mucho, especialmente para amortiguar carencias y necesidades, para defenderse de situaciones adversas o para decir indirectamente lo que no puede criticar sin salir lastimado.

Por los años 70 y 80 el máximo exponente de este género en la literatura fue Héctor Zumbado. Anteriormente había sido Marcos Behmaras, pero a mí me tocó de cerca el primero, a quien veo pasar frente a Mi Librería de vez en cuando y a quien el destino  le jugó una mala pasada con una inmerecida golpiza que le afectó el cerebro. Por suerte su obra quedó para siempre intacta, en varios libros: Riflexiones, Amor a primer añejo, Limonada

Hace unos pocos años leí a Rosa Montero, en su libro La vida desnuda, y me recordó mucho esta forma de satirizar la vida cotidiana muy parecido a lo que por acá se hace. No debe ser la única española, para eso bastaría con visitar a loqueahorro, especialista en el género.

Pero volviendo a la Isla grande,  hoy he reído mucho con Eduardo del Llano, tanto, que no sé qué escoger para este comentario. Entonces me decidí por Cuota, del libro Basura y otros desperdicios.

 La cola se había demorado mucho; cuando Alfil llegó ante el mostrador traía un encabronamiento adicional. El empleado lo miró con indiferencia.
– Dime.
– ¿Qué te voy a decir? Quiero lo que me toca.
– Bueno, coge – dijo el empleado, poniendo sobre la pulida superficie un paquete de regular tamaño – aquí hay dos personajes principales, quince secundarios y treinta ocasionales. Tienes también varias escenas de acción y una erótica.
– ¿Y los signos de puntuación?
– Se acabaron. Pero vuelve la semana que viene a ver si cae el surtido.
– ¿Eso es en serio? no puedo escribir sin los signos de puntuación.
– Trata de meterle una onda moderna, sin comas ni puntos. Y que las escenas sean tranquilas para que no necesites interrogaciones ni admiración.
– Pero, ¿cómo rayos voy a escribir una escena erótica, por ejemplo, sin los signos? ¿Te imaginas a la protagonisdta diciendo fríamente
dame más ay que rico? Ahí tiene que haber pasión, entusiasmo, qué sé yo.
– Trata de lograrlo por contexto. Y todavía no te he dicho lo peor. No hay finales asignados este mes.
– ¿Cómo que no hay finales?
– No hay. Vinieron tres y ya se les otorgaron a casos muy justificados, obras de carácter priorizado. Claro que yo conozco a un tipo que te vende un final, pero cobra caro.
– Estamos mal -gimió Alfil- ¿Hay narraciones paralelas? Yo no cogí las del mes pasado.
– Pues te embarcaste, porque se acabaron ¿Paralelas? Narración lineal y vas con suerte. Monólogos sí, todos los que quieras, especialmente monólogos interiores, que no llevan signos.
– ¿Y versos?
– Tienes que escoger entre un soneto y una décima. Si coges la décima tienes derecho a tres líneas de citas adicionales.
– Dame el soneto – resolvió el escritor- y la dirección del socio que vende el final.
– Tienes suerte – dijo el empleado mientras le envolvía el pedido- te llevas el  último soneto. Estas cosas en la calle están perdidas o carísimas.
Luis Alfil asintió y tomó el paquete. Pesaba poco, pero con aquello debía arreglárselas para terminar la novela que estaba escribiendo. Una novela optimista, llena de fe en el futuro.

 Unos artistas de primera línea, se han reunido y de manera independiente, sin recursos apenas, han realizado algunos cuentos de Eduardo del LLano: Monte Rouge, Photoshop, Brainstorm  y otros. Les dejo uno, pero no se queden sin ver los demás. Les mostrará una cara de la moneda que no siempre se ve.

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La Apreciación de la lectura.

Leer, desde los primeros añosUna buena amiga me preguntó: ¿cómo ustedes saben cuándo un texto está bien escrito?  (Fíjense que dijo ustedes, incluyendo a los comentaristas) Y no me quedó más remedio que lanzarme de cabeza en esa arena movediza.

