BIBs: mucho más que belleza.

Propuesta para futuros envíos de BIBs

Ya sabemos que BIBs es ese club de amigos que una vez decidió llamarse Blogueros de Incontestable Belleza,  para dar esa carga de humor que siempre buscamos en los post, aunque de libros se traten, y que logramos en los comentarios, tan ricos y divertidos. Creo que la idea definitiva del nombre fue de Homolibris, no sé. Hoy me doy cuenta que no es solo una broma: los miembros de BIBs  están cargados de belleza.

En la reunión que tuvieron en marzo, en Madrid,  decidieron hacer un envío de libros al otro lado del océano y fue elegida Mi Librería, privilegiadamente elegida por ellos. Me siento en las nubes y no sé qué escribir. Solo maldigo a los señores del correo de Cuba que tuvieron el atrevimiento de abrir el paquete y sustraer (será mejor decir robar) un exquisito pañuelo y el marcapáginas que identifica a BIBs. Como me dice Loquemeahorro en un correo: está claro que solo las cosas “sin valor” como los libros van a llegar. Llegaron los libros y una cartica manuscrita por un Guisante Verde. Nada mejor. Así que no voy a llorar, ya podré ir a buscarlos yo misma… ¿por qué no?

Por ahora, ¡a leer! , con la alegría de saber que un día, esos amigos míos decidieron ponerme una sonrisa en la cara… ¡y lo consiguieron!

Regalo de los Blogueros de incontestable Belleza

¡¡¡MIL GRACIAS!!!

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GAZAPOTECA

El único hombre que no se equivoca,
es el que nunca hace nada.

Aquí regreso con dos nuevas pifias, no tan simpáticas como las anteriores, pero valen la pena. La primera es de una publicación religiosa que se llama Palabra nueva y que venden en la iglesia que mi mamá visita todos los domingos. Siempre trae buenos artículos y es muy cuidadosa con la edición, aunque es una revista de bajo costo, cosa que no importa mucho si su contenido es de alto costo. Lo cierto es que estuve leyendo este  domingo y me encontré esta perlita.

ML comenta: Que quede claro, que un minuto de silencio no son dos minutos de silencio, de manera que, insisto, el primer minuto no fue un minuto porque uno sí puede ser dos, aunque se diga uno… ¿ya lo había dicho en el título? Ah, que no digan que no lo dije ¿eh?

La segunda es de un periódico dominicano, el Listín Diario, que por estos días un amigo ha dejado caer en mi casa. Me llamó mucho la atención el reportaje del preso cubano, sobre el que no me interesa hacer ningún comentario. El caso es que en un mismo artículo encuentro varios desvaríos, cosa que no es extraña en esta publicación, porque he tenido la oportunidad de leerla y siempre se esmeran en regalarnos gazapos a los amantes de la buena redacción y ortografía.

ML comenta: Les iba a perdonar el cuentagostas, porque pensé que… bueno, al final del renglón… pase. Luego me tropiezo con la liberación inoncidicional, cosa que sonaba muy extraña hasta que caí en que se habían formado un lío con la sílaba con . Ahí empecé a recordar un cursito de corrector de estilo que pasé hace muchos años, y en eso estaba cuando caigo en la cuenta de la condena del susodicho: si fue condenado hace tres años, ¿cómo asegura luego que fue condenado en el 2003? ¿Es que estamos en el 2006? ¡Vaya, cuando yo lo digo! Siempre estoy en la luna de Valencia, menos mal que no es el 2010, ¡todavía me quedan lejos mis 50!

¿O será que a cuentagostas la liberación inoncidicional te la dan a los tres años pero sales a los siete?  Mejor hago un minuto de silencio… pero que sean dos.

¿Alguien me explica?

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Arte para los ojos.

Yo usaba espejuelos. Hace casi veinte años tomé la sabia decisión de operarme  y me puse en manos de unos capacitados doctores que extirparon de mis ojos la indeseable miopía  que amenazaba con avanzar.

