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Autógrafos, dedicatorias…como piezas raras.

Dedico esta edición a mis enemigos,
que tanto me han ayudado en mi carrera.
Camilo José Cela 
La familia de Pascual Duarte

 Sé que muchas personas como Eva y Fenixidio conservarán para siempre esos libros que generosamente sus autores les dedicaron. Esas palabras breves estampadas en la portadilla atraparon minutos de intercambio con el autor, que ya les había regalado su talento con una literatura seguramente inolvidable.

Dedicado por el escritor Manuel Talens, en su libro Hijas de Eva, a Alberto Korda, reconocido fotógrafo cubano, ya fallecido.

Hay dedicatorias muy originales, y no me refiero a las impresas, que esas ya son parte del cuerpo de la obra, sino a las manuscritas,  las de puño y letra, las “para mí”, esas que inician con un nombre y solo uno. Les ilustro con una curiosa: la que el autor Manuel Talens le dedicara a Alberto Korda. Si aún con las referencias no le ven nada de interesante, piensen si no es raro que haya llegado hasta Mi Librería.

Siempre van acompañadas de las firmas. Tal como pintores cotizados, los autógrafos de algunos escritores se han vuelto piezas de coleccionistas y sus precios pueden remontarse a cifras inimaginables, como aquella de James Joyce, en una primera edición de Ulysses, que en una subasta newyorquina se remontó a la elegante cifra de 460 000 euros, en 2002.

Sueño con adquirir una firma de Hemingway, de Whitman, de Neruda, de Cortázar, de Lorca o Pérez Galdós…lástima que no pueda pensar en retenerlas como el tesoro que son, sino en el aporte que darían a la economía familiar.

Si tienes este ejemplar y además autografiado...

Busco, como todo librero, esos nombres famosos demandados en todas las épocas y he llegado a tener dedicatorias de escritores cubanos importantes como Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Lezama Lima, Eliseo Diego. Y los he vendido, con dolor de mi alma y alivio para mi bolsillo.

Cierta vez, en un lote por el que confieso no había pagado mucho, encontré en un libro, aparentemente insignificante, la firma de Fidel Castro. El resto de la historia ya la saben.

En otra ocasión tuve casualmente dos ejemplares del mismo libro de Dulce María Loynaz, con la curiosidad añadida que tenían veinte años de diferencia. Sus ochenta y tantos habían transformado ya en tembloroso el trazo, pero sus palabras seguían firmes e ingeniosas, lúcidas como su mente de mujer excepcional. Cuánto siento no haber guardado al menos una foto de testigo.

Eduardo Galeano dedicando uno de sus libros. Si hubiera sido a mi...

Por Mi Librería han pasado cientos de dedicatorias más personales, íntimas, algunas tan sentidas y amorosas que no me imagino cómo el destinatario tuvo el valor de desprenderse de ella. Entonces he pensado que la vida tuvo que torcerle los caminos a esas dos personas y trocó lo que en un momento pudo haber sido afecto o admiración. Quién sabe si el libro me fue vendido después de  un robo, una traición, una muerte.

Es que el autógrafo da al libro un valor añadido, una prueba de singularidad, lo convierte en pieza rara. Los libreros lo persiguen, los coleccionistas lo atesoran, los buenos lectores lo conservan con celo, los malos lo abandonan con indiferencia. Pero la historia de los libros les ha dado su espacio y su valor, como sello distintivo de un instante atrapado en el tiempo con letras irrepetibles.

Firmado por el editor de Le Livre d´Oro de Victor Hugo, París, 1883.

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Tras el humo de un tabaco.

En la pasada Feria del Libro  de La Habana compré Caminos de humo, una antología de cuentos cubanos con aromas de tabaco, donde aparecen veinticuatro relatos cuyos protagonistas, o uno de los personajes, o quizás el leimotiv de todos, es ese habano virtuoso que se distingue por su estimulante presencia, por su despliegue de placer y erotismo, por su cubanísima hidalguía. Si consideramos la proverbial frase: Cuba es la tierra del mejor tabaco del mundo, entonces este librito se vuelve indispensable para lectores empedernidos, fumadores o no,  por puro privilegio natural.

