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Tras el humo de un tabaco.

En la pasada Feria del Libro  de La Habana compré Caminos de humo, una antología de cuentos cubanos con aromas de tabaco, donde aparecen veinticuatro relatos cuyos protagonistas, o uno de los personajes, o quizás el leimotiv de todos, es ese habano virtuoso que se distingue por su estimulante presencia, por su despliegue de placer y erotismo, por su cubanísima hidalguía. Si consideramos la proverbial frase: Cuba es la tierra del mejor tabaco del mundo, entonces este librito se vuelve indispensable para lectores empedernidos, fumadores o no,  por puro privilegio natural.

Ya guardaba con celo en mi librero
El Bello habano, escrito por Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura y visitante de Mi Librería, uno de los mejores “conversadores” que conozco.  Es un libro anecdótico, que engarza leyenda y literatura, humor e historia, con la hábil pluma de un maestro. El prólogo  es de un conocido de todos: Vázquez Montalbán. (Si alguien del Club de IB quiere un ejemplar, que levante la mano).

Tabaco y literatura andan juntos desde siempre en el proceso creativo.  Compruébenlo, solo les daré algunos nombres y cuando piensen en ellos, no dejen de colocar entre sus labios un puro y envolver su imagen en la transparencia azulosa de una bocanada: Hemingway, Cortázar, Stevenson, Twain, Whitman, Flaubert, Sartre, Faulkner, Joyce, Lezama, Valery, Mallarmé, Camus… etc, etc, etc.

Mientras preparaba esta entrada,   encontré dos anécdotas simpáticas que no me privaré de cortar y pegar: una de Juan Carlos Onetti, el novelista uruguayo  y otra del filósofo ruso Mijaíl Bajtin.

Onetti siempre contó que había comenzado a escribir por causa del tabaco. A principio de los años 30, recién casado, se trasladó a Buenos Aires, donde estaba prohibida la venta de cigarrillos durante el fin de semana, de modo que los fumadores acopiaban los viernes tabaco para tres días. A él se le olvidó comprar y la desesperación se tradujo en un cuento de apenas cuarenta páginas que escribió en una tarde, sentado ante la máquina de escribir para desahogarse. Era la primera versión de El Pozo, que se publicaría nueve años después. Fue lo único en su vida que escribió sin fumar.

Mijaíl Bajtin fue condenado por Stalin a un exilio forzoso en un lugar donde no había estancos, se vio obligado a fumarse un ensayo sobre Goethe, en el que trabajo por diez años. Mecanografiado en papel cebolla, se confió de tener otro manuscrito guardado en la capital rusa,  el mismo que desapareció patéticamente tras un bombardeo. Literalmente, una obra que se esfumó para siempre. 

A veces humorísticamente, en ocasiones con remilgos y quejas, muchas por detractores, el tabaco aparece en la literatura universal. Cigarro, cigarrillo, puro, breva, tabaco, habano…  la elegante hoja enrollada se defiende en los libros como gato bocarriba.  Escogí a los defensores acérrimos para ilustrar mi comentario, a los que no pueden vivir sin él, a los que alguna vez, le dieron la oportunidad de inmortalizarlo en sus obras.

Por tema de mi conferencia de hoy he elegido el que sigue: «Sobre el daño que el tabaco causa a la Humanidad». Yo soy fumador…, pero como mi mujer me manda hablar de lo dañino del tabaco…, ¡qué remedio me queda!… ¡Si hay que hablar del tabaco…, hablaré del tabaco!… A mí me da igual!… Eso sí…, les ruego, señores, que escuchen esta conferencia con la debida seriedad… Aquel a quien una conferencia científica asuste o desagrade…, puede no escucharla y retirarse… (Se estira el chaleco.) Solicito también una atención especial por parte de los señores médicos…, ya que estos pueden sacar gran provecho de mi conferencia…, dado que el tabaco, a pesar de su carácter perjudicial, es empleado también en medicina. Si, por ejemplo, metiéramos una mosca en una tabaquera…, moriría, seguramente, víctima de un desequilibrio de sus nervios…

Sobre el daño que hace el tabaco
Antón Chéjov.

