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Enigmas matemáticos en Los Viajes de Gulliver.

Estaba yo rompiéndome la cabeza con un juego de lógica, Machinarium,  cuando me quedé atascada en un problema matemático tan sencillo que me avergüenza decirles cuál, pero tampoco viene al caso. Lo que interesa es que buscando respuestas encontré en Mi Librería un libro de 1975, impreso en la desaparecida URSS, por la editorial Mir, que en aquellos años traía magníficas propuestas.

El libro en cuestión se llama
Problemas y experimentos recreativos, de  Ya. I. Perelman. Todavía andan por ahí algunos títulos  de este autor o de otros, pero que seguían la misma línea científico atractiva: Física recreativa, Química recreativa, Psicología recreativa (de mis preferidos), Álgebra, Geología, Astronomía y algo más.

Cuando empecé a leer  olvidé lo que buscaba y me perdí dos días entre números, pero el capítulo que más disfruté fue el dedicado a los problemas matemáticos en Los Viajes de Gulliver, esa novela fabulosa de Jonathan Swift, que fue escrita inicialmente para adultos (hay un interesante análisis sobre esto por aquíy por circunstancias de la vida se convirtió en un clásico de la literatura infantil, con millones de versiones en todos los idiomas, todos los países y todos los tiempos.

¿Recuerdan los viajes al país de los gigantes y a Liliput, el de los enanos? Pues todo estaba ingeniosamente pensado y medido por el autor. Los liliputienses tenían las dimensiones 12 veces menores que las normales y los gigantes, 12 veces mayores. ¿Por qué el número 12? Porque esa era la relación del pie a la pulgada en el sistema métrico inglés, de donde era oriundo Swift. Esa diferencia, que aparentemente pudiera parecer poca, resultó extraordinaria. Vamos a  descubrir solo dos enigmas del libro. Si se quedan con la intriga, pues qué bien, vayan a la página de Perelman, ahí están todos.

EN LILIPUT

Le será entregada diariamente una ración de comestibles y bebidas suficiente para alimentar 1728 súbditos de Liliput…
Trescientos cocineros me preparaban la comida. Alrededor de mi casa montaron barracas, donde hacían los guisos y vivían los cocineros con sus familias. Cuando llegaba la hora de comer, cogía yo con la mano veinte servidores y los ponía sobre la mesa, y unos cien me servían desde el suelo: unos servían las viandas, los demás traían los barriles de vino y de otras bebidas, valiéndose de pértigas, que llevaban entre dos, sobre los hombros. A medida que iba haciendo falta, los que estaban arriba subían todo a la mesa sirviéndose de cuerdas y poleas.

Dice Perelman: ¨El cálculo es correcto. No hay que olvidar que los liliputienses, aunque pequeños, eran completamente semejantes a personas ordinarias y las partes de su cuerpo tenían las proporciones normales.Por lo tanto, no eran doce veces más bajos, sino también 12 veces más estrechos y 12 veces más delgados que Gulliver. Por esta razón, el volumen de su cuerpo no era 12 veces menor que el cuerpo de Gulliver, sino 12 x 12 x 12, es decir 1728 veces menor. Y, claro está, para mantener la vida de un cuerpo así hace falta una cantidad de alimentos respectivamente mayor. He aquí por lo que los liliputienses calcularon que a Gulliver le hacía falta una ración suficiente para alimentara 1728 liliputienses.
Ahora se comprende por qué se necesitaban tantos cocineros. Para preparar 1728 comidas se precisan, por lo menos 300 cocineros, considerando que un cocinero liliputiense puede guisar media docena de comidas liliputienses. Está claro que también se necesitaba una gran cantidad de gente para elevar esa carga hasta la mesa de Gulliver, cuya altura, como es fácil de calcular, era comparable con la de una casa de tres pisos liliputienses.¨

EN EL PAIS DE LOS GIGANTES:

Me dieron permiso para coger de la biblioteca libros que leer, pero para que yo pudiera leerlos hubo que hacer todo un dispositivo. Un carpintero me hizo una escalera de madera que podía trasladarse de un sitio a otro…tenía 25 pies de altura y la longitud de cada peldaño alcanzaba 50 pies. Cuando quería leer, colocaban mi escalera a unos diez pies de la pared, con los peldaños vueltos hacia ésta, y en el suelo ponían el libro abierto, apoyándolo en la pared. Yo me subía al escalón más alto y empezaba a leer el renglón superior, recorriendo de izquierda a derecha y viceversa 8 ó 10 pasos, según fuera la longitud de los renglones. A medida que avanzaba la lectura y que los renglones se iban  encontrando más abajo del nivel de mis ojos, descendía yo al segundo peldaño, después al tercero y así sucesivamente.
Cuando terminaba de leer una página, volvía a encaramarme en lo más alto y comenzaba la página nueva del mismo modo que antes. Las hojas las pasaba con las dos manos, lo que no era difícil, porque el papel en que imprimieron sus libros no es más grueso que nuestro cartón, y su mayor infolio no tiene más de 18-20 pies de largo.

¿Guarda proporción todo esto? Veamos la respuesta exacta que aparece en el libro de Perelman:

 ¨Si se parte de las dimensiones de un libro moderno de formato ordinario (de 25 cm de largo y 12 de ancho), lo que dice Gulliver nos parece algo exagerado. Para leer un libro de menos de 3 m. de altura y 1 y medio de ancho no hace falta una escalera ni es necesario andar hacia la derecha y hacia la izquierda 8 ó 10 pasos, pero en los tiempos de Swift, es decir, a principios del siglo XVIII, el formato ordinario de los libros (infolio) era mucho mayor que el de ahora. El infolio, por ejemplo de Aritmética de Magnitski, que salió a la luz en la época de Pedro I, tenía 30 centímetros de alto y 20 cm.de ancho. Aumentando estas dimensiones 12 veces obtenemos unas medidas imponentes para los libros de los gigantes, a saber: 360 cm (casi 4 m) de alto, y 240 cm (2,4 m) de ancho. Leer un libro de 4 m sin escalera es imposible. Pero incluso este modesto infolio debía pesar en el país de los gigantes 1728 veces más que en el nuestro, es decir, cerca de 3 t. Calculando que tuviera 500 hojas, obtenemos que cada hoja de un libro de los gigantes pesaría unos 6 kg, lo que, para los dedos de la mano, resulta bastante oneroso¨.

Yo quería seguir, el tema me resultaba atractivo y creo que hasta para los que no somos muy “matemáticos”…pero miré hacia arriba y vi que el post se hacía tan largo como los infolios del país de los gigantes. Así que pongo el punto final, después de haber empezado en un juego entretenido y luego perderme en los mares del mundo con Gulliver… ¡ese infinito andar por los libros!

Les dejo un enlace por si quieren saber la posibilidad real de que esta isla pueda existir. Más ciencia… para variar: Alquimia y ciencias

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Los cuentos de La Edad de Oro.

José MartíSienten a sus niños
frente a la PC
porque para ellos es este post…
y para todos los que tengan
alma de niño
en algún rincón de sus vidas.

Portada original de la revista La Edad de Oro, reproducida luego en muchas ediciones del libro.Había una vez un hombre llamado José Martí. Él era periodista, pero no uno cualquiera: Martí era un periodista excepcional. Por eso aceptó la propuesta de escribir íntegramente una revista mensual  para los niños de América: La Edad de Oro.

“Entro en esta empresa con mucha fe, y como cosa seria y útil a la que la humildad de la forma no quita cierta importancia de pensamiento”.

A pesar de su consagración a ella, de La Edad de Oro solo se publicaron cuatro números. Eso fue en New York, en 1889. Diez años después de  caer en combate José Martí en tierras cubanas, es que se edita La Edad de Oro en un solo volumen, como un libro.

No hay cubano que no haya leído este libro hermoso. Sus poesías, cuentos, historias, leyendas, biografías… tocados todos por la pluma genial del Maestro, son lectura apasionante.

Hoy solo hablaré de los cuentos, que son seis: Meñique, El Camarón encantado, Los Dos ruiseñores, que son adaptaciones en los que aflora el inconfundible estilo martiano y los otros tres,  fruto de su imaginación: Nené traviesa, Bebé y el Señor Don Pomposo y La Muñeca negra.