Ya guardaba con celo en mi librero
El Bello habano, escrito por Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura y visitante de Mi Librería, uno de los mejores “conversadores” que conozco.  Es un libro anecdótico, que engarza leyenda y literatura, humor e historia, con la hábil pluma de un maestro. El prólogo  es de un conocido de todos: Vázquez Montalbán. (Si alguien del Club de IB quiere un ejemplar, que levante la mano).

Tabaco y literatura andan juntos desde siempre en el proceso creativo.  Compruébenlo, solo les daré algunos nombres y cuando piensen en ellos, no dejen de colocar entre sus labios un puro y envolver su imagen en la transparencia azulosa de una bocanada: Hemingway, Cortázar, Stevenson, Twain, Whitman, Flaubert, Sartre, Faulkner, Joyce, Lezama, Valery, Mallarmé, Camus… etc, etc, etc.

Mientras preparaba esta entrada,   encontré dos anécdotas simpáticas que no me privaré de cortar y pegar: una de Juan Carlos Onetti, el novelista uruguayo  y otra del filósofo ruso Mijaíl Bajtin.

Onetti siempre contó que había comenzado a escribir por causa del tabaco. A principio de los años 30, recién casado, se trasladó a Buenos Aires, donde estaba prohibida la venta de cigarrillos durante el fin de semana, de modo que los fumadores acopiaban los viernes tabaco para tres días. A él se le olvidó comprar y la desesperación se tradujo en un cuento de apenas cuarenta páginas que escribió en una tarde, sentado ante la máquina de escribir para desahogarse. Era la primera versión de El Pozo, que se publicaría nueve años después. Fue lo único en su vida que escribió sin fumar.

Mijaíl Bajtin fue condenado por Stalin a un exilio forzoso en un lugar donde no había estancos, se vio obligado a fumarse un ensayo sobre Goethe, en el que trabajo por diez años. Mecanografiado en papel cebolla, se confió de tener otro manuscrito guardado en la capital rusa,  el mismo que desapareció patéticamente tras un bombardeo. Literalmente, una obra que se esfumó para siempre. 

A veces humorísticamente, en ocasiones con remilgos y quejas, muchas por detractores, el tabaco aparece en la literatura universal. Cigarro, cigarrillo, puro, breva, tabaco, habano…  la elegante hoja enrollada se defiende en los libros como gato bocarriba.  Escogí a los defensores acérrimos para ilustrar mi comentario, a los que no pueden vivir sin él, a los que alguna vez, le dieron la oportunidad de inmortalizarlo en sus obras.

Por tema de mi conferencia de hoy he elegido el que sigue: «Sobre el daño que el tabaco causa a la Humanidad». Yo soy fumador…, pero como mi mujer me manda hablar de lo dañino del tabaco…, ¡qué remedio me queda!… ¡Si hay que hablar del tabaco…, hablaré del tabaco!… A mí me da igual!… Eso sí…, les ruego, señores, que escuchen esta conferencia con la debida seriedad… Aquel a quien una conferencia científica asuste o desagrade…, puede no escucharla y retirarse… (Se estira el chaleco.) Solicito también una atención especial por parte de los señores médicos…, ya que estos pueden sacar gran provecho de mi conferencia…, dado que el tabaco, a pesar de su carácter perjudicial, es empleado también en medicina. Si, por ejemplo, metiéramos una mosca en una tabaquera…, moriría, seguramente, víctima de un desequilibrio de sus nervios…

Sobre el daño que hace el tabaco
Antón Chéjov.

No comprendo eso- dijo Hans Castorp-No comprendo que se pueda vivir sin fumar. Es privarse, sin duda alguna, de la mejor parte de la existencia y, en todo caso, de un placer muy considerable.Cuando me despierto, ya me alegra el pensar que podré fumar durante el día y cuando como tengo el mismo pensamiento. Sí, puedo decir que como para poder luego fumar y creo que no exagero mucho.Un día sin tabaco sería el colmo del aburrimiento, sería un día absolutamente vacío e insípido y si por la mañana tuviese que decirme:”hoy no podré fumar” creo que no tendría el valor para levantarme. Te juro que me quedaría en la cama. Mira, cuando se tiene un cigarro que tira bien -naturalmente, no ha de haber ningún agujero ni debe tirar mal, esto es una cosa completamente desagradable- , cuando se tiene un buen cigarro, uno se halla al abrigo de todo.