No comprendo eso- dijo Hans Castorp-No comprendo que se pueda vivir sin fumar. Es privarse, sin duda alguna, de la mejor parte de la existencia y, en todo caso, de un placer muy considerable.Cuando me despierto, ya me alegra el pensar que podré fumar durante el día y cuando como tengo el mismo pensamiento. Sí, puedo decir que como para poder luego fumar y creo que no exagero mucho.Un día sin tabaco sería el colmo del aburrimiento, sería un día absolutamente vacío e insípido y si por la mañana tuviese que decirme:”hoy no podré fumar” creo que no tendría el valor para levantarme. Te juro que me quedaría en la cama. Mira, cuando se tiene un cigarro que tira bien -naturalmente, no ha de haber ningún agujero ni debe tirar mal, esto es una cosa completamente desagradable- , cuando se tiene un buen cigarro, uno se halla al abrigo de todo.

La montaña mágica,
Thomas Mann

Ocurrió que un día no pude ya comprar ni cigarrillos franceses… y tuve que cometer un acto vil: vender mis libros. Eran apenas doscientos o algo así, pero eran los que más quería, aquellos que arrastraba durante años por países, trenes y pensiones y que habían sobrevivido a todos los avatares de mi vida vagabunda. Yo había ido dejando por todo sitio abrigos, paraguas, zapatos y relojes, pero de estos libros nunca había querido desprenderme. Sus páginas anotadas, subrayadas o manchadas conservaban las huellas de mi aprendizaje literario y, en cierta forma, de mi itinerario espiritual. Todo consistió en comenzar. Un día me dije: “Este Valéry vale quizás un cartón de rubios americanos”, en lo que me equivoqué, pues el bouquiniste que lo aceptó me pagó apenas con qué comprar un par de cajetillas. Luego me deshice de mis Balzac, que se convertían automáticamente en sendos paquetes de Lucky. Mis poetas surrealistas me decepcionaron, pues no daban más que para un Players británico. Un Ciro Alegría dedicado, en el que puse muchas esperanzas, fue solo recibido porque le añadí de paso el teatro de Chejov. A Flaubert lo fui soltando a poquitos, lo que me permitió fumar durante una semana los primitivos Gauloises. Pero mi peor humillación fue cuando me animé a vender lo último que me quedaba: diez ejemplares de mi libro Los gallinazos sin plumas, que un buen amigo había tenido el coraje de editar en Lima. Cuando el librero vio la tosca edición en español, y de autor desconocido, estuvo a punto de tirármela por la cabeza. “Aquí no recibimos esto. Vaya a Gilbert, donde compran libros al peso”. Fue lo que hice. Volví al hotel con un paquete de Gitanes. Sentado en mi cama encendí un pitillo y quedé mirando mi estante vacío. Mis libros se habían hecho literalmente humo.

Solo para fumadores
Julio Ramón Ribeyro.

Fumarse un habano, mejor dos, tres, una rueda completa. Encender el próximo con aquel a punto de apagarse. Pasar días y días -esas jornadas en que nada hacemos, en que poco podemos hacer- inhalando el humo de una legión de habanos. Esa podría ser una manera de alcanzar el nirvana, colocarse en resonancia con todo aquello que se espera de un habanero que se aburre y comienza a pensar en fumárselo todo, desde las hojas secas de los árboles hasta su propio cuerpo. Comenzar con los dedos de las manos, las propias, las ajenas, todas hasta alcanzar la transformación en un ser humano en extinción fumándose su propio ser en medio de la Nada. En medio de una ciudad de humo, con personas de humo orgullosas del habano.

