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Dos brevísimas historias de humor y una anécdota de Mi Librería

Seguimos con aquello de que a veces los cables se cruzan, se borra alguna carpeta de nuestro archivo cerebral  o se abre la que no era.  Así pasa en todas partes y hasta a nosotros mismos, con más frecuencia de la que imaginamos. En Mi Librería, ya les he contado aquí, abundan los trueques mentales… como estos: 

Ella me asalta con su pregunta:

– Yo quisiera encontrar un libro que se llama  Veinte mil siglos de fábulas y apotegmas

– No, aquí en Mi Librería no lo tenemos, lo siento.- respondí casi sin pensar.

Y luego de una pausa en que proceso el título lentamente en mi cerebrito, me digo :

– ¡Contra!, si la escritura más antigua es descubierta en la ciudad sumeria de Uruk, en el año 3.300 a.C. y después, el hombre ha sobrevivido hasta el siglo XXI…me parece que se le fue la mano… ya me imagino aquellas fábulas que se contaban hace siglos,  ¿las recuerdan?  aquella que el brontosaurio le decía al velocirraptor…

 

Aquel hombre tenía los ojos desordenados de nacimiento, y andaba torpe, con pasos inseguros. Con su lengua tropelosa, evidentemente por los efectos del alcohol, se acercó para preguntarme:

-Mi vidda…(esa era yo, su vida, ¿no?) mi vida, tú no tendrás por ahí un libro de are…ar…areo…aeronáutica?

Que Dios me perdone, pero le dije que no… y me siento la salvadora del mundo.

La niña no tiene aún cinco años. Observa detenidamente la imagen de la cubierta de un libro donde aparecen unos esclavos trabajando brutalmente, azotados por quien parece ser su mayoral.

– ¿Estos hombres son esclavos?

– Sí, efectivamente.

– ¿Qué están haciendo ahí?

– Trabajando.

– Y ¿por qué él les está pegando?

 (ya empiezo a dudar en mi respuesta, no sé hasta dónde debo llegar con una niña tan pequeña)

– Porque es un explotador, un abusador que los obliga a trabajar.

– ¿Tú sabes que Martí dijo que el trabajo hace crecer?

(miro a la madre que sonríe)

– Así es, pero cuando se trabaja para sí, para el bien de tu familia, no para que otro como ese hombre se enriquezca a costa de tu esfuerzo y te maltrate como si fueras un animal…

Yo me quedo bastante consternada, me parece que he entrado en una explicación complicada para esta pequeñísima niña. De pronto se vuelve a su mamá, que me mira con cara de que “ella es así”.

– Mami, compra este que es un libro aunténtico.

No sé cómo la mamá le quitó la idea y se llevó El Ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde, que era el que había venido a buscar.

En cuanto se fueron, yo quité el libro del parabán y empecé a leerlo, debo estar preparada para cuando esa niña regrese… porque seguramente volverá.

Esta puede ser la niña de mi cuento

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