La montaña mágica,
Thomas Mann

Ocurrió que un día no pude ya comprar ni cigarrillos franceses… y tuve que cometer un acto vil: vender mis libros. Eran apenas doscientos o algo así, pero eran los que más quería, aquellos que arrastraba durante años por países, trenes y pensiones y que habían sobrevivido a todos los avatares de mi vida vagabunda. Yo había ido dejando por todo sitio abrigos, paraguas, zapatos y relojes, pero de estos libros nunca había querido desprenderme. Sus páginas anotadas, subrayadas o manchadas conservaban las huellas de mi aprendizaje literario y, en cierta forma, de mi itinerario espiritual. Todo consistió en comenzar. Un día me dije: “Este Valéry vale quizás un cartón de rubios americanos”, en lo que me equivoqué, pues el bouquiniste que lo aceptó me pagó apenas con qué comprar un par de cajetillas. Luego me deshice de mis Balzac, que se convertían automáticamente en sendos paquetes de Lucky. Mis poetas surrealistas me decepcionaron, pues no daban más que para un Players británico. Un Ciro Alegría dedicado, en el que puse muchas esperanzas, fue solo recibido porque le añadí de paso el teatro de Chejov. A Flaubert lo fui soltando a poquitos, lo que me permitió fumar durante una semana los primitivos Gauloises. Pero mi peor humillación fue cuando me animé a vender lo último que me quedaba: diez ejemplares de mi libro Los gallinazos sin plumas, que un buen amigo había tenido el coraje de editar en Lima. Cuando el librero vio la tosca edición en español, y de autor desconocido, estuvo a punto de tirármela por la cabeza. “Aquí no recibimos esto. Vaya a Gilbert, donde compran libros al peso”. Fue lo que hice. Volví al hotel con un paquete de Gitanes. Sentado en mi cama encendí un pitillo y quedé mirando mi estante vacío. Mis libros se habían hecho literalmente humo.

Solo para fumadores
Julio Ramón Ribeyro.

Fumarse un habano, mejor dos, tres, una rueda completa. Encender el próximo con aquel a punto de apagarse. Pasar días y días -esas jornadas en que nada hacemos, en que poco podemos hacer- inhalando el humo de una legión de habanos. Esa podría ser una manera de alcanzar el nirvana, colocarse en resonancia con todo aquello que se espera de un habanero que se aburre y comienza a pensar en fumárselo todo, desde las hojas secas de los árboles hasta su propio cuerpo. Comenzar con los dedos de las manos, las propias, las ajenas, todas hasta alcanzar la transformación en un ser humano en extinción fumándose su propio ser en medio de la Nada. En medio de una ciudad de humo, con personas de humo orgullosas del habano.

Un Cuento de humo.
(Del libro: Caminos de humo)
Ernesto Pérez Chang

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Cinco propuestas de Rosa Montero

En los momentos de crisis,
sólo la imaginación
es más importante que el conocimiento.
Albert Einstein

La controvertida Rosa MonteroSi algún día tengo delante de mí a la novelista Rosa Montero, seguramente no le diría nada, porque cuando uno admira a una persona, cuando se ha ilusionado en decirle que le gustó esto o aquello, fruto de su talento creador o de lo que fuere, basta que se dé el momento soñado para que el cerebro no funcione como debe y deje salir una tontería, y ahí mismo aparece el ridículo del que siempre estaremos arrepentidos. Así que, si algún día tengo delante de mí a Rosa Montero, decididamente,  me quedaré callada.