Un Cuento de humo.
(Del libro: Caminos de humo)
Ernesto Pérez Chang

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Maestros rusos

La literatura rusa del siglo XIX es universalmente reconocida. Vigorosa y trascendente, tuvo escritores que enriquecieron las letras con su genialidad y aportaron un buen número de obras de indiscutible valor y belleza.

El pueblo ruso, sus alegrías, sus guerras y sus esperanzas, los amores y los problemas existenciales, la vida misma,  son pintados con todos los colores que estos maestros esgrimieron para mostrar una cultura rusa tan rica e inmensa como su geografía. Les sorprenderá el humor y la ironía Gógol, las descripciones osadas de Pushkin, la calidez  humana de Chéjov , el realismo desgarrador de Dostoievski, la apasionada letra de Tolstoi. No son los únicos, fue una etapa pródiga y brillante, que no deben pasar por alto. Es difícil abarcar con palabras lo inconmensurable del hombre ruso, pero ellos lo hicieron plenamente y por eso son admirados y yo diría, sin temor a equivocarme, indispensables para la historia de la literatura universal.

La próxima Feria Internacional del Libro de La Habana estará dedicada a Rusia. Mi Librería trae un avance de ese homenaje, recordando algunos grandes a través de sus obras, quizás no las más representativas, pero cuesta escoger una sola rama de ese árbol frondoso. Tengo la esperanza de que aquellos que aún no se atrevieron a leerlos, lo hagan definitivamente.

Recomendación de Mi Librería

NICOLÁS GÓGOL.
Novela: Almas muertas

¡Qué linda mujercita!… Pero ¿qué es lo mejor de ella? Lo mejor es que, al parecer, acaba de salir de algún pensionado o instituto y que aún no hay en ella nada de mujer; es decir precisamente carece de aquello que es desagradable. Ahora es como una criatura: es sencilla, dice lo que se le ocurre, se ríe cuando se le antoja se puede hacer de ella lo que se quiera, puede resultar una maravilla o una nulidad -¡y esto es lo que será!- en cuanto la cojan por su cuenta las mamaítas y las tiítas. En un año la llenarán de cosas de mujer, de tal manera, que no la reconocerá ni su propio padre. No se sabe de dónde aparecerá en ella la presunción y el orgullo; comenzará a conducirse según las instrucciones de los demás; se romperá la cabeza pensando con quién, cómo y cuánto hay que hablar; cómo y a quién debe mirar; temiendo a cada momento hablar más de lo debido, terminará embrollándose y, por fin, mentirá toda su vida, y ¡sabe Dios lo que resultará de ella!.

ALEJANDRO PUSCHKIN.
Novela: Eugenio Onieguin

“Mi tío, hombre de austeras normas de vida, al caer seriamente enfermo, se atrajo súbitamente el respeto de cuantos le rodeaban.
¡Que su ejemplo sirva a los demás de ciencia! Pero, ¡Dios mío, qué aburrimiento estar sentado día y noche con un enfermo, sin alejarse de él un solo paso! ¡Qué fastidio tan enorme divertir a un moribundo, arreglarle las almohadas, darle tristemente la medicina y suspirar y pensar: ¿Cuándo te llevará el  diablo?!”
Así pensaba el joven atolondrado y pícaro, único heredero de todos sus parientes, corriendo en una diligencia, por la voluntad del Todopoderoso, en medio de una nube de polvo.

 FIODOR DOSTOIEVSKI
Novela: Crimen y castigo

La vieja tenía muy poco cabello, casi todo blanco y como de costumbre, estaba untado con una pomada grasienta. Lo llevaba recogido atrás, cerca de la nuca, en un moño sujeto con una peineta de concha. El hacha le dio exactamente en el occipucio, lo que en parte fue debido a su baja estatura. La vieja, que tras lanzar un débil gemido, cayó al suelo, sobre el que quedó sentada. Aún tuvo fuerzas para llevarse las manos a la cabeza. En la derecha seguía conservando el paquete. Entonces Raskolnikov, cuyos brazos habían recobradoinstantánemnte todo su vigor, descargó otros dos fuertes golpes en el mismo punto que el primero. Brotó un chorro de sangre y la vieja se derrumbó de espaldas. El joven se inclinó ligeremente para observar a su víctima:estaba muerta. Sus ojos permanecían tan abiertosque parecían querérsele esacpar de las órbitas, mientras que las postreras convulsiones dieron a su rosto una terrible expresión.

