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Ellos NO escribían para niños…

…pero una vez lo hicieron.

literatura para niños

Fueron grandes escritores de otros géneros y sin embargo, no pudieron resistir la tentación de probarse en la literatura infantil, de dedicar su talento a los pequeños, quién sabe por qué motivaciones.

En Mi Librería hay un libro pequeño que pudiera pasar inadvertido si no estuviera entre mis preferidos. Su autor es el norteamericano Ray Bradbury.  Ese mismo, el de  Crónicas marcianasFahrenheit 451El Hombre ilustrado. Este consagrado escritor  cimentó el auge y prestigio de la ciencia ficción a escala mundial. Pero un día Bradbury se bajó de su nave fantástica y escribió este dulce cuento para niños: La niña que iluminó la noche (versión). Un relato para vencer el miedo a la oscuridad, con un excelente juego de palabras e ideas. Recomendación muy especial .

La Niña que iluminó la noche, Ray BradburyLA NIÑA QUE ILUMINO LA NOCHE (fragmento)
Había una vez un muchacho a quien no le gustaba la noche. Le gustaban linternas y lámparas, y antorchas y alumbrados y faros y faroles y velas y velones y relumbrones y relámpagos. Pero no le gustaba la noche.
Se le veía en salones y sótanos y despensas y desvanes y alcobas y alacenas y escurriéndose por los corredores.
Pero nunca se le veía afuera… en la noche.

 
Algo parecido le ocurrió a Manuel Cofiño, un autor cubano que debió haber vivido más. Sus novelas no hay que exhibirlas en Mi Librería: se piden solas. Es que la gente sabe de lo bueno y La Última mujer y el próximo combate y Cuando la sangre se parece al fuego,  son novelas contemporáneas que no se pueden dejar de leer para conocer los años 80.  Solo por una vez dedicó su inspiración a los niños y nació este cuento largo: Las Viejitas de las sombrillas (versión) maravilloso encuentro con siete viejitas, todas con historias diferentes: Alejandra de los recuerdos, Beatriz de los sueños, Claribel de las flores, Damiana de los remedios, Eduviges de los bordados, Fortunata de los niños, Gabriela de los pájaros.  Hace años que no se ha vuelto a editar, lástima. Yo conservo el mío con celo porque además de servirme para trabajar con los niños, lo disfruté mucho.

Las Viejitas de las sombrillas, Manuel CofiñoLAS VIEJITAS DE LAS SOMBRILLAS (fragmento)
Dicen que una familia entera desapareció. Bueno, una familia no, porque eran nada más que siete viejitas que eran hermanas. Vivían en el bosque, en una casita pintada de blanco, con una bandera bordada con los colores del arco iris flotando en el tejado y rodeada de pinos,  cedros y majaguas. Casi nunca salían y cuando lo hacían  siempre llevaban quitasoles. Dicen que uno era amarillo, el otro rojo, el otro blanco, el otro violeta, el otro rosado, el otro verde y el otro naranja.

León Tolstoi, ese ruso grande entre los grandes, novelista indiscutible que dejó obras tan contundentes como La Guerra y la paz  y  Anna Karenina. Con eso bastaba para perdurar en la memoria literaria de la humanidad. Pero no fue así. A Tolstoi le debemos un libro más: Cuentos para niños.(versión).
De este hermoso libro recuerdo con especial cariño Dos camaradas, La niña de las setas, El gatico y este que les presento:

Cuentos para niños, León TolstoiEL HUESO  DE LA CIRUELA  (fragmento)

Una madre había comprado ciruelas, y quería dárselas a sus hijos tras el almuerzo.  Estaban sobre un plato.
Vania nunca había comido ciruelas,  y no paraba de olisquearlas. Y le gustaban mucho. Tenía muchas ganas de comérselas. No hacía más que rondar por allí. Al quedarse solo en la górnitsa, no se contuvo: echó mano a una ciruela y se la comió.
Antes del almuerzo la madre contó las ciruelas y vio que faltaba una. Se lo dijo al padre.

 ¿Por qué esos escritores, con una obra reconocida en géneros bien consolidados como lo son la ciencia ficción, la novela costumbrista o la histórica, decidieron arriesgarse e incursionar en la literatura infantil?  Quién sabe… Seguramente hay muchos  autores que llevan ese niño en su recuerdo y alguna vez deslizaron sus manos en una pluma, un bolígrafo o un teclado para derrochar su genialidad en un cuento para niños. ¡Y es una suerte que haya sido así!… pero no quiero hacer la lista más larga. Se la dejo a ustedes.

Frase de José Martí, escritor y poeta cubano

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