Siempre he admirado a los cirujanos, esas personas que aprenden a lidiar con sangre, huesos, ojos… y los manipulan con habilidad, con destreza, casi como jugando, para enderezar, acotejar y componer lo mejor posible lo que la naturaleza o un accidente ha trastocado. Son elegidos, digo yo, porque ante tanto interior expuesto como en bandeja, no todo el mundo permanece de pie.

En esos quijotes del cuerpo he pensado hoy, cuando ha caído en Mi Librería el primer libro de Oftalmología editado en Cuba: Monografía oftalmológica, o descripción de todas las enfermedades que pueden padecer los órganos de la visión. Una joya, sin dudas.

Fue escrito por el Dr. José M. González Morillas, español que ejercía su profesión en La Habana , en la Sala de Santa Lucía del Hospital Militar a mediados del siglo XIX. El libro, editado en dos tomos, fue publicado en 1848 y tiene el valor añadido de ser el primero que vio la luz sobre este tema en castellano. Es el resultado de su experiencia, sus observaciones, deducciones, y todo lo que pudo hacer ante los miles de enfermos que atendió en esos años. Incluye además grabados y dibujos anatómicos, de ojos e instrumentos para mí espeluznantes, para los estudiantes de la época, útiles. La Oftalmología era casi desconocida en Cuba, y los avances europeos quedaban distantes, difíciles de acceder,  de ahí que la obra del Dr. González Morillas constituyó la base de estudios posteriores, resultado de su esfuerzo por trasmitir sus conocimientos.

Por supuesto, no lo he leído completo, solo de ver esos ojos picados al mejor estilo Buñuel  o descubrir el procedimiento para quitar un glaucoma por aquí o un tumor por allá me da escalofríos. Pero la primera parte del libro sí estaba a mi alcance, y me llamó mucho la atención la denominación de ARTE a esta ciencia difícil y misteriosa que es la Oftalmología. Algo capté además de la anatomía y fisiología del ojo, pero cuando entró en las patologías y la terapéutica quirúrgica, tuve que abandonar sin remedio.

Tal vez, para los doctores que me operaron, el libro Monografía oftalmológica esté obsoleto. Pero nadie le quitará su indiscutible valor bibliográfico e histórico, su osadía… y yo lo veo desde este siglo XXI con verdadera alegría, especialmente porque pienso que algo tuvo que ver para que yo un día lanzara desde mi balcón mis horribles espejuelos de miope.

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Almendrones… museo a cielo abierto.

Tenía el automóvil, que era lo importante.
Para trasladar algo hacen falta cuatro ruedas
y lo demás es secundario.

Lisandro Otero.
(escritor cubano)
Cuento: El Ford azul

Alguien dijo que Cuba era un verdadero museo rodante, cuando vio deambular por sus calles los vistosos ejemplares de Chevrolet, Buick, Cadillac, Dodge, Ford, Osmovile, Chrysler, Desoto y otros más, que fueron en los años 40 y 50, la marca de distinción para un status social acomodado.

Se sorprende el visitante con el estado de conservación de algunos y resulta inexplicable que aún circulen en la Cuba de hoy, cuyo trasfondo deteriorado de las fachadas, completa una visión digna de una máquina del tiempo.

¿Cómo llegaron hasta aquí estos vetustos autos? ¿Quienes los mantienen con vida? ¿Por qué sobrevivieron en Cuba estos “coches”, cuando el mundo se desvive por el auto del año? ¿Qué historias guardan tras sus anticuados pero elegantes diseños?

La necesidad es la madre de la invención, decía un viejo refrán, y quizás por ahí ande alguna respuesta perdida. Los de acá, apenas los vemos, convivimos con ellos sin reparar en lo extraño que resulta al visitante ese transitar sobre ruedas de casi seis décadas que nos separan de su tiempo. Hoy les rindo homenaje desde aquí, por  su afán de perdurar en la imagen de una isla que les debe mucho y que se empeña en no convertirlos en codiciadas piezas de coleccionistas.