LEON TOLSTOI
Novela: Resurrección.

-La naturaleza de las abejas es tal, que si no eres prudente las dañarás a ellas y te dañarás a ti mismo. Igual sucede en lo que respecta a las relaciones con los hombres. Y esto es solo de justicia, pues el amor recíproco entre los hombres es la ley fundamental de la vida humana. Claro que un hombre no puede obligarse al amor como al trabajo; pero no se deduce de esto que se pueda obrar sin amor con los hombres, sobre todo cuando se tiene necesidad de ellos.
¡Si no te sientes capaz de amar a tus semejantes, quédate en casa! ¡Ocúpate de tu persona, de las cosas inanimadas, pero no de los seres humanos!

 ANTON CHEJOV
Cuento: La Dama del perrito

En Oreanda se sentaron en un banco, no lejos de la iglesia, y estuvieron mirando abajo, al mar, en silencio. A través de la niebla del amanecer, Yalta casi no se veía, en las cumbres de las montañas se mantenían inmóviles las nubes blancas. Las hojas no se movían en los árboles, chirriaban las cigarras, y el monótono y sordo rumor del mar, que llegaba desde abajo, les hablaba de paz, del sueño eterno que nos espera.
Así sonaba el mar allí abajo, cuando aún no estaban aquí ni Yalta, ni Oreanda, así seguía ahora el rumor y así seguiría, igual de indiferente y sordo, cuando no estuviéramos. Y en esta inmutabilidad, en la completa indiferencia hacia la vida y la muerte de cada uno de nosotros se esconde, quizá, el secreto de nuestra salvación eterna, del ininterrumpido movimiento de la vida en la tierra, del constante perfeccionamiento.

Pocos libros actuales tienen la envergadura de estas obras. No lo dejen para después, les garantizo una buena lectura.

 

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La trascendencia del beso hecho con letras.

Por una mirada, un mundo
por una sonrisa, un cielo
por un beso… ¡yo  no sé
qué te diera por un beso!

Rima XXIII
G.A.Bécquer.

Dicksee

Si nos pusiéramos a hablar de las connotaciones del BESO en nuestras vidas, bien podría dedicar un blog entero solo a eso… ¡y con mucho gusto!  Pero no es el caso. He decidido ponerme orejeras y no ver más allá, para concentrarme en esos besos que a través de las letras nos han puesto a pensar… y a sentir. Solo narrativa, buscar en poesía hubiera sido ¿redundancia?.

Me acercaré despacio a las obras,  robaré algunos fragmentos y para que el atrevimiento sea mayor, los clasificaré a mi antojo para divertirme un rato. Pónganle imaginación… ¡para eso fueron escritos!

Gustav KlimtEL BESO APASIONADO
(considerado por muchos el mejor beso literario de la historia)

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Novela Rayuela (capítulo 7)
Julio Cortázar.

Francesco Hayez.EL BESO MORTAL

OTELO-…Si de su tallo la fresca rosa arranco, no puedo renovar su lozanía; es fuerza que se mustie. Aquí en la mata quiero aspirar aún su dulce esencia. (La besa). ¡Oh aliento embalsamado, a la justicia casi persuades a romper su espada! Un beso; y otro más. Después de muerta estáte así: te mataré, y amarte podré después. Un beso más, el último; tan dulce y tan fatal no lo hubo nunca. Fuerza es llorar; pero es cruel mi llanto, y mi pesar es cual de Dios la ira: donde más ama, hiere.

Teatro: Otelo
Williams Shakespeare.