Uno de los libros que llevé en mi huída intempestiva, fue  La Loca de la casa, de Rosa Montero. (Ya saben, de los que bibliobulímica me envió) Y ahora mismo no podría definir si hubo algo que me hizo tanto bien como lanzarme  de cabeza en su lectura, y aunque al leerlo me di cuenta de la verdadera dimensión de mi ignorancia, lo tomo como punto de partida (uf, siempre estoy empezando) y hago la recomendación desde Mi Librería.

 Pero como sé que hay listas infinitas en los bibliopropósitos de mis amigos,  se me ocurrió un acercamiento al libro a partir de las obras de otros autores que la escritora comenta. Yo  solo levanto mi mano a favor de lo que atinadamente presenta Rosa Montero.

Carson McCullers. El Corazón es un cazador solitarioLa conmovedora y trágica Carson McCullers, autora de El Corazón es un cazador solitario, escribió en sus diarios:
Mi vida ha seguido la pauta que siempre ha seguido: trabajo y amor.

Me parece que ella también debía de contabilizar los días en libros y amantes, una coincidencia que no me extraña nada, porque la pasión y el oficio literario tienen muchos puntos en común.

 

 

Decididamente, no me gustó esta novela, pero es mejor que ustedes saquen sus propias conclusiones.Y el estupendo escritor español José Ovejero llevaba un tiempo bloqueado y sin poder sacar adelante una novela en la que había trabajado durante años cuando, en mitad de un rutinario viaje en avión, y con la intención de salir del atolladero, se dijo a sí mismo: Relájate y escribe cualquier cosa. E inmediatamente se le ocurrió la siguiente frase: 2001 ha sido un mal año para Miki. No tenía ni idea de quién era Miki ni de por qué había sido un mal año, pero ese pequeño problema de contenido no le amilanó en absoluto. Así nació una novela que se redactó así misma a toda velocidad en solo seis meses y que se tituló, como es natural, Un mal año para Miki.A veces tengo la sensación de que el autor es una especie de medium. 

Esta parece ser una buena propuesta para este milenio.Me gusta mucho Italo Calvino; me gusta su prosa limpia, me gustan sus novelas fantásticas, me gustan sus ensayos literarios de Seis propuestas para el próximo milenio. Pero hace poco leí un curiosos libro suyo, Ermitaño en París, que reúne textos diversos, fundamentalmente autobiográficos, y que hizo que Calvino me resultara en ocasiones un tanto cargante.

 

"Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie" Dice Tancredi y abrazó al tío conmovido"...El Gatopardo es la primera y última novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, que con anterioridad no había hecho otra cosa que escribir cartas. A los cincuenta y ocho años redactó su única novela, y durante dos años la trató de publicar infructuosamente. Se la rechazaron en Einaudi y en Mondadori, porque lo que se llevaba por entonces era la llamada literatura comprometida, o sea, el realismo socialista, y la bellísima obra de Lampedusa no tenía nada que ver con eso, por fortuna para nosostros sus lectores. Al cabo Feltrinelli la sacó en 1957, pero el pobre príncipe murió pocos meses antes, sin saber siquiera si le iban a publicar.

Un título para los guisantes verdes.Un autor amnésico es el maravillosos Conrad de El Corazón en las tinieblas, una novela que, pese a reproducir casi punto por punto una experiencia real del escritor, no tiene nada que ver con lo rememorativo y lo autobiográfico: cuando Conrad habla de la selva no está describiendo la selva del Congo Belga, sino La Selva como categoría absoluta, y ni siquiera eso, porque esa jungla enigmática y horriblemente ubérrima representa la oscuridad del mundo, la irracionalidad, el mal fascinante, la locura.

Creo que me compliqué demasiado, no puedo seguir. Por La Loca de la casa desfilan nombres tan conocidos como Nabokov, Faulkner, Eluard, Grass, Joyce, Kafka, Cervantes, Salgari, Zola, Tolstoi, Hemingway, Rimbaud, Wilde,  Sthendal, Proust, etc, etc, etc…

Acérquense, porque además de mostrarnos un universo literario con sus pro y sus contra, lleno de anécdotas bien aderezadas con su sentido irónico, Rosa Montero nos engatuza con una experiencia personal con triple final, que pudo haber sido de cualquier manera… o quizás no fue de ninguna.