Para que los busquen, para que los conozcan,  para que los disfruten, para que los incorporen a sus vidas,  Mi Librería les regala un pedacito de estos  últimos preciosos cuentos:

Ilustración original del cuento Nené Traviesa. NENE TRAVIESA (fragmento)
Esa noche que hablaron de las estrellas trajo el papá de Nené un libro muy grande: ¡oh, cómo pesaba el libro: Nené lo quiso cargar, y se cayó con el libro encima, no se le veía más que la cabecita rubia de un lado y los zapaticos negros del otro. Su papá vino corriendo y la sacó de debajo del libro, y se rió mucho de Nené, que  no tenía seis años todavía y quería cargar un libro de cien años.

La Muñeca negra, de José MartíLA MUÑECA NEGRA(fragm.)
Hoy el padre no trabajó mucho, porque tuvo que ir a una tienda: ¿a qué iría el padre a una tienda?: y dicen que por la puerta de atrás entró una caja grande: ¿qué vendrá en la caja? ¡a saber lo que vendrá!: mañana hace ocho años que nació Piedad… Piedad no sabía, no sabía.

La Edad de OroBEBE Y EL SEÑOR DON POMPOSO(fragm)
Bebé levanta la cabecita poco a poco. Raúl está dormido… Bebé se escurre de la cama, va al tocador en la punta de los pies, levanta el sable despacio, para que no haga ruido…y ¿qué hace, qué hace Bebé? ¡va riéndose, va riéndose el pícaro! Hasta que llega a la cama de Raúl y le pone el sable dorado en la almohada.

Recuerden bien: cuando tengan el libro, léanlo despacio, con calma, saboreando cada palabra.

“porque con los cuentos se ha de hacer lo que decía Chichá, la niña bonita de Guatemala:

– ¿Chichá, por qué te comes esa aceituna tan despacito?

– Porque me gusta mucho.”

Creo que a cualquier educador le gustaría tener un marcador como este.

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Literatura infantil: contar con Argentina.

animalitos

Soy una cazadora. Debí llamarme Diana, como mi hija. Ando olfateando buenos cuentos infantiles, los apreso y encarcelo en mi librero. No tienen salvación.

El cuento infantil es un género difícil. Muchos, muchísimos, se aventuran y lo intentan, pero se quedan en eso, en un esbozo, un acercamiento, una buena intención. Sin embargo, hay nombres que hay que seguir de cerca, porque dominan el arte de escribir y convierten el cuento infantil en una obra grande, en lo que realmente es:  LITERATURA.

Hoy voy a Argentina, país que tiene una voz vigorosa en las letras para niños. Son hermosos sus libros, reconocidos internacionalmente por su creatividad y talento. Elijo dos como botón de muestra, dos mujeres: Laura Devetach y María Elena Walsh.

animalitos

Laura Devetach

Recibió en Cuba el Premio Casa de las Américas, en 1975, con el bellísimo libro de cuentos Monigote en la arena. Doctora Honoris Causa en la Universidad de Córdoba, acreedora de la distinción  Lista de Honor,  de IBBY. Entre  su obra  recordemos: La Plaza de Piolín, Picaflores de cola roja, El ratón que quería comerse la luna, Canción y pico, La hormiga que canta, Cuentos que no son cuento.  Profesora, asesora, jurado, guionista, periodista…

Hasta ahí lo que dicen los libros. Ahora lo que digo yo: Laura Devetach es fabulosa, no sé cómo mezcla el humor delicado y original con situaciones difíciles, a veces hasta tristes. Y le sale muy bien. Leer uno de sus cuentos es no olvidarlo jamás, es repetirlo, es verse en la necesidad imperiosa de regalarlo. Y eso hago:

Monigote en la arena. Laura Devetach. Ed. Premio Casa de las Américas.La arena estaba tibia y jugaba a cambiar de colores cuando la soplaba el viento. Laurita apoyó la cara sobre un montoncito y le dijo:

—Por ser tan linda y amarilla te voy a dejar un regalo —y con la punta del dedo dibujó un monigote de seda y se fue.