Hoy que  tenemos más posibilidades de expresar públicamente  nuestro pensamiento (los blog son prueba de ello)  es más difícil saber elegir, decantar, seleccionar lo que leemos. Superarnos en este empeño es un fin loable, digo yo.

Escribir no siempre significa escribir bien

La palabra es la herramienta que tiene el escritor, y no es cuestión de unirlas, mezclarlas y aderezarlas con algunos signos de puntuación como ingredientes para transmitir una idea. Se necesita más que una  receta de cocina: conocimiento de técnicas, originalidad, estilo, talento, para lograr esa atmósfera especial de la buena literatura. Pero no es de escribir de lo que hablamos, sino de apreciar lo que leemos.

Como no soy buena  para esto, cualquier ayuda será bienvenida. Trataré de ilustrar con ejemplos . Dice Saramago en su novela Memorial del convento:

Recomendación de Mi Librería

Recomendación de Mi Librería

Empezaron los frailes a entrar en la iglesia y la hallaron a oscuras. Ya estaba conforme el hermano responsable con el castigo que no dejarían de aplicarle por una falta que no sabría explicar, cuando se observó, y fue confirmado por el tacto y el olor, que no era aceite lo que faltaba, que allí estaba derramado por el suelo, sino las lámparas, que de plata eran. Estaba aún fresco el desacato, si así se puede decir, pues las cadenas de donde habían colgado las susodichas lámparas oscilaban aún mansamente, diciendo, en lenguaje de alambre, Hace poco, hace poco.

Cuando uno lee esto, solo le queda asombrarse: ¡¿cómo se le ocurrió esa imagen?! ¡Ese lenguaje de alambre me mató!. Esta misma idea, un escritor mediocre la hubiera dicho más directamente, quizás informándonos del robo sin darnos el detalle que Saramago vio. Bien, hubiéramos recibido la misma idea, pero sin penas ni glorias. Ahora,  un escritor malo se habría esmerado en inventarle mil y un adjetivos, en rebuscar palabras hasta llegar al sin sentido. Y ahí es donde un buen lector dice: ¿qué hago yo perdiendo mi tiempo leyendo esto?

Veamos cómo Julio Cortázar, en su cuento Carta a una señorita en París, nos da su visión de un cuarto excesivamente ordenado y cómo se sobrecoge ante él, un hecho común que quizás otro escritor no le hubiera dado la mayor importancia:

Cuento de CortázarMe es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar… mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafío me pase por los ojos como un bando de gorriones.

Solo destaqué algunas palabras e ideas  que me parecieron sencillamente elocuentes.

Para ser un buen lector, para darse cuenta de estas diferencias no es preciso estudiar literatura, ni recurrir a los clásicos, ni saberse los decálogos de Monterroso y Quiroga, ni los consejos de Juan Bosh (para escribir sí, eso es otra cosa).  Lo fundamental es LEER, leer mucho y conscientemente, leer siempre. Comparando lecturas nos formaremos un criterio, se puede sentir placer al leer sin presumir de amplios conocimientos. Leer un cuento, una novela, un libro de ciencias, una revista, una obra de teatro, un guión cinematográfico, leer en internet, el periódico, un comic. Todo eso servirá para un día poder apreciar un texto como algo diferente, novedoso y asombrosamente  bueno, tanto que nos haga decir: ¡Dios mío, cómo pudo escribir eso!

Entonces, – me dice mi amiga, que no se considera una buena lectora  pero que tiene la sagacidad de una- ¿es más importante la forma que el contenido?

Mi primera respuesta fue que ambas tenían el mismo nivel de importancia, porque un buen escritor tiene la visión aguda, la habilidad de encontrar donde hay y donde no hay. Pero puestos a pensar, ese buen escritor retoma un tema humano cualquiera, una circunstancia común y la hace genial a golpe de palabras. ¿Entonces?…

Ya decía yo que era arena movediza el temita. Se me quedan muchas cuestiones en el tintero. Pero ya he sido bastante  atrevida por opinar sin permiso , solo esbozando mis propias ideas con el fin de motivar, de encender la chispa. Solo eso… por ahora.

Leer siempre...