Hay un interesante artículo por aquí  sobre los almendrones, que dicho sea de paso, deben su nombre a la forma ovalada y regordeta del fruto, similar a algunos modelos más viejos, y genéricamente ha devenido en nombre popular para cualquier auto anterior a 1959, aún con líneas más estilizadas. Todas las fotos las tomé en el 2010… ¿no me creen?

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Enigmas matemáticos en Los Viajes de Gulliver.

Estaba yo rompiéndome la cabeza con un juego de lógica, Machinarium,  cuando me quedé atascada en un problema matemático tan sencillo que me avergüenza decirles cuál, pero tampoco viene al caso. Lo que interesa es que buscando respuestas encontré en Mi Librería un libro de 1975, impreso en la desaparecida URSS, por la editorial Mir, que en aquellos años traía magníficas propuestas.

El libro en cuestión se llama
Problemas y experimentos recreativos, de  Ya. I. Perelman. Todavía andan por ahí algunos títulos  de este autor o de otros, pero que seguían la misma línea científico atractiva: Física recreativa, Química recreativa, Psicología recreativa (de mis preferidos), Álgebra, Geología, Astronomía y algo más.

Cuando empecé a leer  olvidé lo que buscaba y me perdí dos días entre números, pero el capítulo que más disfruté fue el dedicado a los problemas matemáticos en Los Viajes de Gulliver, esa novela fabulosa de Jonathan Swift, que fue escrita inicialmente para adultos (hay un interesante análisis sobre esto por aquíy por circunstancias de la vida se convirtió en un clásico de la literatura infantil, con millones de versiones en todos los idiomas, todos los países y todos los tiempos.

¿Recuerdan los viajes al país de los gigantes y a Liliput, el de los enanos? Pues todo estaba ingeniosamente pensado y medido por el autor. Los liliputienses tenían las dimensiones 12 veces menores que las normales y los gigantes, 12 veces mayores. ¿Por qué el número 12? Porque esa era la relación del pie a la pulgada en el sistema métrico inglés, de donde era oriundo Swift. Esa diferencia, que aparentemente pudiera parecer poca, resultó extraordinaria. Vamos a  descubrir solo dos enigmas del libro. Si se quedan con la intriga, pues qué bien, vayan a la página de Perelman, ahí están todos.

EN LILIPUT

Le será entregada diariamente una ración de comestibles y bebidas suficiente para alimentar 1728 súbditos de Liliput…
Trescientos cocineros me preparaban la comida. Alrededor de mi casa montaron barracas, donde hacían los guisos y vivían los cocineros con sus familias. Cuando llegaba la hora de comer, cogía yo con la mano veinte servidores y los ponía sobre la mesa, y unos cien me servían desde el suelo: unos servían las viandas, los demás traían los barriles de vino y de otras bebidas, valiéndose de pértigas, que llevaban entre dos, sobre los hombros. A medida que iba haciendo falta, los que estaban arriba subían todo a la mesa sirviéndose de cuerdas y poleas.

Dice Perelman: ¨El cálculo es correcto. No hay que olvidar que los liliputienses, aunque pequeños, eran completamente semejantes a personas ordinarias y las partes de su cuerpo tenían las proporciones normales.Por lo tanto, no eran doce veces más bajos, sino también 12 veces más estrechos y 12 veces más delgados que Gulliver. Por esta razón, el volumen de su cuerpo no era 12 veces menor que el cuerpo de Gulliver, sino 12 x 12 x 12, es decir 1728 veces menor. Y, claro está, para mantener la vida de un cuerpo así hace falta una cantidad de alimentos respectivamente mayor. He aquí por lo que los liliputienses calcularon que a Gulliver le hacía falta una ración suficiente para alimentara 1728 liliputienses.
Ahora se comprende por qué se necesitaban tantos cocineros. Para preparar 1728 comidas se precisan, por lo menos 300 cocineros, considerando que un cocinero liliputiense puede guisar media docena de comidas liliputienses. Está claro que también se necesitaba una gran cantidad de gente para elevar esa carga hasta la mesa de Gulliver, cuya altura, como es fácil de calcular, era comparable con la de una casa de tres pisos liliputienses.¨