Monigote quedó solo, muy sorprendido. Oyó como cantaban el agua y el viento. Vio las nubes acomodándose una al lado de la otra para formar cuadros pintados. Vio las mariposas azules que cerraban las alas y se ponían a dormir sobre los caracoles…

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María Elena Walsh

Es muy conocida en el mundo entero. Escritora prolífica de poesía y cuento infantil, de guiones para TV, teatro, compositora de canciones y cantante ella misma. ¿Recuerdan aquello de… pero de pronto llegó el doctor, manejando el cuatrimotor? ¿Y el reino del revés?
Lo que más me gusta de su obra es lo habilidosa que es para sacarle partido al lenguaje: nadie como ella para engarzar un disparate tras otro, para hacer reir y pensar, para atrapar.
Por eso le dieron el codiciado premio Hans Christian Andersen, el más importante en el mundo de la literatura infantil.

Zooloco. María Elena WalshUna vaca que come con cuchara
y que tiene un reloj en vez de cara,
que vuela y habla inglés,
sin duda alguna es
una Vaca rarísima, muy rara.

Hace tiempo que tengo una gran duda:
hay una Vaca que jamás saluda
le hablo y no contesta.
Pues bien, la duda es ésta:
¿será mal educada o será muda?

Una Hormiga podrá tener barriga
que a nadie desconcierta ni fatiga
Lo que a toda la gente
le parece indecente
es tener una Hormiga en la barriga.

Solo con ellas la literatura infantil argentina debería estar satisfecha. Sin embargo, tiene nombres suficientes para presumir: Adela Basch, Elena Bornemamn, Ema Wolf, Gustavo Roldán, Silvia Schujer, Luis María Pescetti, Mario Méndez, Ana María Ramb, Liliana Bodou…

De manera que si alguien tiene intención de encantar a niños con literatura de primera línea, sin correr riesgos, Mi Librería les deja esta recomendación:

Al sur de América Latina, en un hermoso país llamado Argentina, había una vez…

Poema de Laura Devetach.

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Los chichiricú: esos güijes fascinantes de la mitología cubana.

Las mitologías pertenecen al acervo de la cultura universal,
por el arte hondo de su fuerza creadora.
Cuando el mito es bello, es arte.
Samuel Feijóo.

palmas cubanas, árbol nacionalNo hay que creer en ellos, ni siquiera cuestionarse su existencia para disfrutarlos. Cada pueblo tendrá los suyos porque son fruto de la imaginación del hombre y abundan por el mundo en mil formas diferentes, enriqueciendo la mitología ancestral. Pero en Cuba conviven con la gente, especialmente en el campo y cualquier guajiro puede estar horas contando historias.

la leyenda de Matías PérezUno de los libros que más he vendido en Mi Librería es precisamente Mitología cubana, de Samuel Feijóo, un hombre que dedicó su vida a recopilar cuentos, leyendas, refranes, dichos y otras manifestaciones de la sabiduría popular cubana. También fue poeta, pintor, periodista, y hasta un poco de locura hubo al final de la vida de ese gran estudioso.

majáHe revisado el Catauro de seres míticos y legendarios de Cuba   y tropecé con  muchos personajes mitológicos: damas con guadaña, vampiros, cagüeiros, babujales, aparecidos, indias que se transforman. Hay leyendas tan ingeniosas y ocurrentes que se convierten en riquísima lectura: La dama de blanco, La Luz de Yara, Madre de agua, La Leyenda del guajiro del café, La Muerta viva, Matías Pérez…

güijeMis preferidos son los güijes, esos seres fantásticos que aparecen en los ríos y lagunas de nuestra isla, ellos son la versión tropical del duende europeo. Siempre se les identificó con la imagen de negritos malvados, peludos y peligrosos.Pero hay otro tipo de güijes que son los chichiricú. Estos son calvos y aparecen muy bien descritos por Fernando Ortiz, uno de nuestros etnólogos más importantes.