Solo su genial imaginación,  esa loca de la casa, logra que lleguemos al final con una sonrisa, esa que ya nos habíamos puesto desde la primera página:

Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida
con un cómputo de novios y de libros…

Tener imaginación es garantía de una vida más plena

El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo. Bécquer

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La elegancia de… Muriel Barbery

¿Dónde se encuentra la belleza?
¿En las grandes cosas que, como las demás,
 están condenadas a morir,
o bien en las pequeñas que, sin pretensiones,
saben engastar en el instante una gema de infinitud?.


En Mi Librería hay muy pocas reseñas de libros. Opté desde un principio por la promoción de la literatura, buscando sus aristas interesantes, para que el visitante pudiera escoger, aceptar, establecer una relación con los libros en general y redescubrir conmigo la belleza y sencillez de la palabra escrita.

Pero hoy hago una excepción. He leído La Elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Y no puedo quedarme callada después de haber disfrutado tanto su lectura.

Dice la sinopsis de la contraportada:

En el número 7 de la calle Grenelle, un inmueble burgués de París, nada es lo que parece. Dos de sus habitantes esconden un secreto. Renée, la portera, lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común. Paloma tiene doce años y oculta una extraordinaria inteligencia. Ambas llevan una vida solitaria, mientras se esfuerzan por sobrevivir y vencer la desesperanza. La llegada de un hombre misterioso al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas.
Juntas, Renée y Paloma descubrirán la belleza de las pequeñas cosas. Invocarán la magia de los placeres efímeros e inventarán un mundo mejor. La Elegancia del erizo es un pequeño tesoro que nos revela cómo alcanzar la felicidad gracias a la amistad, el amor y el arte. Mientras pasamos las páginas con una sonrisa, las voces de Renée y Paloma tejen, con un lenguaje melodioso, un cautivador himno a la vida.
Las protagonistas. El libro ya ha sido llevado al cine.

Y yo no sé bien qué más decir: que hacía tiempo no encontraba una lectura con la que me identificara, un libro distinto a todos, con la carga de humor que necesito y la palabra sabia que me sorprende. Para algunos será raro, o sencillamente no será de su agrado, para otros será fabuloso,  pero lo cierto es que no es un libro que pueda pasar inadvertido fácilmente.

De cómo la autora logra acercarnos a la belleza de lo cotidiano, cómo su erudición se arriesga en una descripción frágil, por lo aparentemente insignificante, es algo que no sé. Ejemplos hay un montón, solo elijo uno simpático para demostrar que el humor no está reñido con la buena letra:

Recomendación de Mi Librería

Recomendación de Mi Librería

Tengo una gran simpatía por Neptune. Sí, nos apreciamos mucho, sin duda por la gracia de la complicidad que nace de que los sentimientos de uno son inmediatamente accesibles al otro. Neptune siente que le tengo cariño; sus distintos deseos me son a mí transparentes. Lo sabroso de todo este asunto reside en el hecho de que él se obstina en ser un perro cuando su ama querría hacer de él un caballero. Cuando sale al patio, tirando, tirando a más no poder de su correa de cuero amarillo, mira con codicia los charcos de agua enfangada que se pasan todo el día ahí tan tranquilos. En cuanto su dueña tira con un golpe seco de su yugo, Neptune baja el trasero a ras del suelo y, sin más ceremonia, se pone a lamerse los atributos. Cuando ve a Athéna, la ridícula whippet de los Meurisse, saca la lengua como un sátiro lúbrico y jadea de manera anticipada, con la cabeza llena de fantasías. Lo más gracioso que tienen los cockers es que, cuando están de buen humor, tienen unos andares como si se balancearan; es como si llevaran unos muellecitos fijados a las patas que, al andar, los impulsara hacia arriba, pero suavemente, sin brusquedad. Al andar así, se les agitan también las patas y las orejas, como el balanceo de un navío, y el cocker, barquito amable que cabalga sobre tierra firme, aporta a estos pagos urbanos un toque marítimo que me encanta.
Cartel del filme

Yo le suplico al destino
que me dé la oportunidad
de mirar más allá de mí misma.
Paloma

Gracias a Ale,  bibliobulímica, que lo puso en mis manos.