MagritteEL BESO EQUIVOCADO

Riabóvich se detuvo pensativo… En aquel momento, de modo inesperado, se oyeron unos pasos rápidos y el rumor de un vestido, una anhelante voz femenina balbuceó: “¡Por fin!”, y dos brazos mórbidos, perfumados, brazos de mujer sin dudas, le envolvieron el cuello; una cálida mejilla se apretó contra la suya y al mismo tiempo resonó un beso. Pero acto seguido la que había dado el beso exhaló un breve grito y Riabóvich tuvo la impresión de que se apartaba bruscamente de él con repugnancia. Poco faltó para que también él profiriera un grito, y se precipitó hacia la rendija iluminada de la puerta…

El Beso
Cuento de Anton Chéjov.

Auguste RodinEL BESO INFIEL

De la misma manera que el asesino se lanza contra su víctima, la arrastra, la destroza con ferocidad, dijérase casi con pasión, así también Vronsky cubría de besos el rostro  y los hombros de Ana. Ella apretaba la mano de él entre las suyas y no se movía. Aquellos besos eran el pago de la vergüenza. Y aquella mano que siempre sería suya, era la mano de su cómplice…

Novela Ana Karénina
León Tolstoi

Thedore GéricaultEL BESO DECIMONÓNICO

La mayor parte de las mujeres pierden su autoridad sin más motivo que el abuso de besar, del besar intempestivo. Si ven que el marido o el amante da señales de un poco de fatiga, porque hay horas de laxitud en las que el corazón, lo mismo que el cuerpo, piden reposo, ellas, en vez de comprender lo que a él le ocurre, se obstinan en caricias inoportunas, lo hastían con su obstinación de ofrecerle los labios, lo cansan al estrecharlo entre los brazos sin medida ni razón.
Presta fe a mi experiencia. Para empezar, no beses a tu marido en público, en un vagón o en un restaurante. Es un acto del peor gusto. Aguántate las ganas… Un beso torpe puede ocasionar un gran daño.

Cuento El Beso
Guy de Maupassant

Canova EL BESO QUE NO FUE

Los negros ojos de Rhett recorrieron la cara y viajaron hacia los labios de ella. Scarlett bajó los ojos excitada…si le permitía un casto beso, él podría traerle otros lindos presentes con la esperanza de conseguir otro beso. en esta forma los hombres almacenan besos, aunque solo el cielo sabe para qué…Sería tan interesante tener a Rhett Butler sometido a su amor, reconociéndola o rogándole un beso o una sonrisa. Sí, ella se dejaría besar. Pero él no se movió para hacerlo.
– No pretendo yo besarlo al menos.
– Entonces, ¿por qué tiene la boca fruncida tan ridículamente?

Novela Lo que el viento se llevó
Margaret Mitchell

Lichtenstein.EL BESO ADOLESCENTE

El beso lo inventó la rotación de algún planeta. el beso lo inventó algún atrevido protozoario. El beso lo inventó una rana antes del salto. El beso lo inventó un mamut enternecido. El beso lo inventó el calor de las hogueras. El beso lo inventó el yaguar en plena selva. El beso lo inventó el primer cocuyo cuando pujó por alumbrar. El beso lo inventé yo el día inaugural en que rocé tus labios.

Amor de los pupitres
Félix Guerra.

Y como yo no he sido la única que ha pretendido clasificar besos,  Mi Librería les deja un regalito: un poema del Premio Nobel, la chilena Gabriela Mistral:

(FRAGMENTO)

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

…………………………………………………..

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Poema Besos

Alfred Eisenstaedt (fotógrafo) 

Ha quedado extensa esta entrada, pero bien sabe el buen lector que he dejado mil besos regados por los libros y que no caben todos en mi pequeño blog. También las obras plásticas le han dedicado su arte, por eso están ahí. 
Si alguien quería más, le ofrezco  el besito sincero y cariñoso de Mi Librería .
besitos de Mi Librería

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