…duendes atrevidos que apenas caía la noche salían a mortificar a las gentes perdidas en la lobreguez. No mataban ni herían a los pasantes: más traviesos que malévolos, se contentaban con burlarse de sus víctimas, asustándolas o dándoles broma. Tales eran los chichiricú, dos genios negritos venidos de la Costa de Guinea. Eran hombre y mujer, siempre emparejados y en cueros vivos. Salían siempre juntos a empresas de travesuras, retozando con los infieles extraviados…

chichiricúEn los años 80, el libro Los Chichiricú del charco de la Jícara, de la cubana Julia Calzadilla  obtuvo el premio Casa de las Américas. Este libro es precioso, narra el paseo de dos chichiricú por la isla, adaptando sus travesuras y andanzas al nivel infantil. Su título sonoro siempre me pareció atractivo y las ilustraciones de Fabelo son sencillamente deliciosas.

pezEstoy más apegada al libro porque hace un montón de años que lo compré en una visita de trabajo a la biblioteca municipal del pueblo de Maisí. ¿Saben dónde está? en el extremo más oriental de la isla, un lugar de difícil acceso y con unas vistas al mar inolvidables. Pues allí llegué y en una pequeña librería vi el libro y lo compré. Nunca más lo he vuelto a ver, ni siquiera en otra edición, aunque sé que las hay. Cosas que pasan.

Isla de Cuba.

Pues para no dejarlos con la boca hecha agua, ahí va un fragmento breve, para los amantes de la literatura infantil y la fantasía.

Los Chichiricú del charco de la JícaraDE CUANDO QUERÍAN QUE LLOVIESE

Una mañana, los chichiricú querían que lloviese.
Y ella le dijo a él que cogiera una regadera y llenara las nubes de agua fría.
Y él le dijo a ella que era mejor colgar un latón de la  palma más alta.
Y ella le volvió a decir lo de la regadera.
Y él volvió a decirle lo del latón.
Y así estuvieron largo rato, hasta que ella se salió con la suya.
Entonces él le dijo que si ella hubiese sido una fruta sería mandarina, porque constantemente quería estar dándole órdenes.
Pero ella lo abrazó suavemente y le sopló con cariño la nariz, que así es como besan los duendes.

Ahora que han leído esto, ya están advertidos: si andan cerca de un río de noche y el aire se llena de burbujas y sienten un sonido como el chiquichiquichá de las maracas es que hay algún chichiricú que se prepara para su próxima travesura. Después no digan que no les avisé.café cubano para los amigos que lean este blog

Viñetas: Eddie Leo Padrón, tomadas del  Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba.
Mapa: Diana Padrón de la Torre.

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Ellos NO escribían para niños…

…pero una vez lo hicieron.

literatura para niños

Fueron grandes escritores de otros géneros y sin embargo, no pudieron resistir la tentación de probarse en la literatura infantil, de dedicar su talento a los pequeños, quién sabe por qué motivaciones.

En Mi Librería hay un libro pequeño que pudiera pasar inadvertido si no estuviera entre mis preferidos. Su autor es el norteamericano Ray Bradbury.  Ese mismo, el de  Crónicas marcianasFahrenheit 451El Hombre ilustrado. Este consagrado escritor  cimentó el auge y prestigio de la ciencia ficción a escala mundial. Pero un día Bradbury se bajó de su nave fantástica y escribió este dulce cuento para niños: La niña que iluminó la noche (versión). Un relato para vencer el miedo a la oscuridad, con un excelente juego de palabras e ideas. Recomendación muy especial .

La Niña que iluminó la noche, Ray BradburyLA NIÑA QUE ILUMINO LA NOCHE (fragmento)
Había una vez un muchacho a quien no le gustaba la noche. Le gustaban linternas y lámparas, y antorchas y alumbrados y faros y faroles y velas y velones y relumbrones y relámpagos. Pero no le gustaba la noche.
Se le veía en salones y sótanos y despensas y desvanes y alcobas y alacenas y escurriéndose por los corredores.
Pero nunca se le veía afuera… en la noche.

 
Algo parecido le ocurrió a Manuel Cofiño, un autor cubano que debió haber vivido más. Sus novelas no hay que exhibirlas en Mi Librería: se piden solas. Es que la gente sabe de lo bueno y La Última mujer y el próximo combate y Cuando la sangre se parece al fuego,  son novelas contemporáneas que no se pueden dejar de leer para conocer los años 80.  Solo por una vez dedicó su inspiración a los niños y nació este cuento largo: Las Viejitas de las sombrillas (versión) maravilloso encuentro con siete viejitas, todas con historias diferentes: Alejandra de los recuerdos, Beatriz de los sueños, Claribel de las flores, Damiana de los remedios, Eduviges de los bordados, Fortunata de los niños, Gabriela de los pájaros.  Hace años que no se ha vuelto a editar, lástima. Yo conservo el mío con celo porque además de servirme para trabajar con los niños, lo disfruté mucho.