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La trascendencia del beso hecho con letras.

Por una mirada, un mundo
por una sonrisa, un cielo
por un beso… ¡yo  no sé
qué te diera por un beso!

Rima XXIII
G.A.Bécquer.

Dicksee

Si nos pusiéramos a hablar de las connotaciones del BESO en nuestras vidas, bien podría dedicar un blog entero solo a eso… ¡y con mucho gusto!  Pero no es el caso. He decidido ponerme orejeras y no ver más allá, para concentrarme en esos besos que a través de las letras nos han puesto a pensar… y a sentir. Solo narrativa, buscar en poesía hubiera sido ¿redundancia?.

Me acercaré despacio a las obras,  robaré algunos fragmentos y para que el atrevimiento sea mayor, los clasificaré a mi antojo para divertirme un rato. Pónganle imaginación… ¡para eso fueron escritos!

Gustav KlimtEL BESO APASIONADO
(considerado por muchos el mejor beso literario de la historia)

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Novela Rayuela (capítulo 7)
Julio Cortázar.

Francesco Hayez.EL BESO MORTAL

OTELO-…Si de su tallo la fresca rosa arranco, no puedo renovar su lozanía; es fuerza que se mustie. Aquí en la mata quiero aspirar aún su dulce esencia. (La besa). ¡Oh aliento embalsamado, a la justicia casi persuades a romper su espada! Un beso; y otro más. Después de muerta estáte así: te mataré, y amarte podré después. Un beso más, el último; tan dulce y tan fatal no lo hubo nunca. Fuerza es llorar; pero es cruel mi llanto, y mi pesar es cual de Dios la ira: donde más ama, hiere.

Teatro: Otelo
Williams Shakespeare.

MagritteEL BESO EQUIVOCADO

Riabóvich se detuvo pensativo… En aquel momento, de modo inesperado, se oyeron unos pasos rápidos y el rumor de un vestido, una anhelante voz femenina balbuceó: “¡Por fin!”, y dos brazos mórbidos, perfumados, brazos de mujer sin dudas, le envolvieron el cuello; una cálida mejilla se apretó contra la suya y al mismo tiempo resonó un beso. Pero acto seguido la que había dado el beso exhaló un breve grito y Riabóvich tuvo la impresión de que se apartaba bruscamente de él con repugnancia. Poco faltó para que también él profiriera un grito, y se precipitó hacia la rendija iluminada de la puerta…

El Beso
Cuento de Anton Chéjov.

Auguste RodinEL BESO INFIEL

De la misma manera que el asesino se lanza contra su víctima, la arrastra, la destroza con ferocidad, dijérase casi con pasión, así también Vronsky cubría de besos el rostro  y los hombros de Ana. Ella apretaba la mano de él entre las suyas y no se movía. Aquellos besos eran el pago de la vergüenza. Y aquella mano que siempre sería suya, era la mano de su cómplice…

Novela Ana Karénina
León Tolstoi

Thedore GéricaultEL BESO DECIMONÓNICO

La mayor parte de las mujeres pierden su autoridad sin más motivo que el abuso de besar, del besar intempestivo. Si ven que el marido o el amante da señales de un poco de fatiga, porque hay horas de laxitud en las que el corazón, lo mismo que el cuerpo, piden reposo, ellas, en vez de comprender lo que a él le ocurre, se obstinan en caricias inoportunas, lo hastían con su obstinación de ofrecerle los labios, lo cansan al estrecharlo entre los brazos sin medida ni razón.
Presta fe a mi experiencia. Para empezar, no beses a tu marido en público, en un vagón o en un restaurante. Es un acto del peor gusto. Aguántate las ganas… Un beso torpe puede ocasionar un gran daño.