EN EL PAIS DE LOS GIGANTES:

Me dieron permiso para coger de la biblioteca libros que leer, pero para que yo pudiera leerlos hubo que hacer todo un dispositivo. Un carpintero me hizo una escalera de madera que podía trasladarse de un sitio a otro…tenía 25 pies de altura y la longitud de cada peldaño alcanzaba 50 pies. Cuando quería leer, colocaban mi escalera a unos diez pies de la pared, con los peldaños vueltos hacia ésta, y en el suelo ponían el libro abierto, apoyándolo en la pared. Yo me subía al escalón más alto y empezaba a leer el renglón superior, recorriendo de izquierda a derecha y viceversa 8 ó 10 pasos, según fuera la longitud de los renglones. A medida que avanzaba la lectura y que los renglones se iban  encontrando más abajo del nivel de mis ojos, descendía yo al segundo peldaño, después al tercero y así sucesivamente.
Cuando terminaba de leer una página, volvía a encaramarme en lo más alto y comenzaba la página nueva del mismo modo que antes. Las hojas las pasaba con las dos manos, lo que no era difícil, porque el papel en que imprimieron sus libros no es más grueso que nuestro cartón, y su mayor infolio no tiene más de 18-20 pies de largo.

¿Guarda proporción todo esto? Veamos la respuesta exacta que aparece en el libro de Perelman:

 ¨Si se parte de las dimensiones de un libro moderno de formato ordinario (de 25 cm de largo y 12 de ancho), lo que dice Gulliver nos parece algo exagerado. Para leer un libro de menos de 3 m. de altura y 1 y medio de ancho no hace falta una escalera ni es necesario andar hacia la derecha y hacia la izquierda 8 ó 10 pasos, pero en los tiempos de Swift, es decir, a principios del siglo XVIII, el formato ordinario de los libros (infolio) era mucho mayor que el de ahora. El infolio, por ejemplo de Aritmética de Magnitski, que salió a la luz en la época de Pedro I, tenía 30 centímetros de alto y 20 cm.de ancho. Aumentando estas dimensiones 12 veces obtenemos unas medidas imponentes para los libros de los gigantes, a saber: 360 cm (casi 4 m) de alto, y 240 cm (2,4 m) de ancho. Leer un libro de 4 m sin escalera es imposible. Pero incluso este modesto infolio debía pesar en el país de los gigantes 1728 veces más que en el nuestro, es decir, cerca de 3 t. Calculando que tuviera 500 hojas, obtenemos que cada hoja de un libro de los gigantes pesaría unos 6 kg, lo que, para los dedos de la mano, resulta bastante oneroso¨.

Yo quería seguir, el tema me resultaba atractivo y creo que hasta para los que no somos muy “matemáticos”…pero miré hacia arriba y vi que el post se hacía tan largo como los infolios del país de los gigantes. Así que pongo el punto final, después de haber empezado en un juego entretenido y luego perderme en los mares del mundo con Gulliver… ¡ese infinito andar por los libros!

Les dejo un enlace por si quieren saber la posibilidad real de que esta isla pueda existir. Más ciencia… para variar: Alquimia y ciencias

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Lo mejor de lo mejor… en la web. (6)

Tengo la necesidad imperiosa de compartir tantos posts buenos, leídos por ahí, en sitios y blogs , que decidí abrir esta categoría, aunque tengan que ver o no con libros-librerías-literatura-lectura y otros tags afines. Recomendaciones especiales de Mi Librería. (Ver la categoría)

LATROLA.

Aquí no solo hay fotos simpáticas, sino buen humor, y eso siempre se agradece. Llevan el sitio con una cuidadosa selección de imágenes, y la acompañan con un comentario acertado, inteligente y picaresco… buenos ingredientes para pasar un rato divertido.

Se actualiza con frecuencia, así que volvemos a él para sorprendernos siempre de este mundo tan caprichoso.

 

NO PUEDO CREER

Pues sí, créanlo. La creatividad es una cualidad inherente a los humanos, especialmente a aquellos inconformes que no se quedan de brazos cruzados si les “aprieta el zapato”.

