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El mar, ese cautivador que nos rodea.

Agarré mi mochila y seguí caminando por la playa,
con los pies dentro del agua. Era muy agradable
y no tenía rumbo ni horarios.
Solo quería caminar y alejarme.

Pedro Juan Gutiérrez
Carne de perro.

Amanecer en la playa de Varadero

El mar no sacia nunca. Su poderosa seducción vuelve ambicioso al que lo mira, trastorna sentidos y provoca. Por eso y por muchísimo más, el hombre lo ha convertido en protagonista de sus días y de su literatura.

Quería proponer un recorrido breve en busca del mar en los libros, concretamente de la playa, esa inquietante línea costera de la que vivimos pendientes los de aquí, pero me perdí en un océano que no puedo abarcar en pocas palabras: el mar es tema recurrente en todos los tiempos, en todos los lugares y no quiero convertir este post en un frío listado de títulos.

Siempre he querido transmitir la impresión asombrosa que me provoca la playa, el sencillo acto de atraer un puñado de arena y maravillarme con la infinita variedad de diminutos caracoles en la palma de mi mano. Pero ni sé pintar como Sorolla, ni soy escritora. Entonces decidí traer fragmentos de una bellísima descripción que leí hace años en la novela El Siglo de las Luces, del cubano Alejo Carpentier. Él sabe usar el lenguaje en su justa medida. Carpentier encontró palabras para lo que yo solo tengo ojos y con la genialidad de hombre culto escribió:

… la esbeltez catedralicia de ciertos caracoles que por sus piñones y agujas, solo podían verse como creaciones góticas…
… en este prodigioso Mar de las Islas, hasta los guijarros del Océano tenían estilo y duende…
… Echado sobre una arena tan leve que el menor insecto dibujaba en ella la huella de sus pasos, Esteban, desnudo, solo en el mundo… asombrándose ante aquella Ciencia de las Formas desplegada durante tantísimo tiempo frente a una humanidad aún sin ojos para pensarla…
… abismábase en la contemplación de un caracol -de uno solo- erguido como monumento que le tapara el horizonte…
… arquitecturas cónicas de una maravillosa precisión, equilibrios de volúmenes, arabescos tangibles que intuían todos los barroquismos por venir.
Mirar un caracol. Uno solo. Tedéum.

Mis caracoles

Así pasé yo estos días en Varadero: amaneciendo en la playa, porque a esa hora es toda para mí. A media mañana ya llegan los demás, el bullicio, los juegos, las risas… pero nada como ese abandonarse en la ingravidez de sus mareas, con los pies metidos en la levísima ola orillera, con el susurro cómplice que llevan y traen. Estar cerca del mar es privilegio, adentrarse en él y dejarse acariciar por el agua, es un regalo de la vida.

Habrá quien prefiera que cuente de lugares, paseos, diversiones. De todo eso hubo, ya pondré unas fotos por aquí para curiosos: una estrella de mar que se dejó retratar, un divertido recorrido en dromedario, un paseo en kayac con pesca incluída y hasta pude ver (que no tocar, con todo respeto) una ranita ¿de las más pequeñas del mundo?   porque se dio una vuelta por el jardín de la casa. Y más.

Pero ya no sé de qué hablar. Creo que mi mente está por la playa todavía… o no sé por dónde.

Estrellita de mar

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Nota al margen

Cuando a Varadero llegué
conocí la felicidad…
Benny Moré

A Varadero me voy...Me voy unos días de vacaciones a la hermosa playa de Varadero, regreso el 1ro. de junio. Así que no me verán por ahí, husmeando blogs amigos… pero cuando regrese, me pongo al día. Prometido.

Aprovecho para avisar que ya está on line el sitio del libro Catauro de seres míticos y legendarios de Cuba, tal como había prometido en la entrada de Los chichiricú: esos güijes fascinantes de la mitología cubana. No dejen de visitarlo, sobre todo para quien guste de leer leyendas. Y les dejé una entradita nueva… para que no me olviden.

¡Nos vemos pronto!

Mi Librería / ADE.

 

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