Las Viejitas de las sombrillas, Manuel CofiñoLAS VIEJITAS DE LAS SOMBRILLAS (fragmento)
Dicen que una familia entera desapareció. Bueno, una familia no, porque eran nada más que siete viejitas que eran hermanas. Vivían en el bosque, en una casita pintada de blanco, con una bandera bordada con los colores del arco iris flotando en el tejado y rodeada de pinos,  cedros y majaguas. Casi nunca salían y cuando lo hacían  siempre llevaban quitasoles. Dicen que uno era amarillo, el otro rojo, el otro blanco, el otro violeta, el otro rosado, el otro verde y el otro naranja.

León Tolstoi, ese ruso grande entre los grandes, novelista indiscutible que dejó obras tan contundentes como La Guerra y la paz  y  Anna Karenina. Con eso bastaba para perdurar en la memoria literaria de la humanidad. Pero no fue así. A Tolstoi le debemos un libro más: Cuentos para niños.(versión).
De este hermoso libro recuerdo con especial cariño Dos camaradas, La niña de las setas, El gatico y este que les presento:

Cuentos para niños, León TolstoiEL HUESO  DE LA CIRUELA  (fragmento)

Una madre había comprado ciruelas, y quería dárselas a sus hijos tras el almuerzo.  Estaban sobre un plato.
Vania nunca había comido ciruelas,  y no paraba de olisquearlas. Y le gustaban mucho. Tenía muchas ganas de comérselas. No hacía más que rondar por allí. Al quedarse solo en la górnitsa, no se contuvo: echó mano a una ciruela y se la comió.
Antes del almuerzo la madre contó las ciruelas y vio que faltaba una. Se lo dijo al padre.

 ¿Por qué esos escritores, con una obra reconocida en géneros bien consolidados como lo son la ciencia ficción, la novela costumbrista o la histórica, decidieron arriesgarse e incursionar en la literatura infantil?  Quién sabe… Seguramente hay muchos  autores que llevan ese niño en su recuerdo y alguna vez deslizaron sus manos en una pluma, un bolígrafo o un teclado para derrochar su genialidad en un cuento para niños. ¡Y es una suerte que haya sido así!… pero no quiero hacer la lista más larga. Se la dejo a ustedes.

Frase de José Martí, escritor y poeta cubano

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La palabra mágica de Gianni Rodari. (Una propuesta para enriquecer la fantasía)

¿Cómo se inventan las historias?
¿Cómo poner en movimiento las palabras e imágenes?
¿Cómo despertar la fantasía?

Gramática de la fantasíaTodos los que tenemos niños o hemos trabajado para ellos nos hemos hecho alguna vez esas preguntas. Y cada cual halló respuestas en diferentes lugares. A mí me las dio este gran señor: Gianni Rodari.  Ahora releo su Gramática de la fantasía  con cierta nostalgia, porque he cambiado el rumbo y mis hijos ya crecieron. Me pierdo en su amena lectura y me es difícil seleccionar algo para este post. Pero me inclino por recordar aquellas simpáticas estrategias que todos podemos poner en práctica en cualquier circunstancia, para dar plena libertad a la creatividad infantil (aunque pueden probar con adultos, se llevarán sorpresas)

. La palabra mágica:

Dice Rodari que una palabra puede develar espacios en nuestra memoria que yacían bajo el polvo del tiempo y provocar una serie infinita de reacciones en cadena: analogías, sonidos, imágenes, recuerdos, significados, sueños, experiencias, memorias. Propone inventar una historia con una palabra elegida al azar. Y ahí viene una anécdota que no puedo privarme de reproducir y que él mismo contaba:  cuando una profesora preguntó a sus niños si serían capaces de inventar una historia con la palabra “hola”. Este fue el cuento de un niño de cinco años:

Un niño había perdido todas las palabras buenas y solo le habían quedado las feas: mierda, caca, cabrón, etc. Entonces su mamá lo lleva al médico y le dice: abre la boca… El doctor le dice que debe ir a buscar una palabra buena.