Cuento El Beso
Guy de Maupassant

Canova EL BESO QUE NO FUE

Los negros ojos de Rhett recorrieron la cara y viajaron hacia los labios de ella. Scarlett bajó los ojos excitada…si le permitía un casto beso, él podría traerle otros lindos presentes con la esperanza de conseguir otro beso. en esta forma los hombres almacenan besos, aunque solo el cielo sabe para qué…Sería tan interesante tener a Rhett Butler sometido a su amor, reconociéndola o rogándole un beso o una sonrisa. Sí, ella se dejaría besar. Pero él no se movió para hacerlo.
– No pretendo yo besarlo al menos.
– Entonces, ¿por qué tiene la boca fruncida tan ridículamente?

Novela Lo que el viento se llevó
Margaret Mitchell

Lichtenstein.EL BESO ADOLESCENTE

El beso lo inventó la rotación de algún planeta. el beso lo inventó algún atrevido protozoario. El beso lo inventó una rana antes del salto. El beso lo inventó un mamut enternecido. El beso lo inventó el calor de las hogueras. El beso lo inventó el yaguar en plena selva. El beso lo inventó el primer cocuyo cuando pujó por alumbrar. El beso lo inventé yo el día inaugural en que rocé tus labios.

Amor de los pupitres
Félix Guerra.

Y como yo no he sido la única que ha pretendido clasificar besos,  Mi Librería les deja un regalito: un poema del Premio Nobel, la chilena Gabriela Mistral:

(FRAGMENTO)

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

…………………………………………………..

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Poema Besos

Alfred Eisenstaedt (fotógrafo) 

Ha quedado extensa esta entrada, pero bien sabe el buen lector que he dejado mil besos regados por los libros y que no caben todos en mi pequeño blog. También las obras plásticas le han dedicado su arte, por eso están ahí. 
Si alguien quería más, le ofrezco  el besito sincero y cariñoso de Mi Librería .
besitos de Mi Librería

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El Conde de Montecristo… ¿existió?

¿Qué es la historia?
Pues un clavo en el que cuelgo mis cuadros.
A. Dumas

Leí  El Conde de Montecristo  cuando era adolescente. Bueno, como casi todo el mundo lector. Desde ese día, esta novela de Alejandro Dumas estuvo en el podio de mis libros favoritos, cosa que la televisión y el cine  se encargaron de consolidar.

Me atrapó con su telaraña de personajes y conflictos, con el misterio del castillo de If, con la soñada isla de Montecristo y aunque muy dentro de mí sabía que la venganza no es la mejor de las opciones, terminé seducida a los pies de Edmundo Dantés.

Ni sospechaba que todo aquel maravilloso mundo narrativo había tenido su génesis  en hechos reales.

En 1807 vivía en París un joven zapatero llamado Francisco Picaud. Este pobre diablo, bien parecido e industrioso, estaba a punto de casarse… Así comienza la historia real, una crónica policial, escrita por un tal Jaobo Peuchet en sus Memorias sacadas de los archivos de la policía de París. Dumas extrajo de ahí un capítulo llamado El Brillante de la venganza… y lo que hizo con él,  quedó en la historia de la literatura universal.

Castillo de If, prisión de Edmundo Dantés

Francisco Picaud fue víctima de una broma de sus amigos durante unos carnavales, lo que le impidió la boda y lo hizo ir a la cárcel, donde estuvo durante siete años. Allí un prelado italiano, moribundo legó sus bienes y en particular un tesoro escondido en Milán, que Picaud logra encontrar a su salida. Un tal Antonio Allud, de Nines, le cuenta toda la broma de antaño a cambio de un brillante y empieza la venganza. Transformándose físicamente el antiguo zapatero mata a sus ex amigos. Solo al final, el mismo Allud, arrepentido lo asesina  y huye a Inglaterra. En 1828, gravemente enfermo, llama a un cura y detalla lo sucedido, permitiéndole comunicar estos hechos a la justicia, después de su muerte. Y ahí la encontró Dumas.

Alejandro DumasTal como estaba, El Brillante de la venganza era pura tontería. Sin embargo, no era menos cierto que en el interior de la ostra había una perla. Perla informe, perla en bruto, perla sin ningún valor y que esperaba por su lapidario.”
A.Dumas.