Cuando estuve revisando este sitio, pensé que debía mostrárselo a mis lectores, cada uno elegirá su mejor invento, se reirá de otros y hasta habrá uno o una que pondrá en marcha su imaginación para hacer su aporte.  ¿Verdad, Loque?

 

KANELA Y LIMON

Siempre sigo los sitios de cocina… me gustan, qué le voy a hacer. Esta vez le toca a KyL, porque todas las recetas que hago de allí… ¡me salen bien!

Debe ser por la manera fácil de explicar los “paso a paso”, o por las fotos geniales que incluyen, el asunto es que cuando entren una vez… ¡ya! No les quedará más remedio que seguir visitándolo. Ya yo hice la Pizza real, los Hot dogs, el Quiche de mar, las Aceitunas envueltas, etc, etc, etc.

 

FLAME

Esta propuesta es fuera de serie. Un sitio para diseñadores, bien, pero también para, quienes como a mí, nos gusta eso de hacer nuestras propias “obras maestras”.

Registren un poco y descubran cuántas opciones tienen para dibujar, crear… visiten la galería y vean lo que la gente ha hecho. Yo he pasado un buen rato por aquí y con ayuda de mis “asesores particulares” he logrado imágenes con cierto grado de “dignidad”.

No le tengan miedo, arriesguense y prueben. Especial para Mork, él sabe.

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“Loslibrosdeteresa” en Mi Librería.

   El amor junta los cetros con los cayados;
la grandeza con la bajeza;
hace posible lo imposible;
iguala diferentes estados
y viene a ser poderoso
como la muerte.

Cita de El Quijote.

No, no, Teresa está tranquila sentada en su preciosa  Ciudad Real,  pero su hermana Ana, tan parecida físicamente a ella, ha decidido dar una vueltecita por la Isla de Cuba, y ha tenido la gentileza de “desembarcar” unos minutos en Mi Librería, y para colmo de bienes llegó con las manos llenas… ¡de libros!

Muñoz Molina   ya lo conocía por sus novelas, que esporádicamente aparecen  por acá, pero sólo he leído Plenilunio, una obra que quizás no tenga tanto éxito como El Jinete polaco, pero que a mí me encantó por la manera profunda en que involucra el pensamiento de los personajes en el desarrollo de la acción y por la estructura de la obra, con reiterados flashback,  pero no solamente de pasajes ocurridos sino de conflictos emocionales. Me gustó, sin más. Así que me alegró mucho esta nueva propuesta de Teresa.

A  Paul Auster  estaba cansada de verlo en blogs amigos, todos hablan de él, y yo en la luna de Valencia, de la que ahora descenderé lentamente. Estoy muy entusiasmada con este libro: Brookling Follies. 

Almudena Grandes  también la conocía, pero no había leído nada de nada. Cierta vez tuve en mis manos Malena es un nombre de tango  pero de ahí no pasó.  Ahora, empaquetado como regalo muy preciado, como un delicado presente,  Teresa me obsequia El Corazón helado. Ya voy por la página trescientos y tanto, pero tiene más de mil, de manera que demoraré unos días más para saber el final. Lo que sí ya sé es por qué ella le dió un carácter especial, envolviéndolo aparte, insinuando un tesoro… ¡y es que lo es! Estoy tan atrapada en sus páginas que tuve que obligarme a hacer un alto para escribir esta reseña. No sé por qué me ha parecido que esta mujer tiene a sus espaldas la tradicional narrativa de Pérez Galdós, abarcadora y genial,  con un lenguaje singular, innovador y sorprendente. Lleva la trama con maestría…  y no digo más, ya tendré que hacer un post aparte para ella cuando termine.

Gracias Teresa, una vez más. Gracias, Ana. Les dejo una fotografía en Mi Librería. Aquí juntos: Leo, AD, Ana y su esposo.  Un nuevo encuentro de amigos, resultado feliz de este año de intercambios que nos ha unido en ese maravilloso Club de blogueros de incontestable belleza… ¿qué me dicen?

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