Primero encuentra una así (con las manos indica chica), pero mala y luego otra así (indica grande) también mala.

Más tarde encuentra una palabrita rosa que era “hola”, se la mete en el bolsillo, la lleva a su casa y así aprende a decir palabras amables y se vuelve bueno.

Prueben, elaboren un juego para encontrar palabras “mágicas” y denle al niño la libertad de crear.

. el binomio fantástico:

A partir del juego anterior nacía la base para una historia, pero en realidad necesitamos dos palabras para provocar la chispa creadora. Y ahí aparece el binomio fantástico, donde las palabras pierden su significado cotidiano, condición idónea para generar una historia original. Pudieran ser perro y armario, o lápiz y cadena, o abuelo y campana, o camisa y león, y así hasta el infinito y más allá. Veamos un ejemplo de lo que un niño creó a partir del binomio luz y zapatos.

Había una vez un niño que se ponía siempre los zapatos de su papá. Una noche el papá se cansó de que siempre le quitara los zapatos y lo colgó de la luz. A media noche el niño se cayó. ¿Qué pasa, un ladrón?

Cuando el papá se acerca ve al niño por el suelo. Estaba encendido. Entonces el papá intenta apagarlo girándole la cabeza, pero no se apaga. Luego le tira de las orejas y tampoco se apaga, le aplasta la nariz, pero no se apaga, le aprieta el ombligo, pero no se apaga. Por fin, le quita los zapatos y lo consigue, se apaga.

Aplaudan sin pena. Ahora, prueben el binomio fantástico con sus niños, que deben estar hartos de la PC.

Gianni Rodari y los niños

Gianni Rodari y los niños

Rodari no acaba nunca, tiene mil estrategias y toda una hermosa vida que contar.

Gianni Rodari, Cuentos para jugarMi Librería  les deja de tarea una recomendación muy especial, para todas las edades: Cuentos para jugar… y cuando terminen la lectura, háganmelo saber, no sean así.

 Pero si no tienen ganan de ir en busca del libro, ahí tienen una poesía y un minicuento, ambos de puño y letra del mismísimo Gianni Rodari.

 

 

 UN SEÑOR MADURO CON UNA OREJA VERDE

Un día en el expreso de Soria a Monterde
ví que subía un hombre con una oreja verde.
No era un hombre joven, sino más bien maduro,
todo menos su oreja que era de un verde puro.

Cambié pronto de asiento y me puse a su lado
para estudiar el caso de cerca y con cuidado.
Le pregunté: ” Esa oreja que tiene usted, señor…
¿Por qué es de color verde si ya es usted mayor?”

“Puede llamarme viejo … – me dijo con un guiño-
esta oreja me queda de mis tiempos de niño…
Es una oreja joven que sabe interpretar
voces que los mayores no llegan a escuchar.

Oigo la voz del árbol, de la piedra en el suelo,
del arroyo, la del pájaro, de la nube en el cielo…
…Por eso entiendo a los niños cuando hablan de esas cosas
que en orejas de mayores resultan misteriosas”

Eso me dijo el hombre con una oreja verde,
un día en el expreso de Soria a Monterde.

HISTORIA UNIVERSAL
Al principio, la Tierra estaba llena de fallos y fue una ardua tarea hacerla más habitable. No había puentes para atravesar los ríos. No había caminos para subir a los montes. ¿Quería uno sentarse? Ni siquiera un banquillo, ni sombra. ¿Se moría uno de sueño? No existían las camas.

Ni zapatos, ni botas para no pincharse los pies. No había gafas para los que veían poco. No había balones para jugar un partido; tampoco había ni ollas ni fuego para cocer los macarrones. No había nada de nada. Cero tras cero y basta.

Sólo estaban los hombres, con dos brazos para trabajar, y así se pudo poner remedio a los fallos más grandes. Pero todavía quedan muchos por corregir: ¡arremangaos, que hay trabajo para todos!
 

 

Díganme la verdad, ¿no les dan deseos de seguir siendo niños? Pues al que respondió que sí, lo invito a subir juntos por esta escalera…

Escaleras al mundo de la fantasía

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