Son muchos los puntos de contacto entre la historia real y la extensa novela del francés, pero de aquellas, nadie tuvo el más mínimo recuerdo de su existencia.

Pero cuando Alejandro Dumas puso su mano sobre la perla, le incorporó su imaginación fantástica y empezó a crear magistralmente las miles de situaciones e intrigas que se entretejen en la novela y la convierten en una obra inmortal.

En el prólogo de la edición cubana no se habla nada de esto,  por eso creo que muchos por acá pensarán que todo salió de la poderosa imaginación del autor. De todas formas, nada le quita el mérito a este  maestro de la aventura y el suspense, solo él hizo que llegara a la posteridad. 

Fernando Mondego, Mercedes de Morcef, Villefort, el abate Faría, Danglars, Edmundo Dantés… todos existieron en la vida real con otros nombres, pero nunca fueron tan maravillosos como cuando Alejandro Dumas los convirtió en letra impresa y elevó sus vidas alrededor de la fantástica novela El Conde de Montecristo.

Edmundo Dantés y el abate Faría.

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¿A dónde me lleva ese olor?

Llegaré a París mañana por la noche.
No te laves.
Carta de Napoleón a Josefina.
 
Foto de Melia Milita

Cada vez que entro en un gimnasio me asalta su olor característico. No sé describirlo, pero sé a donde me lleva en la memoria: a las horas de entrenamiento que sudé en ellos cuando era niña.

El olor transporta a momentos vividos en el pasado. A todos nos ha ocurrido esta experiencia. El olfato es el más subjetivo y enigmático de los sentidos: misterioso y excitante, puede sorprendernos donde menos se espera… y entonces, es capaz de abrir una ventana que creíamos cerrada para siempre.

Nunca imaginé que este fenómeno guardara una relación directa con la literatura. Pues sí, la hay. Los psicólogos decidieron llamar a este atributo fisiológico del olfato EFECTO PROUST, en honor a este reconocido escritor francés, Marcel Proust, que recreó una situación olfativa en una de las más conocidas novelas de la literatura contemporánea: En busca del tiempo perdido.

En busca del tiempo perdido. Marcel Proust En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba…la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo… así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té. 

Muchos olores son atrapados en la memoria : a libros viejos, a tierra mojada, a madera, a mar, a pan caliente, a piel de bebé. Sin embargo, no es frecuente encontrar descripciones de olores en la literatura. Creo que es un sentido que tiende a sugerirse, queda para la imaginación del lector, imperceptiblemente le ponemos olor a las situaciones. 

El olor es un sentido para la novela, digo yo. El cuento, en su afán de síntesis, apenas lo sugiere. Creo que quienes más caso le hacen son los poetas. ¿Quién no se ha leído a estas alturas El Perfume de Patrick Süskind?  Otra estremecedora novela que recurre muchísimo a descripciones olfativas es Los Desnudos y los muertos, de Norman Mailer.  

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Andaban afanosamente unos pocos metros y se paraban. En la oscuridad, ni la distancia ni el tiempo tenían sentido. Ya no tenían calor; se estremecían y temblaban en la noche húmeda y todo a su alrededor  estaba empapado y hecho papilla; hedían pero no ya con olores animales; sus ropas estaban endurecidas con la basura del barro de la selva, y un olor frío, pútrido y húmedo, algo entre hojas marchitas y excrementos, les llenaba las narices. Sólo sabían que debían continuar avanzando, y marcaban el tiempo con las contracciones de la náusea. 

 

 A diferencia de los animales, los hombres confiamos más en lo que leemos, en lo que vemos, en lo que tocamos y no en los aromas que nos rodean. Pero sabemos del efecto seductor de los olores, de su carácter personal, inconfundible, tan exclusivo como las huellas dactilares. Entonces, ¿valdría la pena prestarle más atención? 

Y mañana, cuando les falte el canto de la alondra,
o el perfume de la rosa
se acordarán que hubo una flor
y que hubo un pájaro.

Poema CXIV
Dulce María Loynaz

Película El perfume

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