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Literatura infantil: contar con Argentina.

animalitos

Soy una cazadora. Debí llamarme Diana, como mi hija. Ando olfateando buenos cuentos infantiles, los apreso y encarcelo en mi librero. No tienen salvación.

El cuento infantil es un género difícil. Muchos, muchísimos, se aventuran y lo intentan, pero se quedan en eso, en un esbozo, un acercamiento, una buena intención. Sin embargo, hay nombres que hay que seguir de cerca, porque dominan el arte de escribir y convierten el cuento infantil en una obra grande, en lo que realmente es:  LITERATURA.

Hoy voy a Argentina, país que tiene una voz vigorosa en las letras para niños. Son hermosos sus libros, reconocidos internacionalmente por su creatividad y talento. Elijo dos como botón de muestra, dos mujeres: Laura Devetach y María Elena Walsh.

animalitos

Laura Devetach

Recibió en Cuba el Premio Casa de las Américas, en 1975, con el bellísimo libro de cuentos Monigote en la arena. Doctora Honoris Causa en la Universidad de Córdoba, acreedora de la distinción  Lista de Honor,  de IBBY. Entre  su obra  recordemos: La Plaza de Piolín, Picaflores de cola roja, El ratón que quería comerse la luna, Canción y pico, La hormiga que canta, Cuentos que no son cuento.  Profesora, asesora, jurado, guionista, periodista…

Hasta ahí lo que dicen los libros. Ahora lo que digo yo: Laura Devetach es fabulosa, no sé cómo mezcla el humor delicado y original con situaciones difíciles, a veces hasta tristes. Y le sale muy bien. Leer uno de sus cuentos es no olvidarlo jamás, es repetirlo, es verse en la necesidad imperiosa de regalarlo. Y eso hago:

Monigote en la arena. Laura Devetach. Ed. Premio Casa de las Américas.La arena estaba tibia y jugaba a cambiar de colores cuando la soplaba el viento. Laurita apoyó la cara sobre un montoncito y le dijo:

—Por ser tan linda y amarilla te voy a dejar un regalo —y con la punta del dedo dibujó un monigote de seda y se fue.

Monigote quedó solo, muy sorprendido. Oyó como cantaban el agua y el viento. Vio las nubes acomodándose una al lado de la otra para formar cuadros pintados. Vio las mariposas azules que cerraban las alas y se ponían a dormir sobre los caracoles…

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María Elena Walsh

Es muy conocida en el mundo entero. Escritora prolífica de poesía y cuento infantil, de guiones para TV, teatro, compositora de canciones y cantante ella misma. ¿Recuerdan aquello de… pero de pronto llegó el doctor, manejando el cuatrimotor? ¿Y el reino del revés?
Lo que más me gusta de su obra es lo habilidosa que es para sacarle partido al lenguaje: nadie como ella para engarzar un disparate tras otro, para hacer reir y pensar, para atrapar.
Por eso le dieron el codiciado premio Hans Christian Andersen, el más importante en el mundo de la literatura infantil.

Zooloco. María Elena WalshUna vaca que come con cuchara
y que tiene un reloj en vez de cara,
que vuela y habla inglés,
sin duda alguna es
una Vaca rarísima, muy rara.

Hace tiempo que tengo una gran duda:
hay una Vaca que jamás saluda
le hablo y no contesta.
Pues bien, la duda es ésta:
¿será mal educada o será muda?

Una Hormiga podrá tener barriga
que a nadie desconcierta ni fatiga
Lo que a toda la gente
le parece indecente
es tener una Hormiga en la barriga.

Solo con ellas la literatura infantil argentina debería estar satisfecha. Sin embargo, tiene nombres suficientes para presumir: Adela Basch, Elena Bornemamn, Ema Wolf, Gustavo Roldán, Silvia Schujer, Luis María Pescetti, Mario Méndez, Ana María Ramb, Liliana Bodou…

De manera que si alguien tiene intención de encantar a niños con literatura de primera línea, sin correr riesgos, Mi Librería les deja esta recomendación:

Al sur de América Latina, en un hermoso país llamado Argentina, había una vez…

Poema de Laura Devetach.

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